Los campos de concentración de Castro
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De la UMAP a Nueva York

De la UMAP a Nueva York

Héctor Santiago es no sólo un dramaturgo destacado, sino un defensor de
la libertad.
Armando de Armas / martinoticias.com 31 de marzo de 2011

Puesta en escena de la obra de Héctor Santiago, La diva en la octava casa.

" Se trataba de cambiar la orientación homosexual mediante métodos que
llamaban científicos y que, importados de la URSS, consistían en
inyecciones de insulina y la aplicación de electroshocks".

Nacido en La Habana en 1944, Héctor Santiago ha estado ligado al teatro
de todas las formas y maneras, unas veces como asesor literario,
director y dramaturgo, otras como actor, titiritero, coreógrafo,
bailarín y pintor.

Escribió crítica teatral para La Gaceta de la Unión de Escritores y
Artistas de Cuba y para el periódico Juventud Rebelde. Pero el régimen
militar de la isla ni pudo perdonarle que fuera homosexual y termino por
encerrarlo en los campamentos concentracionarios de la Unidades
Militares de Ayuda a la Producción, UMAP, para más tarde hacerlo víctima
de la espeluznante "parametración'', mecanismo mediante el cual se
dejaba sin trabajo y se condenaba al ostracismos a aquellos que en el
sector artístico, vaya casi todo el sector, fueran homosexuales o lo
parecieran, y más tarde pasó años en prisión por motivos políticos hasta
que en 1979 logró salir de la isla.

Con 100 obras escritas, Santiago tiene nueve publicadas y 10 puestas en
escena en , México, Brasil y Paraguay. Su Premio Letras de
Oro, por Vida y pasión de La Peregrina, sobre Gertrudis Gómez de
Avellaneda, se estrenó en el Teatro Avante de Miami. Por otro lado, el
dramaturgo ha sido acreedor de los Premios ICRA del Instituto Cultural
René Ariza, una tradición en la Colección de la Herencia Cubana de la
Biblioteca Otto Richter de la de Miami.

Con motivo del homosexual dirigido hacia la isla y los intentos
del régimen cubano de vender el país no ya como el paraíso proletario,
sino como el paraíso gay, Armando de Armas entrevistó para MartiNoticias
al dramaturgo Héctor Santiago.

MN. ¿A su entender cuándo descubre el gobierno cubano que el turismo
homosexual puede ser un buen filón monetario?

HS. La dictadura cubana le tiene el ojo echado al comercio sexual
dirigido a la comunidad gay desde que en 1995 un informe de la Cámara de
Comercio de Estados Unidos destacó la solvencia del turismo homosexual y
por ese motivo es que, inmediatamente, empezó en la isla una política de
supuesta apertura, apertura para hacerse con las divisas que es lo que
ellos quieren. Nada de tolerancia les mueve en el asunto.

MN. ¿Qué significó para usted el hecho de haber pasado por la UMAP?

HS. La UMAP fue más terrible de lo que se ha dicho pues se trataba de
cambiar la orientación homosexual mediante métodos que llamaban
científicos y que, importados de la URSS, consistían en inyecciones de
insulina y la aplicación de electroshocks, interactuando con imágenes de
hombres desnudos, por una parte, y con imágenes de mujeres desnudas, por
la otra, de manera que a las imágenes de hombres seguía un castigo, y a
las imágenes de mujeres un premio, el premio de no ser sometido a la
terapia de choque. Se nos aplicaba allí con una mezcla de infantilismo y
perversidad el trato a los perros en el experimento de Iván Petróvich
Pávlov. Un verdadero horror del siglo XX.

MN. ¿Qué tipo de organizaciones son las que promueven en el exterior los
viajes de turismo homosexual a Cuba?

HS. Hay de todo. Pero muchas de las sociedades de homosexuales que
promueven los viajes a Cuba son, además, sociedades de pedófilos que
aprovechan la tolerancia y vista gorda de las autoridades comunistas de
la isla para practicar el comercio sexual con niños. Quiere decir que el
gobierno de la isla promueve un país como se fuera la meca para gente
que por unos míseros dólares pueden abusar de niños y niñas.

MN. ¿Por qué la comunidad gay en Estados Unidos y en Europa no denuncia
esa atrocidad del truismo sexual en Cuba?

HS. Bueno, primero porque la mayoría de esas organizaciones gay son,
además, de izquierda, entre otras razones porque las dictaduras
comunistas, y las dictaduras en general sean del signo que sedan, saben
venderse muy bien. También tenemos que decir que el exilio cubano, por
un problema quizá de prejuicios moralistas, no ha sabido hacer hincapié
en el tema de la discriminación y represión que han sufrido los
homosexuales en Cuba en estos cincuenta años de revolución castrista.

MN. ¿Qué tiempo estuvo en la UMAP?

HS. La UMAP comenzó mucho antes del Ier llamado en 1965: Se habían
comenzado secretamente en los listas de "antisociales" en cada
barrio, se habían depurado de las becas y de la Universidad de La
Habana, y ya desde 1961 se comenzaron las llamadas "recogidas" -Tuve el
honor de caer con Virgilio Piñera en las "Tres P" -Prostitutas,
Pederastas, Proxenetas, en el vivac de La Habana en plena adolescencia-,
allí fui fichado e incluido con otros artistas, presos comunes y los
encarcelados en la Galera 16 de los homosexuales en la Prisión del
Príncipe, que formaron el primer contingente. En Esmeralda convivimos
por un mes en un campo mixto, donde los homosexuales estábamos separados
por cercas electrificados de los llamados "normales", después conducido
a Sola, Ciego de Ávila y otros campamentos exclusivamente para
homosexuales, pues te movían de acuerdo a las necesidades de mano de
obra, finalmente por mis rebeldías carené en Malesar y Manatianbo: un
verdadero infierno construido junto a una ciénaga con unos mosquitos que
parecían mariposas y toda clase de infecciones y diarreas. Haría como un
año me llamaron, me metieron en un jeep y carené en La Habana sin
explicación alguna frente a mi casa: tardaría años en saber que en
secreto Nicolás Guillén, Carlos Rafael Rodríguez, Mirta Aguirre y otros
miembros del gobierno tramitaron la libertad de algunos artistas como
José Mario, Jorge Ronet, etc, -lo que aún hasta hoy me hace sentir
culpable por todos mis infelices compañeros que no tuvieron quién
intercediera por ellos y encontraron el suicidio, la locura y extinguir
sus supuestos 3 años -seguidos por mas recogidas, depuraciones en
trabajos, Ley de la Vagancia y la Parametración de los creadores en los
70-.

MN. ¿Tiene una novela inédita acerca de los campos concentracionarios de
la UMAP? ¿Por qué no la ha publicado?

HS. Tengo 2 novelas acerca de la UMAP y una obra teatral publicada pero
no estrenada, todas rechazadas por las casas editoras -inclusive una que
publica a exiliados-, siempre me pregunto sin son muy malas, pero
después me digo que el lector sería quién lo decide. Hace dos semanas me
volvieron a rechazar una. Es un proceso que cansa, ya no me molesta,
pero siempre te pone en duda tu calidad, y un poco el interés por una
temática conflictiva, dura, que cuestiona la complicidad de todo un país
para con una de sus minorías, el cerco de silencio en torno a la
temática del exilio y aun en ese exilio cuestionamientos moralistas, que
sólo sirven para el olvido que el Régimen tiende sobre su llamado
"errores del pasado". No me he pagado mis ediciones por muchas
consideraciones -además de que viniendo de Cuba siempre deseé vivir y
emplear mi dinero en hacerlo, en vez de editarme-, la necesidad de una
buena distribución más allá de Miami para hacer mi voz más universal y
un editor de mi confianza, pero ahora veo que es el insoslayable destino
de los escritores en el exilio: o te pagas o te callas. Y quizás llegó
el momento de reconsiderarlo -Tengo puesto mis ojos en Editorial
Silueta. Lo que está haciendo Rodolfo Martínez Sotomayor se merece el
Premio Lezama Lima de las editoras en el exilio-. Pero con una obra tan
vasta quizás le deje el paquete a mi muerte a Luis y José y que la
posteridad juzgue si valió la pena más de 60 años dedicados a la
creación, 50 luchando por la libertad de Cuba, 30 por dejar la memoria
del exilio, y 66 diciendo: ¡Aquí estoy, esto es lo que soy: o me toman o
me dejan!

MN. ¿Qué significa el teatro para usted?

HS. En ese sentido sostengo lo que ya dije al ser acreedor de los
Premios ICRA del Instituto Cultural René Ariza: El teatro ha sido mi
vida, y a nadie deben premiarlo por vivir.

MN. ¿Qué significa Nueva York?

HS. Nueva York es mi presente que hace de Cuba mi memoria. Es una ciudad
dura, indolente, difícil para el triunfo -y muy dura en el mundo
cultural con los exiliados cubanos a los que nos niega un espacio-, que
es para mi lo que fue el París de los 40-60 para Picasso, Hemingway,
Stravinsky, Cortazar, etc., creatividad, inspiración, renovación porque
nunca se detiene, y para quien vino de una dictadura que te vigilaba
desde el alma hasta los pies, la más total libertad y respeto para tu
individualidad -a veces rayando en la indiferencia, pero eso me gusta-,
caminarla sin que te señalen es siempre encontrar personajes, historias,
barrios distintos, diferentes países sin coger un avión -se hablan cerca
de 80 idiomas-, costumbres, modas y sazones que nunca hubiera conocido,
eso me ha hecho un hombre universal. Pero a la vez me ha hecho
encontrarme con mis raíces cubanas con una profundidad que no hubiera
logrado ni en Cuba: sin nacionalismos, orgullos vanos, ni falsas
superioridades. Yo sé de dónde vengo, el poder de mi cultura y eso ha
creado a estas alturas un ajiaco cultural muy interesante. Sigo
escribiendo con el ojo cubano, ahora terminé mi ultima novela sobre la
comunidad rusa en Coney Island y su similitud con Miami: la construcción
en el de un enclave con lengua propia, la música rusa, me
encontré con Tchaikovsky que es uno de sus personajes, disfruto en
restaurantes rusos, y he conocido nonagenarios miembros de la corte
rusa, y desterrados del GULAG, a la vez que cruzo el Hudson para comer
negros en Nueva Jersey.

http://www.martinoticias.com/noticias/cuba/De-la-UMAP-a-Nueva-York-119024964.html

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