Los campos de concentración de Castro
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La Des-Fidelización de Cuba

La Des-Fidelización de Cuba
Heinz Dieterich
Martes, 20 de septiembre de 2011

En septiembre del 2010, Fidel dijo públicamente a un periodista gringo,
lo que debía haberse planteado años antes en la isla: "El modelo cubano
ya no funciona ni para nosotros"

1. Post-Fidel, post-Mao, post-Stalin

La política de "reforma y apertura" de Raúl Castro significa en muchos
aspectos la ruptura con el modelo de la Revolución Cubana, creado por
Fidel. Se trata de una transición semejante a la que ocurrió en la URSS
después de la muerte de Stalin y en después de la muerte de Mao.
Conlleva el mismo peligro de involución capitalista y la misma fuerza de
inevitabilidad, porque la ley evolutiva de la sociedad humana la impone:
el eclipse del mito fundador inicia la dispersión de sus seguidores. La
fuerza gravitacional de esta ley atrapa por igual a divinos (Jesús,
Mohammed) y seculares (Marx, Stalin, Mao).

2. Fidel implantó el modelo soviético

El modelo de dominación revolucionaria implantado en Cuba por Fidel fue
el modelo de Stalin. En lo económico se trataba del modo de producción
soviético, un modo de producción sui generis no-capitalista. En lo
político, la superestructura descansaba sobre la dominación monolítica
del Partido Comunista que bloqueaba todo vestigio de democracia
participativa y esfera pública autónoma. El carácter de clase de este
modelo, que se desviaba en ambas características cualitativamente del
Proyecto Histórico de Marx y Engels, nunca fue discutido científicamente
en la opinión pública cubana.

3. El discurso fidelista

"La Revolución cubana es más fidelista que socialista", solían comentar
orgullosamente los compañeros cubanos, abstrayendo de la configuración
objetiva y auto-evidente del proyecto. No era "stalinista" en el sentido
habitual del término, porque no ejercía el terrorismo como razón de
Estado. Pero sí, era copia política-económica fiel del modelo soviético.
Por eso, Fidel nunca ha hecho una crítica seria al stalinismo en la
URSS, ni siquiera cuando colapsó dramáticamente. Optó por el discurso
oficial, de que el experimento cubano era una innovación socialista sui
generis no encontrable en otras latitudes. Del alto precio —en
conciencia política, canonización del marxismo, mediocridad de las
ciencias sociales cubanas y chovinismo infundado de tanto funcionario
stalinista— que tuvo tal decisión, probablemente lo absolverán las
circunstancias históricas bajo las cuales tuvo que luchar. Hoy día, sin
, esos lastres se encuentran entre los más altos peligros para la
sobrevivencia de la Revolución.

4. ¿Fidel inició la desfidelización?

Posiblemente sin querer, Fidel inició la transición post-soviética en su
famoso discurso de la de La Habana (2005). Cuando dijo, por
ejemplo, que los directores de las empresas estatales trabajaban sin
disciplina, abrió la caja de la pandora. Si analizamos ese enunciado (y
otros) con el método crítico del amigo Noam Chomsky, que consiste en
desenvolver las implicaciones y contradicciones internas de una
proposición, queda claro que Fidel hizo objetivamente un juicio severo
al Partido y a sí mismo. Porque era el Partido Comunista que nombraba a
los directores y el máximo responsable del PCC era él.

5. Fidel y la evolución post-soviética

El discurso de Fidel demostraba a las claras que el modelo
soviético-cubano estaba estructuralmente agotado. Esto implicaba para
las fuerzas internacionales de solidaridad que ayudaran a buscar
alternativas. La alternativa estructural era, por supuesto, el paradigma
del Socialismo científico y democrático del Siglo 21. El rechazo de
Fidel a esa solución lo sostenía en el argumento de que el S21 era
"comunismo" y que, por lo tanto, no podía construirse en las condiciones
de Cuba. Era un argumento de blindaje al interior del Partido, a mi
juicio objetivamente falso, que prolongó el inmovilismo de la Revolución
ante el colapso del modelo del Socialismo del Siglo 20.

6. El stalinismo ante la desfidelización

Manuel Becerra, director del célebre diario mexicano "Uno más Uno",
prohibía que en el periódico se atacara a la Revolución Cubana,
Sandinista o Salvadoreña. "No se agrede a una Revolución bajo asedio",
solía decir. Siendo columnista del diario, coincidí plenamente con esta
norma y la sigo sosteniendo hasta el día de hoy, mientras una
Revolución no recurre al terrorismo de Estado. Por congruencia ética y
para no violar mi compromiso de solidaridad con la Revolución Cubana,
consulté entonces con algunos amigos líderes de la Revolución, si les
parecía legítimo analizar públicamente las profundas implicaciones del
discurso de Fidel. Su respuesta fue afirmativa. Al publicar el análisis
en mi obra Cuba después de Fidel, los plumíferos stalinistas del nivel
medio del Partido —cuyo delgado barniz de "Hombre Nuevo" se desvanece
ante cualquier intento de debate serio— desataron la furia de sus
insultos públicos. En posterior visita a Cuba, un ministro me dijo que
no los tomara en cuenta; que un ochenta por ciento de los líderes
estaban de acuerdo con mi análisis. Y, efectivamente, después de una
gestión a alto nivel se paró a la jauría.

7. Ser Fidelista hoy

Pero, las cosas caen por su propio peso y la verdad es sólo cuestión de
tiempo. En septiembre del 2010, Fidel dijo públicamente a un periodista
gringo, lo que debía haberse planteado años antes en la isla: "El
modelo cubano ya no funciona ni para nosotros". Le tocó entonces a Raúl
tratar de salvar el barco que sigue en peligro de hundirse. Fidel ha
cumplido su misión revolucionaria con logros heroicos y casi
sobrehumanos en defensa, educación, y biotecnología. Rendirle
homenaje hoy, significa ayudarle a Raúl en la transición evolutiva con
la cual trata de salvar a la Revolución.

8. Dos frentes de des-fidelización de Raúl

Los dos frentes de des-fidelización del modelo son la introducción de la
economía de mercado, con la esperanza de su posible control por el
Estado, y la crítica situación del Partido. El trabajo por cuenta propia
crea una pequeña burguesía en Cuba, revierte la política del "periodo
gris" y atenta contra la advertencia de Lenin, de que la pequeña
burguesía es el enemigo más peligroso del socialismo. Es obvio, sin
embargo, que Raúl en este momento no tiene otra alternativa económica
que la que trata de instrumentar.

En cuanto a la crítica pública al Partido, nadie ha sido más severo que
Raúl. Es un acierto y una necesidad política de vida o muerte, porque el
tabú de criticar al Partido monolítico –que es parte esencial del modelo
de Stalin– generó el caldo de cultivo para la multiplicación de
oportunistas y stalinistas dentro de lo que debía ser el demiurgo de la
nueva sociedad. La demanda de Mariela Castro (hija de Raúl) de
investigar eventuales hechos de discriminación sexual en las históricas
Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP) y el llamado
Quinquenio Gris, abrirá otro frente de crítica al modelo del pasado.

9. El peligro de la Des-Fidelización

La des-fidelización en Cuba implica el peligro de un vacío ideológico
que en la Unión Soviética fue factor fundamental de su destrucción por
el imperialismo. Cuando Chruchev reveló los crímenes del terrorismo de
Estado de Stalin (1956), destruyó el mito fundador de la Unión Soviética
que le daba la necesaria legitimidad, identidad y cohesión ideológica.
Pero, el Partido Comunista de la URSS nunca supo sustituir ese centro de
gravitación ideológica del sistema y se volvió presa fácil de las
promesas del inepto Rasputín Gorbachev, del burócrata
contrarrevolucionario Yeltsin y de la decidida intervención ideológica
de Washington.

En la transición china las fuerzas procapitalistas y Washington trataron
de lograr el mismo efecto, convirtiendo la necesaria transformación del
modelo del Socialismo del Siglo 20 en la destrucción de cualquier forma
de socialismo, mediante la exorcización de la obra entera de Mao. Fue
Deng Hsiao Ping quién paró la satanización del fundador de la China
socialista, afirmando que Mao se había equivocado en un 30 por ciento de
sus obras, pero que en el restante 70 por ciento estaba en lo correcto.
Impidió, de esta manera, la destrucción y satanización del mito fundador.

10. La lección para Cuba

La lección de ambas experiencias para Cuba es clara. Aprender de los
errores del Partido y su liderazgo histórico, evolucionar el modelo de
Stalin hacia el Socialismo científico y democrático del Siglo 21, e
impedir que las fuerzas procapitalistas internas y externas produzcan
las condiciones necesarias para que los Gorbachev y Yeltsin tropicales
tomen el poder. Es una tarea gigantesca, pero en el poder en Cuba está
ahora el único líder que puede lograrlo: el hermano de Fidel.

hdieterich@gmail.com

http://www.analitica.com/va/internacionales/opinion/8515579.asp

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