Los campos de concentración de Castro
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Las cuentas del gran comandante

Publicado el sábado, 10.23.10
Las cuentas del gran comandante
By JOSE A. ZARRALUQUI

Abuenas horas mangas verdes. El compañero comandante Fidel Castro, tras
una temporada en el infierno, al resucitar quiere que se conserven
recuerdos amables de su personita.

Ahora quiere congraciarse con el colectivo gay al que en su momento
ofendió, ridiculizó y humilló; apartó, aplastó y volvió a humillar;
cesanteó, parametró, encarceló y hasta fusiló, siempre menoscabándolo y
siempre, siempre, humillándolo. Y concentró en un universo llamado UMAP.

Ahora dice que no sabe cómo pudo ocurrir semejante injusticia porque él
personalmente no participa de ningún prejuicio antigay. A lo mejor
quiere decir que nunca vetó a homosexuales que eran sus amiguetes del
alma. Los validos siempre quedan al margen –lo mismo en el Tercer Reich
que en todas partes– del bien o del mal y de la UMAP.

“Si alguien es responsable soy yo'', empieza por reconocer, pero a
renglón seguido y por no variar se zafa la culpa. “Es cierto que en
esos momentos no me podía ocupar de ese asunto […] Me encontraba
inmerso, principalmente, en la crisis de octubre, de la guerra, de las
cuestiones políticas […] Piensen cómo eran nuestros días en aquellos
primeros meses de la revolución; la guerra contra los yanquis […] los
planes de atentados contra mi persona…''

¿Primeros meses? ¿Se dignará alguno de sus alabarderos explicarnos qué
es eso de primeros meses? Porque en los primeros meses de la revolución
cubana no tenía Fidel Castro que andar guerreando con los yanquis,
considerando que habían sido los yanquis –el Departamento de Estado y
la CIA– quienes habían desplazado a Batista y lo habían colocado a él
en su lugar. Estos números del compañero desmemoriado en jefe recuerdan
las cuentas del gran capitán.

El gran capitán fue un español de espada fuerte, Gonzalo Fernández de
Córdoba, que tenía el apoyo de la reina Isabel pero al que después el
viudo, Fernando, le pidió cuentas por los enormes gastos durante la
guerra en Nápoles. Y allá explicó el gran capitán que los dineros se
habían ido en convocar a las señoras mayores a misa, en pañales para las
crías, en aguardiente para los hombres, en sopas para los pobres y en
pólvora para los encargados de hacer la ronda. Desde entonces ha quedado
la expresión cuentas del gran capitán para poner en solfa cualquier
contabilidad idiota.

Claro que en tiempos del gran capitán nadie pudo imaginar los
irracionales presupuestos que ordenaría el gran comandante medio milenio
después en la siempre fiel isla de Cuba, hasta arruinarla, ni los
recuentos históricos que hace ahora de su actuación al principio de su
revolución. ¿Así que ocupado en los primeros meses de la revolución con
la crisis de los cohetes como para no enterarse de lo que padecían los
homosexuales en la isla? Oye, que los años son de 12 meses y pasaron los
de 1959, los de 1960, los de 1961 y 10 de los de 1962, en total 46,
antes de llegar a la crisis de octubre. ¿Primeros meses de qué? ¿De un
gobierno al uso, de una dictadura interminable, de vidas humanas
arruinadas, de un desastre? ¿Primeros de qué?

No, y cuando en serio arremetió contra los homosexuales con la creación
de las UMAP –de lo que tampoco admite ahora haberse dado cuenta–
estábamos ya en noviembre de 1965, esto es, ¡83 meses después de subir
del poder! ¿Fueron, 83 meses después, los primeros días en que andaba
todavía a salto de mata, según cuenta, y no tenía ni una casita en la
cual refugiarse del acoso de la CIA, que se la tenía jurada?

l tiempo extra que le ha concedido el compañero demonio en jefe al
comandante en jefe el compañero Fidel lo está utilizando en intentar
mejorar su imagen. Y si bien siempre hay un número considerable de
estúpidos sueltos por ahí, no apuesten a que mucha gente le crea de la
misa la media.

Escritor y periodista cubano.

www.firmaspress.com

http://www.elnuevoherald.com/2010/10/23/824669/jose-a-zarraluqui-las-cuentas.html

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