Los campos de concentración de Castro
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PARAÍSO DEL PROLETARIADO?(Primera y Segunda Parte)

¿PARAÍSO DEL PROLETARIADO?(Primera y Segunda Parte)
2007-03-30.
Alejandro Tur Valladares, Periodista Independiente, Jagua Press

El sistema comunista esta diseñado de modo tal que toda la sociedad se
pone en función de servir al Estado. Triste aberración pues como
sabemos, en las sociedades democráticas el ente Estatal es siervo, no amo.

Cuando Castro llego al poder junto con él trajo la promesa de instaurar
en la nación el paraíso del proletariado. En vista de ello exigió a los
obreros sacrificar los beneficios heredados de la republica, condición
sine qua non para crear las circunstancias que permitieran alcanzar un
orden de organización laboral superior, capaz de hacernos navegar en un
mar de abundancia y felicidad.

Fue en vista de ello y al calor de las promesas mesiánicas que en el año
1961, el XI congreso de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) acordó
– supongo que ya por aquel entonces, por unanimidad – renunciar a muchos
derechos y beneficios alcanzados por el obrero cubano durante la etapa
republicana. La excusa fue que se necesitaba reducir los costos sociales
del trabajo para lograr las metas señaladas.

Por supuesto que ya Castro se había deshecho de quienes pudieran
importunarle o ponerle piedra a las ruedas del carro revolucionario. Ya
había superado la experiencia del anterior congreso, en el que un grupo
de sindicalistas auténticos lo habían confrontado y, evitado que se
saliera con las suyas. Ese año (1960) había fusilado a los sindicalistas
Guillermo Le Santé, Julio Casiellas y Orlirio Menéndez.

A partir de ese instante quedaba el camino despejado para que el
proyecto totalitario pudiera expandirse por los ámbitos del
sindicalismo. La ahora oficialista CTC se encargaría en lo adelante de
cumplir el rol que los nuevos líderes comunistas le habían asignado; ser
correa de transmisión, baso comunicante de los mandatos del poder. Desde
ese instante se supeditarían todos los derechos y libertades sindicales
a la existencia y fines de la sociedad socialista.

Mucho de los nuevos cuadros fueron enviados a la extinta Unión de
Repúblicas Socialista Soviéticas, allí se les adoctrinaba con la novel
ideología esculpiéndoles en el cerebro la metodología a emplear en el
trabajo. Cuando concluía el adoctrinamiento eran procesados e iniciados
en las filas de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) o del Partido
Comunista de Cuba (PCC), de esta forma la nomenclatura garantizaba la
sumisión total.

Pronto comenzaron los conflictos con la OIT. Desde fecha tan temprana
como 1960 esta organización dejaba traslucir su preocupación, haciéndole
observaciones y señalamientos al estado revolucionario. Tal es así que,
desde 1960 al 2000, solo la Comisión de Expertos en la Aplicación de
Convenios y Recomendaciones (CEACR) había llevado a cabo un total de 191
observaciones, como consecuencia de la violación de acuerdos adoptados
por el Estado cubano con la OIT.

Entre esas violaciones de entonces y de ahora se señalan las acciones
dirigidas contra el sindicalismo independiente expresadas en: Golpizas
contra los activistas, despidos por razones políticas, coacción
(amenazas, detenciones, intercepción y desconexión de llamadas
telefónicas, violación y decomiso de correspondencia), y como opción
extrema el encarcelamiento.

Tratamiento particular merece el capítulo que se refiere a los trabajos
forzosos impuestos contra 38 641 jóvenes allá por los años setenta.
Homosexuales, seminaristas, sacerdotes católicos, pastores protestantes,
adventistas, testigos de Jehová, masones, intelectuales disidentes,
tuvieron que pulgar sus culpas por ser diferentes en los tristemente
celebres campos de las Unidades Militares de Ayuda a la Producción
(UMAP) en los que perecieron, dadas las condiciones infrahumanas en que
se desenvolvían las labores 72 personas.

Ya para el año 1967 el daño era irreparable. El comandante guerrillero
Ernesto Guevara, comenzaba la campaña a favor de lo que el mismo llamó
"estímulo espiritual", negando la valía de la compensación material a la
que tildó de lacra del pasado que debía ser erradicada. Este nuevo
desatino no sólo fracasaría, sino que sumiría a la nación en el abismo
económico.

Desde entonces y hasta la fecha poco ha cambiado. Aun cuando la CTC
aglutina en sus filas a 3 250 000 trabajadores, contenidos en 101 700
Secciones Sindicales, que están insertadas a su vez en 19 sindicatos
nacionales, nada ha hecho por mejorar las condiciones laborales de los
trabajadores y si mucho por apuntalar al Estado. Aunque parezca
increíble todavía se escuchan voces oficiales que prometen la pronta
llegada del paraíso proletario, sólo que debemos seguir sacrificando
nuestras ansias de mejorías presentes para obtener el pase hacia el
futuro soñado.

Cuarenta y siete años sin embargo no han sido suficientes para acallar
las voces de los nuevos heraldos del sindicalismo cubano. Durante la
primavera del 2003 un número significativos de ellos fueron apresados y
encarcelados; sin embargo la labor no ha sido interrumpida. Desde la
prisión unos, o desde sus hogares y talleres otros, bajo el escarnio y
el vituperio, continúan tozudamente defendiendo al obrero, hoy más que
nunca desamparado.

***********

Largo ha sido el camino recorrido por el proletariado nacional en su
lucha por alcanzar vindicaciones que hagan más llevaderas sus vidas. Los
cubanos nunca hemos sido segundos de nadie a la hora de reclamar
beneficios laborales, por lo que desde fechas tan temprana como
principio del siglo veinte, ya existía a lo largo y ancho de todo el
país una saludable estructura sindical, capaz de lidiar con los más
importantes contratistas del patio.

Verdad de perogrullo es que en el año 1917 los sindicatos cubanos ya
integraban el grupo de ochos naciones que habían redactado la
constitución de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que en
actualidad aglutina a la mayoría de los sindicatos del mundo.

Un ejemplo de cuan exitosa llegó a ser la puja del obrero por arrancarle
concesiones al patrono, lo podemos apreciar en el texto de la
constitución cubana de 1940, cuyas páginas contienen sendos capítulos
tendientes a dotar a los asalariados de múltiples facilidades con las
que los homólogos de otras latitudes siquiera se atrevían a soñar. El
derecho a la huelga, al boicot, al salario mínimo y la jornada máxima, a
pensiones, al seguro social, al descanso retribuido, al derecho de
sindicalización, a la contratación colectiva, son algunos de los logros
recogidos dentro de la ley de leyes.

Contrario a lo que sucedía con los jornaleros Europeos que no
encontraban eco a sus exigencias – hecho que los movía a la rebelión
violenta – el nativo podía evacuar sus inquietudes por medio de
conductos institucionales que, aunque imperfectos, no dejaban de ser
funcionales y cumplían a cabalidad el rol asignado a ellos por la joven
República.

Medidas extremas como la huelga general iniciada el 4 de agosto de 1927,
apoyada en sus inicios por La Confederación Nacional Obrera de Cuba
(CNOC), tenía un trasfondo más político que laboral. El sector obrero,
por estar bien organizado, solía ser utilizado frecuentemente por
auténticos justiciero o demagogos con la finalidad de lograr
particulares propósitos.

Es falsa la afirmación repetida hasta la saciedad por el régimen
castrista, de que la revolución cubana tuvo un carácter netamente
clasista y que los abanderados de esta lucha fueron los obreros y los
campesinos. Tan leve era la insatisfacción en estos ámbitos, que no se
conoce un solo hecho de violencia o insubordinación seria, provocado por
ellos. La revolución armada que derrocó al dictador Batista contó con la
participación de todos los estratos sociales, sin que se le pueda
atribuir un papel preponderante a ninguno de ellos, todos unidos por un
ideal común, la restitución de la constitución del cuarenta.

A quienes no compartan esta aseveración, les insto a que revisen los
documentos históricos emitidos con anterioridad al ascenso del caudillo
al poder; podrán comprobar que no existen indicios que nos señalen un
interés denodado por parte del hombre fuerte, hacia los trabajadores o
los problemas que los afectaban.

No obstante tras su victoria militar, volcó todas sus dotes histriónicas
en pos de congraciarse con los trabajadores. Entre las promesas más
comunes por aquella época podemos encontrar la que señalaba que en un
corto periodo de tiempo nuestros ciudadanos contarían con niveles de
vida superiores al de EE.UU., que se pondría fin al desempleo, que se le
entregaría a cada productor una casa y un teléfono, que contarían con
absoluta libertad sindical, en fin que este sería el paraíso de los
proletarios.

Al final sabemos en que derivó todo aquello. La pérdida de libertades
fundamentales y esenciales, el pago de salarios de miseria, la violación
de los contratos laborales , la discriminación por razones de raza o
política, la falta de recursos, el ejercicio del empleo en condiciones
insalubres o de peligrosidad, son tan sólo algunos de los aspectos que
hoy se destacan.

Dentro de unos días se celebrará el primero de mayo. Ya se habla de
desfiles a celebrar en el país, todos ellos preparados y dirigidos por
el ente empleador, el Estado. Veremos marchar decenas de miles de
compatriotas con banderitas en lo alto, coreando consignas vacías y
diciendo ante las cámaras de televisión, desde Cuba y para el mundo, que
aquí, el paraíso proletario ya fue alcanzado.

http://www.miscelaneasdecuba.net/web/article.asp?artID=9581

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