Los campos de concentración de Castro
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UN CAMBIO EN CUBA SIN VIOLENCIA O VIOLENCIA SIN CAMBIO?

¿UN CAMBIO EN CUBA SIN VIOLENCIA O VIOLENCIA SIN CAMBIO?

"A quien no conocen otro lenguaje que la violencia, hay que hablarles en
su propio idioma"

Winston Churchill

Por Iliana Curra *
Blog de Iliana Curra
Columnista
Miami
Florida
E.U.
La Nueva Cuba
Diciembre 18, 2009

Siempre que escucho hablar de un cambio en Cuba, oigo la siguiente
frase: sin violencia… Y es cuando me pregunto si necesariamente hace
falta que un cambio sea así: sin violencia. Cuando realmente esa
violencia ha sido impuesta por la dictadura de casi ya 51 años. Más de
medio siglo implantando el terrorismo de estado: el fusilamiento, las
torturas físicas y psicológicas, el odio, la división y el miedo. En
fin, una violencia sin límites que acarrea al pánico, la desolación y la
desconfianza a niveles impredecibles.

Cuba, nuestra isla secuestrada por más de medio siglo, es un ejemplo de
la violencia, la represión, el temor a lo que vendría, y es por eso que
la gente siempre quiere un cambio sin violencia.

Esa patria golpeada por tanto tiempo tiene miedo a la continuidad del
abuso, pero a la vez su gente resiste el hambre, la escasez, el
despotismo, la opresión y la tiranía, con tal de no caer en la
violencia. Pero, ¿cuál violencia?

Desde el mismo año en que Cuba cayó en la desgracia del castrismo, ha
habido violencia, nunca se ha hecho nada que no sea al paso del repudio,
los golpes, las bajezas humanas, la destrucción y ese miedo que se lleva
en la sangre, todo por esa misma violencia de un régimen abusivo.

¿Por qué entonces tiene que acabar sin violencia? Sería lo perfecto,
pero ya sabemos que la perfección no existe. No podemos evitar un final
con matices impulsivos, impetuosos…violentos. La violencia engendra
violencia, todo el mundo lo sabe, y Cuba no es la excepción después de
tanto tiempo viviendo en plena violencia, ya sea físicamente o
emocional. Los niños en las escuelas gritan consignas comunistas
obligados por la violencia enardecida de una tiranía que la impone. De
lo contrario, serían castigados ellos y sus padres también.

Los Testigos de Jehová por años han sido maltratados por no saludar la
bandera y negarse al servicio militar obligatorio (o general) como se
llama ahora. Los católicos y los que no han creído en esa cosa que
llaman revolución han sido rechazados, encarcelados en campos de
concentración como la UMAP y maltratados con violencia y ensañamiento.
Nada ha sido positivo para un régimen totalitario que exige por la
fuerza, así que nada puede pedirse para que se termine.
Entonces, ¿por qué sentirnos mal porque el sistema castrista se termine
por la violencia? ¿Cuál es el miedo a la culminación de un régimen por
esa vía? ¿Por qué sentirnos culpables?

No se puede sentir, ni miedo, ni culpa por ello. Preocupación es lo que
debemos tener todos porque la violencia intranquiliza, nos hace sentir
desasosiego, pero no culpa. La única culpa es de esa dictadura que
reprime sin cesar, encarcela, fusila, golpea a los presos políticos, a
los opositores, al pueblo en general

No, claro que no siento culpa por un final desastroso. Muchos
dialogueros han intentado infructuosamente conversar con la tiranía. Eso
es como hablar con sordos. Ya nada tiene que hacerse con un régimen que
no escucha, pero sigue hundiendo al pueblo en la miseria más
espeluznante y apocalíptica de la historia. Nunca Cuba había vivido
peores años, decenas de años continuos en una farsa de revolución donde
se violan todos los derechos humanos del pueblo.

Es por eso que lo que venga, como sea, llevará a la libertad de Cuba,
incluyendo la violencia si fuera necesaria. No he escuchado jamás a un
comunista criticar el fusilamiento de Benito Mussollini, el fundador del
Fascismo, y su amante, Clara Petacci, y que luego los hayan colgado por
los pies para que sirvieran de ejemplo al mundo. ¿Saben por qué? Porque
esa era su violencia, la de los comunistas.

En Cuba tiene que acabar esa dictadura militar que ha robado la infancia
de todos los niños nacidos dentro de ese régimen, los que aún eran niños
cuando llegaron al poder, y luego les robaron su juventud y su madurez
para dejarlos en la miseria humana más espantosa que se haya visto, en
el desaliento, la frustración, en la falta de incentivo para seguir
viviendo. Eso no se paga con nada, solo con la libertad.

Como dijera alguien en un momento: "Es preferible un final espantoso que
un espanto sin fin". La historia dirá la última palabra. Al menos, es mi
opinión.

* Iliana Curra es ex prisionera política cubana.
LA NUEVA CUBA (18 December 2009)
http://www.lanuevacuba.com/archivo2009/Dec/iliana-curra-42.htm

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