Los campos de concentración de Castro
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Entre el espanto y la ternura

Entre el espanto y la ternura

Juan Antonio Madrazo Luna

LA HABANA, Cuba, junio (www.cubanet.org) – Mariela Castro Espín se
levanta en estos días como adalid gubernamental por la tolerancia hacia
la diversidad sexual y, la lucha contra la homofobia. Un trabajo que
desarrollan en silencio y, desde hace muchos años mujeres y hombres,
homosexuales y heterosexuales. Pero, que en estos tiempos de cambio
alcanzan justa dimensión.

La homofobia en Cuba es sinónimo de violencia, humillación y
discriminación, de exclusión e intolerancia. Es un poder marginador que
atenta contra la dignidad humana. Su registro en la sociedad cubana es
muy anterior al sismo de 1959.

La republica heredó sobre el tema una estructura patriarcal de fuerte
tradición cristiana. Con la ideología revolucionaria se desarrolla un
nacionalismo excluyente. La moderna inquisición se orientó a la
intolerante doctrina socialista, donde una de las claves es la homofobia.

Institucionalizada por decreto, la homofobia va a sus manifestaciones
más agresivas y extremas. La represión comienza a tomar fuerza a partir
de considerar a la homosexualidad como delito, herencia de la podrida
mentalidad republicana, sólo reeducable mediante el trabajo político,
ideológico y productivo.

Como primera medida de control social, se crean en el año 1965 las
Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP). A estos campos de
concentración, fueron enviados religiosos, homosexuales y miembros de
movimientos sociales los que su rebeldía no les permitía ajustarse al
nuevo orden.

Los homosexuales comienzan a ser clasificados como escorias humanas. Se
violenta su integridad física, sicológica y social. La UMAP desarrolla
su política "sanitaria",
higienizando la sociedad. Se pretendía lograr al hombre nuevo, como
soporte decisivo para establecer la nueva ciudadanía revolucionaria.

En 1971 se celebra en La Habana el Congreso de Educación y Cultura,
organizado por José Ramón Fernández y Armando Hart (hoy Vicepresidente
del Consejo de Estado y Director del Programa Martiano, respectivamente)
y presidido por Fidel Castro. En su declaración de principios, asumen
una postura ideológica discriminatoria, certifican a la homosexualidad
como una patología social alineada al diversionismo ideológico.

La homosexualidad como variante de la diversidad sexual, fue
criminalizada, rechazadas y condenada desde el discurso y la practica
oficial. De este evento surgieron medidas como la "parametración",
purgas universitarias, procesos de depuración que dañaron y dejaron
secuelas en el cuerpo cultural de la nación.

Victima de la exclusión y la humillación fueron el coreógrafo y bailarín
Ramiro Guerra, los dramaturgos Abelardo Estorino y Vicente Revuelta, los
escritores Calvert Casey, Virgilio Piñera, José Lezama Lima, Antón
Arrufa y Reinaldo Arenas, el pintor Raúl Martínez, el grupo literario El
Puente y muchos más.

Con el tiempo, algunas víctimas fueron rehabilitadas. Otras, tomaron el
sendero del exilio. Muchos murieron sin recibir las disculpas de las
autoridades.

En 1980, el éxodo de Mariel fue un nuevo pretexto para higienizar la
sociedad y se propuso, estimuló y aplicó el destierro a este grupo
poblacional.

En la década de los ochenta del pasado siglo se continúo el diseño de
mecanismos represivos en torno a la homosexualidad, penalizando el
comportamiento sexual del individuo. Sin embargo, se empezaron a abrir
espacios sociales y de integración.

En los últimos año, se desarrolla una política conciliatoria sobre el
tema desde el CENESEX. Este instituto despliega su labor a favor de la
inclusión y en contra de la discriminación. No obstante, tolerancia es
aún una mala palabra. Un concepto ideológicamente impuro, censurado y
aplastado en la cartografía oficial.

A pesar de los llamamientos por la tolerancia, no se pone en práctica la
disculpa pública. El testimonio del dolor humano continúa silenciado. Se
continúa prohibiendo la socialización de la comunidad homosexual. Los
espacios urbanos donde se concentran están bajo supervisión policial.

Sexualidad e ideología continúan siendo polos enfrentados. Tolerancia y
respeto a la diversidad es una ecuación política, un cálculo matemático
que se debate entre el espanto y la ternura.

http://www.cubanet.org/CNews/y08/junio08/09cronica3.html

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