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El último año del cardenal Ortega?

¿El último año del cardenal Ortega?
Jueves 09 de Septiembre de 2010 09:49 Michel Suárez, Madrid

Si se cumple el modus operandi del Vaticano sobre la renovación de los
obispos, el cardenal Jaime Ortega Alamino empieza el próximo 18 de
octubre su último año al frente de la Arquidiócesis de La Habana.

Excepcionalmente, la Santa Sede podría prorrogar su mandato, hecho que
sucedió de manera relevante en 1967 cuando Pablo VI no aceptó la
renuncia de Enrique Pérez Serantes, primado de la Isla y titular de
Santiago, que falleció unos meses después de la prórroga.

Según el Código de Derecho Canónico, los obispos están obligados a
dimitir a los 75 años de edad. La carta de renuncia, escrita de su puño
y letra, pone la sede diocesana "a disposición" del Pontífice.

Sin embargo, las decisiones papales han sido variables con respecto a la
jubilación de los grandes horcones del catolicismo cubano de los últimos
50 años.

Adolfo Rodríguez, el recordado arzobispo de Camagüey, gobernó su
diócesis hasta los 78. El enemigo público número uno del castrismo
dentro de la Iglesia, Pedro Meurice (Santiago de Cuba), tuvo sustituto
el mismo día de su cumpleaños 75 y José Siro González (Pinar del Río),
de la misma naturaleza que el santiaguero, a los 76.

El inicio del último año de gobierno de Ortega, más allá de la decisión
que adopte finalmente Benedicto XVI, abre lógicamente una serie de
conjeturas (algunas sin fundamento y otras con conocimiento de causa),
anhelos y movimientos estratégicos dentro y fuera del clero local.

El intenso papel de Ortega en las negociaciones con el régimen de La
Habana, positivas para los presos políticos excarcelados y a la vez
polémicas en diferentes sectores de la sociedad civil, hacen que la
decisión vaticana no sea un trámite ordinario más. Su implicación en el
asunto tiene connotaciones a favor y en contra.

"No creo que el Santo Padre acepte la renuncia de Jaime, porque él es un
hombre joven y sano; un hombre de buenos criterios pastorales. Otra cosa
es que algunos le tengan simpatía a su persona, a su modo de actuar o a
sus decisiones", afirma a DIARIO DE CUBA monseñor José Siro González,
obispo emérito de Pinar del Río.

González, bajo cuyo gobierno la diócesis más occidental del país vivió
un importante resurgir de la sociedad civil, señaló que también hay
hombres a los que el Vaticano les "recuerda" que ha llegado la edad de
renunciar, porque son "muy difíciles".

Roberto Veiga González, editor de la revista Espacio Laical, apunta que
"en el caso de los cardenales se hace habitual que Roma dilate un poco
el retiro".

Imagina, desde un criterio personal, que el Vaticano, la Nunciatura y
"tal vez determinados actores de la Iglesia" local evaluarán el papel de
la Arquidiócesis de La Habana en el "entramado eclesial y nacional, y
las circunstancias del país", para "considerar la necesidad o no de
conservar sus virtudes y experiencias en la gestión de la Iglesia
durante un tiempo mayor".

El activista católico Rigoberto Carceller, que preside en España la
Plataforma Cuba Democracia Ya!, coincide en que la renuncia de Ortega no
será aceptada, porque "aún está fuerte" y protagoniza un "proceso" en el
que es "una persona necesaria para la Iglesia y para la nación".

Además, el suyo "es un cargo que le gusta", añade.

Sin embargo, la opinión cambia entre los firmantes de la polémica
carta-queja enviada por más de 400 disidentes al Papa.

Martha Beatriz Roque, economista independiente, católica y promotora de
la misiva, considera que Ortega Alamino "debe terminar su misión y dar
paso a alguien que empuje el trabajo de la Iglesia en el contexto del
totalitarismo que vive el país".

"Hay que dar paso a personas que piensen en renovar el trabajo de la
Iglesia", dice.

El legado de Su Eminencia

Jaime Ortega Alamino nació en Jagüey Grande, Matanzas, el 18 de octubre
de 1936. Fue ordenado sacerdote en 1964. Su ministerio se interrumpió en
1966 durante ocho meses, cuando fue enviado a las denominadas Unidades
Militares de Apoyo a la Producción (UMAP) en Camagüey, afirma su
biografía oficial.

El 7 de diciembre de 1978 fue designado obispo de Pinar del Río por el
papa Juan Pablo II. En 1981 fue promovido a la Arquidiócesis de La
Habana. El propio Juan Pablo II le nombró cardenal en el consistorio del
26 de noviembre de 1994.

"(Ortega) ha logrado mucho, por ejemplo, en cuanto al nivel
organizacional de la institución eclesial, incluso más allá de los
limites de su diócesis", señala Roberto Veiga González.

El editor de la revista Espacio Laical considera que Ortega ha
conseguido "éxitos significativos" en la presencia de la Iglesia en los
ámbitos culturales y sociales de la capital del país.

"Asimismo, ha influido de manera intensa en la consecución de un diálogo
entre la Iglesia y el Estado, encaminado a conseguir —en la medida de lo
posible— beneficios, tanto para la institución eclesial como para la
población", dice.

Apuestas sucesorias

La Arquidiócesis de San Cristóbal de La Habana es la más importante del
país. Dos de sus titulares han conseguido la birreta roja —Manuel
Arteaga Betancourt y Jaime Ortega—. La Isla se quedó sin cardenal entre
1963 y 1994, pero la repercusión pública del actual podría impulsar, en
teoría, una condición similar para su sucesor.

Católicos y analistas consultados creen que la carrera sucesoria por el
palio habanero ya está en marcha y que, una vez fuera del juego los
pilares históricos, las listas sobre las que se especula carecen del
brillo de antaño.

Las apuestas incluyen a varios prelados en ejercicio y descartan a
sacerdotes sin experiencia episcopal. Uno de los nombres que más suena
es el de Juan de Dios Hernández Ruiz, actual obispo auxiliar de La Habana.

Rigoberto Carceller cree que Hernández Ruiz es un hombre de "gran
capacidad intelectual" y que goza de "respeto en el clero", pero tiene
en su contra su afiliación jesuíta.

"Normalmente un cargo así está reservado para religiosos diocesanos y no
de congregaciones", advierte.

Un conocido de Hernández Ruiz cree, sin embargo, que ése no es un
problema para recibir el palio, porque ya ha sido "liberado
completamente" por la Compañía de Jesús.

Recientemente, algunos exiliados insinuaron que la mejor apuesta sería
la del arzobispo de Camagüey, monseñor Juan García, de una discreción
que, según se presume, "emana de sus pocas simpatías con el régimen".

También ha sonado en las predicciones el arzobispo de Santiago, Dionisio
García, actual presidente de la Conferencia Episcopal, y el obispo de
Holguín, Emilio Aranguren, un hombre al que le resultaría placentero ser
la cabeza visible del episcopado nacional.

¿Y el obispo de Matanzas? Pocos dudan de las capacidades de Manuel
Hilario
de Céspedes García Menocal; sin embargo, su pensamiento, cercano
al de Meurice y Siro, podría ser una virtud o un problema, según se vea.

Para Martha Beatriz Roque, el candidato a la Arquidiócesis de La Habana,
"primero que todo, debe ser una persona que cumpla los mandamientos de
Dios en la tierra".

La disidente asegura que la actual jerarquía "está parcializada con el
gobierno", y esto "lo demuestran" las respuestas del Arzobispado y de
Espacio Laical a la carta enviada al Papa.

"Cualquiera que sea políticamente neutral será un buen candidato", apunta.

En el proceso que se avecina una cosa está clara: apuestas y presiones
lanzadas desde fuera de la Iglesia no suelen ser bien atendidas por la
Santa Sede. ¿Se cumplirá la máxima católica que "de Roma viene lo que a
Roma va"?

La terna de candidatos, elaborada por el Nuncio y la Conferencia de
Obispos, y el orden de presentación al Papa, indican que la decisión "se
cocina" antes dentro.

Si el Vaticano acepta la salida de Ortega en 2011, o incluso si le eleva
a un dicasterio en Roma, la carrera de la sucesión está planteada sin un
claro favorito. Al menos eso es lo que se ve desde fuera.

http://www.diariodecuba.net/opinion/58-opinion/3139-iel-ultimo-ano-del-cardenal-ortega.html

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