Los campos de concentración de Castro
We run various sites in defense of human rights and need support to pay for more powerful servers. Thank you.

Encuentro homosexual

Posted on Mon, Dec. 04, 2006

Encuentro homosexual
ALEJANDRO ARMENGOL

La revista Encuentro de la Cultura Cubana dedica su último número al
tema de la literatura homoerótica. Se trata de una importante
contribución a un aspecto de la cultura y la historia cubana que merece
nuevos estudios, pese a la amplia bibliografía aparecida en los últimos
años.

La represión a los homosexuales en Cuba tiene dos características que
con frecuencia se confunden. Una es la más conocida: la persecución al
ciudadano por sus preferencias sexuales.

Con frecuencia se habla de la creación de las Unidades Militares de
Ayuda a la Producción (UMAP) como el mejor ejemplo de la represión
contra los homosexuales. Pero no fue el único. Las condenas a prisión,
las redadas, las vejaciones y las expulsiones se extendieron por un
período que abarca antes y después de la existencia de la UMAP.

La segunda característica es que esta represión no fue –y no es– hacia
todos los homosexuales, sino entre los homosexuales. En este caso, la
fidelidad o vinculación con el régimen fue utilizada como patente de
corso. Así surgieron determinados refugios, sobre todo en los organismos
culturales, como La Casa de las Américas, el ICAIC y el Ballet Nacional.
Se consideraban ”nidos de locas”, pero también sitios vedados.

De esta forma se estableció una dicotomía que despertó odios y
rencillas, los cuales fueron explotados por el régimen. El homosexual
”respetado” ejerció una doble función: su impunidad era a la vez un
privilegio y una burla. Despertaba el desprecio, pero también la envidia
a los ojos del militante de esquina, machista y resentido. Era también
la esperanza o el rechazo para los que compartían con él igual
orientación sexual, pero que eran excluidos por razones políticas.

Para muchos homosexuales, la disyuntiva no fue entre ser ”macho” o ser
”loca”, sino entre ser un revolucionario ”pasivo” o ”activo”. Fue
por ello que la homosexualidad actuó como un intensificador de las
actitudes revolucionarias y contrarrevolucionarias. Muchas veces en la
esfera cultural, a diferencia de lo que ocurría en la educación y el
ejército, la orientación política expresada en la fidelidad absoluta al
responsable del organismo –y no la sexual– fue el criterio definitorio.

Durante los años de persecución declarada, predominaron dos actitudes
ante los homosexuales: la línea dura consideraba que eran depravados, la
vertiente liberal argumentaba que eran enfermos. En ambas, el Estado
asumía la obligación de actuar contra la “anormalidad”.

El cambio vino no por voluntad gubernamental, sino impuesto por las
circunstancias. En la crisis del Mariel, declararse homosexual –fuera
verdad o mentira– equivalía a ser expulsado del país. En ese momento
los homosexuales le ganaron la batalla a Fidel Castro. Hasta entonces el
régimen había intentado ”curarlos” o ”reformarlos”. De ahí en
adelante se declaró vencido.

Al igual que en otros gobiernos totalitarios, la persecución homofóbica
en Cuba tuvo su origen en un objetivo unificador –el afán en acabar con
lo diferente–, pero también fue guiada por esa evaluación machista que
caracteriza al homosexual como un ”enfermito”, alguien fácil de
aniquilar o doblegar.

Resultó todo lo contrario. En cuanto a cifras y alcance, ningún
movimiento opositor ha logrado superar a los homosexuales en su
tenacidad y resistencia. Cientos de presos políticos se acogieron a los
planes de ”reeducación”, miles de desafectos optaron por la prudencia,
millones de inconformes prefirieron callar. Las ”locas”, sin embargo,
demostraron ser incurables e irredimibles.

El alcance de la victoria fue más allá de un triunfo frente a la
revolución. Implicó un cambio en la escala de valores de los cubanos. En
una sociedad tradicionalmente machista, muchos fingieron ”partirse”
con tal de abandonar la isla. Ser ”afeminado” pasó de ser un estigma a
convertirse en un privilegio. A Castro no le quedó más remedio que pactar.

Desvirtuar la razón política de la represión homosexual continúa siendo
el instrumento preferido por el régimen de La Habana, para hacer borrón
y cuenta nueva sobre las causas que llevaron al ostracismo, el
encarcelamiento y la expulsión del país de muchos creadores. A Lezama
Lima y a Virgilio Piñera no se les marginó sólo por ser homosexuales:
esa fue la justificación que aún hoy usan los funcionarios del gobierno
cubano. Se les echó a un lado por su pasividad política, que fue otra
forma de rebeldía. Esta fue la causa principal y no la secundaria.

La diferencia de causas sirve para establecer que la represión
homofóbica no fue siempre indiscriminada sino selectiva, pero los
criterios ideológicos desbordan la dicotomía del clóset sexual y el
clóset político. El carácter homosexual se convirtió en una fuerza tenaz
de oposición. Las implicaciones de este hecho trascienden el proceso
revolucionario.

Dentro de la cultura y la historia cubana, el paradigma opositor siempre
se ha medido con la vara del machismo. Antonio Maceo –el Titán de
Bronce, una exaltación que cierra el camino a cualquier flojera– lo
ejemplifica mejor que cualquier otro héroe. Para el pensamiento
tradicional –revolucionario o contrarrevolucionario–, resultó difícil
de asimilar que la ”loca” fuera más resistente que el “macho”.

Al tiempo que la dureza homosexual impidió su eliminación, en algunos
casos posibilitó ser utilizada. Durante muchos años –en Cuba y en otras
partes del mundo– la sociedad obligó al homosexual al juego de las
apariencias. Algunos lo convirtieron en un arte, otros en un medio para
escalar posiciones. Igual que el homosexualismo rebelde no puede ser
contado por un protagonista único, la escala de los asimilados va del
colaborador al sumiso.

Asumir la identidad, desde el punto de vista de la preferencia sexual,
se convirtió en una causa opositora. Pero no siempre fue necesario
aparentar lo contrario –también desde el punto de vista sexual–, sino
convencer de que se era revolucionario. Dos puntos extremos de una larga
historia, a la que contribuye Encuentro con este número.

aarmengol@herad.com

http://www.miami.com/mld/elnuevo/news/opinion/16156988.htm

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *