Los campos de concentración de Castro
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Por los caminos del totalitarismo (VI y final)

Por los caminos del totalitarismo (VI y final)

Raúl Soroa

La burocracia es el taller que retrasa a los demás talleres” – León Trotsky

LA HABANA, Cuba – Noviembre (www.cubanet.org) – Leyendo, hace unos días, algunas informaciones aparecidas en la prensa soviética en los días de la “transparencia”, encontré que el 95% de las noticias, artículos de opinión, informes, testimonios, etc., que aparecían en dichas publicaciones se referían a la corrupción de la burocracia que gobernaba el sistema totalitario.

La curiosidad me llevó a buscar en los periódicos y revistas de la antigua RDA, Bulgaria y Rumania, y encontré que en los días finales del estalinismo la burocracia partidista enfrentaba un fuerte ataque, y menudeaban las denuncias de fraudes, robos y estafas de todo tipo cometidas por la nomenclatura. Conociendo la incidencia de esos mismos fenómenos en nuestro país, parece ser que la corrupción, la ineficiencia, el robo son males endémicos del sistema.

Estamos al corriente de cómo finalizó todo para bien en esos países, y esperamos que la misma o mejor suerte corra el nuestro. Aunque debemos estar preparados para descubrir un día hasta dónde llegó el saqueo, la negligencia criminal y la corrupción en nuestra patria. Para entonces estaremos listos para no darle un segundo aire a esa burocracia que tan bien supo camuflarse en esas naciones y sobrevivir e incluso encabezar los cambios. El totalitarismo no se sustenta, no se asienta en un contenido ideológico, sino en su funcionamiento. Aunque apele a la ideología, su ambición es el poder. Esa clase prefirió metamorfosear a perder sus privilegios. Aquí no dejaremos que se disfracen de demócratas y vivan del fruto de lo robado en estos más de 40 años.

El antiguo alcalde de Moscú, Gavril Popov, por ejemplo, llegó a ser el quinto hombre más rico de Rusia.

Veamos algunos casos de ineficiencia y corrupción aparecidos en la prensa soviética. A finales de los 60, la propia prensa oficial soviética denunciaba el caso de un pozo de gas recién descubierto en Liberia que no se pudo explotar debido a que las autorizaciones de 37 ministerios llegaron tarde, y el gas sufrió una fuga y terminó perdiéndose. También denunciaba que la mitad de los viajes hechos por camiones de transporte lo hacían sin carga, lo cual es un despilfarro inaudito.

El viceministro de Pesca en la era de Brezhnev fue ejecutado por corrupción en 1982. Era el cabecilla de una red ilegal de tráfico de caviar hacia Occidente oculto en latas de arenques. Este burócrata tenía enormes sumas de dinero en Suiza y muchas propiedades repartidas por todo el mundo. Otros cien altos burócratas fueron detenidos en la estafa, una estafa de más de tres millones de rublos. El mismo Brezhnev tenía una piscina olímpica aclimatada en el sótano de su dacha, además de coleccionar coches de lujo. Por eso Nixon, durante una visita oficial a Moscú en 1972, le regaló un Cadillac, que se unió a un garaje completo de Mercedes, Rolls Royce, Sedans, Chevlorets, etc.

Un grupo de funcionarios del ministerio de Finanzas se apropiaron durante 15 años de los salarios de una empresa fantasma de más de mil trabajadores supuestamente localizada en Moscú. La corrupción oficial es la madre del mercado negro. Un mercado negro donde se podía encontrar cualquier producto, eso sí, a precios que sólo podían pagar los burócratas. La mitad de la producción agrícola desaparecía en el corto viaje que hay entre las plantas productivas y los almacenes.

Los privilegios de la familia Honecher, denunciados por la prensa alemana, eran similares a los de cualquier satrapía persa en época de Darío. Todor Yikov, el dictador de Bulgaria, poseía más de cien casas en diferentes lugares del país. Una de ellas, que utilizaba algún que otro invierno, poseía una piscina olímpica, un zoológico con más de 50 especies, un invernadero de plantas de todo el mundo y un equipo médico que permitió, a la caída del sátrapa, convertir el lugar en un centro de rehabilitación para minusválidos.

De las riquezas de Ceaucescu se ha hablado bastante. Su colección de corbatas de marca o confeccionadas especialmente para él hizo época, mientras el pueblo rumano moría de hambre y frío por la aplicación de una política de austeridad que pretendía el pago de la deuda externa.

La burocracia corrupta soviética fue culpable además de la muerte de millones de personas en los kontslager desde que Naftalí Aronovich Frenkel, uno de los jefes más influyentes del complejo de campos de Solovki, propuso el sistema letal de convertir los campos de prisioneros en una institución económica rentable, sistema aprobado por Pagoda, jefe de la KGB. Uno de los medios de enriquecimiento ilícito era el contrabando de los recursos destinados a los presos. Se vendían en el mercado negro las magras raciones de los cautivos, la ropa, el jabón, el carbón. El comercio con estos recursos permitió a los jefes de los Lager llevar una vida opulenta, con excentricidades propias del oriente.

Por cierto, el sistema de Frenkel es el que se aplicó en la UMAP de Castro. Por suerte, digamos, sin el clima de Liberia, pero con igual destino y con similar resultado en cuanto a corrupción. Una de las razones del cierre de los konstlager castristas no fue el respeto por los derechos humanos ni la denuncia internacional. Fue el escandaloso enriquecimiento de algunos jefes con los recursos destinados a los campos. Y todos sabemos que nuestro tiburón salpica, pero siempre de su mano, bajo su estricto control. Como bien decía aquel humorista cubano en un popular programa de TV: “Que nadie toque nada, yo solo puedo tocar”.

En Cuba los casos conocidos de corrupción de la nomenclatura son nada más que la punta del iceberg. El destape de este fenómeno develará no pocas sorpresas.

Los privilegios de la burocracia cubana son famosos. Los escándalos protagonizados por los hijos de papá eran la comidilla de los corrillos escolares allá por los 70 y 80. Recuerdo, por los años 70, a la esposa de uno de los más conspicuos comisarios cubanos, que se jactaba entre sus amistades de que cambiaba todos los años el decorado de su casa, muebles incluidos. Uno de los heroicos comandantes mandó a sus hijos a estudiar a Austria y su hija mayor pasó su luna de miel esquiando en Suiza. A su arribo a La Habana le esperaba a la niña un bello chalet como regalo de bodas.

Todo eso mientras con un cinismo que no conoce límites, se llamaba y se llama al pueblo a resistir, a mantener una austeridad de esenios, a morir de hambre y miseria en nombre de una ideología en la que ni ellos creen.

Los invito a preguntar dónde están los hijos de papá hoy, dónde se encuentran los hijos y nietos de los generales, de los grandes burócratas de la nomenclatura. Búsquenlos en las mejores universidades del mundo, trabajando, adiestrándose en conocidas empresas capitalistas, preparándose para seguir siendo la clase dirigente del país, pase lo que pase. Mientras, sus papás esconden lo robado en bancos suizos y esperan.

La corriente de la democratización barrió para siempre
el poder del totalitarismo en Europa. Igual suerte le espera a nuestros burócratas. El proceso de adecentamiento de nuestra sociedad será difícil, pues la pérdida de valores ha sido profunda y radical, pero tenemos fe en las reservas cívicas y morales de nuestro pueblo.

Por los caminos del totalitarismo (I)

Por los caminos del totalitarismo (II)

Por los caminos del totalitarismo (III)

Por los caminos del totalitarismo (IV)

Por los caminos del totalitarismo (V)

Por los caminos del totalitarismo (VI)

http://cubanet.org/CNews/y05/nov05/25a7.htm

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