Los campos de concentración de Castro
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De Casa Marina a Casa Mariela

Política

De Casa Marina a Casa Mariela
Ileana Fuentes
Miami 08-11-2011 – 8:39 am.

Mariela Castro desmiente al Líder Máximo y confirma en Amsterdam lo que
ya se sabe: la prostitución ha vuelto a Cuba de manera masiva. ¿Entonces
qué?

No había nacido todavía cuando su madre, Vilma Espín Guillois
—guerrillera de la Sierra Maestra, heroína del Moncada, virtual Primera
Dama de Cuba hasta su muerte en 2007— y Elena Gil Izquierdo —miembro del
Partido Socialista Popular y colaboradora del Movimiento 26 de Julio
durante la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista—concibieron un
proyecto de educación de mujeres campesinas y de reeducación de
prostitutas. A las campesinas se les capacitó en diversos oficios y
profesiones, de las cuales las más conocidas posteriormente fueron las
que se hicieron maestras, a quienes se les llamó "las makarenko", en
honor al teórico ruso que inspiró dicho plan docente.

En el subprograma para las prostitutas se trató de darle opciones reales
—con parámetros de ingeniería social y disciplina de milicia— a las
trabajadoras del sexo de Pajarito y el barrio de Colón, a las meretrices
de Santiago de Cuba, Camagüey y Pinar del Río, a las guajiritas de
Remanganagua traídas a las capitales de provincia engañadas con el
cuento de "trabajitos de mesera" que terminaban sobre un catre, en la
esclavitud sexual y la deshonra.

En 1961 se recogió a miles de putas en aquella Cuba verde olivo y
barbuda de novatadas revolucionarias, cuando yo tenía apenas 11 años y
estaba a punto de partir al extranjero con 14.000 adolescentes cubanos
más que se trasladaron hacia el norte, lejos y a salvo de la locura. Más
o menos esa cifra —14.000— de prostitutas cubanas fueron trasladadas a
los nuevos centros docentes para cubanas decentes de donde salieron poco
tiempo después reeducadas y transformadas en guagüeras, costureras,
asistentas escolares y directoras de tráfico.

Mariela, la segunda hija del actual presidente de Cuba, Raúl Castro,
nacería el 27 de julio de 1962, ya cerrados los prostíbulos bajo el
falso factum de las 100.000 prostitutas explotadas por la burguesía
esbirra y el imperialismo yanqui. Nunca antes ha sido una estadística
más inflada que ésta. Mariela nunca conoció la Cuba de los bayúes,
aunque se dice que tanto su padre como sus tíos fueron tan putañeros
como cualquier machito de barrio.

Fue en esos días cuando el Comandante en Jefe —su futuro tío— pronunció
aquellas lapidarias palabras sobre la prostitución que según él, jamás
volvería a la Cuba revolucionaria:

"La revolución dignifica a la mujer. A la sociedad capitalista no le
importa ni la moral, ni la dignidad de las mujeres… Si para impulsar un
negocio tienen que prostituir a la mujer, a ellos no les importa…
Sabemos perfectamente que, en nuestro país, decenas de miles de mujeres
tenían que ejercer la prostitución, tenían que trabajar en los
prostíbulos, en los bares, en los casinos, en medio de la peor
vulgaridad comercial. Nuestro turismo era un turismo para la
prostitución. Hoy en Cuba no hay nada de eso ni lo volverá a haber nunca."

Hace apenas cinco años, cuando comenzó a hacer declaraciones públicas
con cierta sensatez, quise darle el "beneficio de la duda" a esta joven
sicóloga lanzada al estrellato por la recién asumida presidencia de Cuba
de su padre. Es necesario ubicar a Mariela Castro en el contexto de una
familia que, a base de dar órdenes y de no sondear opiniones, nunca
desarrolló un verdadero rapport con el pueblo cubano. Nadie en Cuba
jamás vio a los hijos de los Castro. Sí se sabe que crecieron, vivieron
y viven como príncipes herederos de una isla finca —la Sicilia del
Caribe— disfrutando de cuanto lujo burgués existe en el planeta, a
costilla de la libreta de racionamiento impuesta al resto de la
población y la restricción de todas las libertades civiles.

Del primer heredero que se tuvo conocimiento fue de Fidelito,
descendencia única del matrimonio Fidel-Mirta Díaz Balart. Se supo del
joven —y dicen que brillante— físico nuclear luego de que papá lo
tronara por desacuerdos mayores sobre la planta atómica en Juraguá, de
tecnología rusa. La planta en Chernóbil ya había explotado, y en Cuba se
atendía a miles de niños ucranianos achicharrados en la explosión. Cabe
decir que tampoco se conocieron hasta hace una década a los cinco hijos
de Fidel con Dalia Soto del Valle, y mucho menos a la media docena de
hijos e hijas extramatrimoniales, como Alina Fernández Revuelta, a quien
se le conoce a partir de su huida de Cuba y de un libro polémico. (A
Dalia Soto la sacaron del escaparate cuando la campaña del niño Elián
González. Fidel, el Marido Máximo, nunca la dejó ser Primera Dama.)

Algo parecido sucedió con los cuatro hijos de Vilma Espín y Raúl Castro:
Deborah, Mariela, Nilsa y Alejandro. Alejandro —se dice en círculos
cerrados— parece que será el sucesor al trono que ahora ocupa su padre.
Mariela —directora del Centro Nacional de Educación Sexual, CENESEX—
parece que será la nueva Marina. Heredera natural de Haydeé Santamaría
—en lo de proteger a los homosexuales—, ahora parece que Mariela
reivindicará a la matrona más famosa de la Cuba prerrevolucionaria, y
protegerá a las trabajadoras del sexo. En Amsterdam la ha deslumbrado el
Barrio Rojo: la higiene, el orden, lo civilizado y rentable de la cosa.

En este año 2011 en que el Tablero de Ifá —regido por Ogún y co-regido
por Yemayá— la Letra ordenó apartarse de la prostitución, una muy
eurocéntrica Mariela Castro se deslumbra con el bayú holandés y habla de
la prostitución como opción laboral para cualquier mujer, incluyendo las
cubanas.

¿Hacia dónde llevará esta familia Castro a la nación mayormente
afro-descendiente cubana? (Sí, este asunto también tiene lecturas raciales.)

Cuba estuvo en el umbral de ser el primer país del Tercer Mundo en poder
erradicar la prostitución como empleo necesario para sus ciudadanas. El
impulso revolucionario de los años sesenta y setenta en pro de la
educación y capacitación de las mujeres y su ingreso en la fuerza
laboral —sumado a los innumerables logros feministas alcanzados durante
la era republicana entre 1902 y 1958— potenciaron a nuestro país para
convertirse en el primer territorio libre de prostitución de América.

Cincuenta y dos años más tarde, fracasada la ingeniería social y
económica, no por culpa del bloqueo sino por el derroche de recursos
nacionales en las grandiosas aventuras internacionalistas del Comandante
—candil de la calle, oscuridad de la casa, diría mi abuela gallega—,
Cuba está en el umbral de convertirse en Bayú de las Américas: la Nueva
Amsterdam.

De visita en el Barrio Rojo de Amsterdam

Cuando el CENESEX se funda en 1988 —luego de dos décadas de trabajo
incansable de un equipo dirigido por la sexóloga alemana Mónika Krause,
hoy de regreso en su Alemania natal— su visión era verdaderamente
docente e informática, una labor de prevención de promiscuidad precoz,
de embarazos no deseados, de abuso doméstico, de violación, de prácticas
sexuales peligrosas, y de aprendizaje sobre prácticas de sexo seguro, y
sobre todo, de dignificación y autoestima de las adolescentes en un país
donde la titimanía oficial —dirigentes maduros a la caza de muchachitas
de edad preuniversitaria— hacía estragos, desde los pasillos de
cualquier ministerio hasta las escuelas al campo. [1]

A Monika Krause, con su cruzada educativa y de prevención, le llamaron
burlonamente "la Reina del condón". No hubo un funcionario que no
torpedeara su trabajo, en esa Cuba machista y falocéntrica, donde los
hombres insisten en no usar condones porque dicen que "no se siente lo
mismo". A pesar de que mucha gente joven escuchaba su programa radial,
sus sabios consejos caían en oídos sordos, y los abortos como método
anticonceptivo proliferaron durante más de treinta años. Es sabido —y
documentado— que en Cuba se han practicado abortos a adolescentes hasta
de 13 años.

Y un día, Mariela Castro Espín —hija de la entonces presidenta vitalicia
de la Federación de Mujeres Cubanas— se convirtió en directora del
CENESEX. Y el CENESEX le dio un giro a su misión educativa —que era
mayormente para beneficio de las cubanas— y comenzó a abogar por los
derechos de los homosexuales —mayormente de los hombres homosexuales. Y
no de cualquier hombre homosexual, sino de los que aspiran a la
operación de reasignación de sexo. Y Mariela organizó una gran comparsa
con homosexuales disfrazados (de locas de carroza, no faltaba más), como
si la problemática de la homosexualidad fuera principalmente eso. Y
comenzó a divulgarse la noticia de dicho procedimiento, del cual se
hablaba hacía más de 20 años, y se realizara en 2008 en el primero de un
centenar de aspirantes.

(Estrategia número uno para apoyar y ampliar el turismo médico. Si bien
no está listado todavía en cubanhealth.com, o en los servicios médicos
de los centros quirúrgicos cubanos, las operaciones de reasignación de
sexo para extranjeros deben estar discutiéndose y considerándose en este
momento. Si por una lipectomía del vientre con 3 días de hospitalización
se cobra en La Habana 2.340 cucs —moneda convertible cubana— y por el
combo de quitar las arrugas de la cara y el cuello, y recudir el tamaño
de los senos, con 5 días de hospitalización, 3.045 cucs, bien podríamos
proyectar que la delicadísima y complicada ingeniería anatómica —desde
la vaginoplastia hasta diversas cirugías cosméticas tanto faciales como
corporales y otros servicios terapéuticos, con hasta un mes de
hospitalización, bien puede montarse en los 15.000 cucs, o 16.500
dólares estadounidenses.)

Y sucedió que otro día, a Mariela se le ocurrió ir a un congreso de
sexualidad en Amsterdam, y descubrió el Barrio Rojo holandés. Y se
fascinó. "Admiro la forma que (las prostitutas holandesas) han
encontrado para trabajar de una forma digna y de darse a respetar", dijo
en una entrevista en el Centro de Información sobre Prostitución de esa
ciudad. Expresó regocijo por la manera en que se ha "dignificado y hecho
valer el trabajo sexual" en ese país, con derechos para las trabajadoras
del sexo, cuidados de salud y asistencia contra la violencia. Afirmó que
la prostitución "es un trabajo". Dijo más: "La prostitución es una opción".

Muerta de la risa, como si pronunciara la gracia más ocurrente del
mundo, le habló a la directora del centro holandés sobre las mujeres que
en Cuba necesitan arreglar su baño, por ejemplo, pero no tienen dinero
para pagarle a un albañil. "Pues, le pagan con sexo, y eso no quiere
decir que lo vuelvan a hacer, pero resuelven en ese momento". ¡Qué
maravillosa inventiva tienen las cubanas en el imaginario de Mariela
Castro, que dan el b… por arreglar un inodoro, y les parece normal! A
buena cloaca hemos llegado con la sobrina del Comandante. La ausencia en
Granma de reflexiones del compañero Fidel sobre este tema me dice que al
anciano dictador nadie quiere causarle un infarto.

Mariela Castro, según los parámetros revolucionarios, exhibe
características de lo que en Cuba se ha llamado durante décadas
"diversionismo ideológico", delito punible con multas y cárcel. Varias
de sus más recientes declaraciones y estrategias son profundamente
anti-fidelistas, anti-raulistas y contrarrevolucionarias. No solo está
elevando al otrora proscrito hombre gay cubano —lo cual es muy loable—,
sino que amenaza con abrir una investigación sobre los campos de
concentración de las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP)
donde fueron recluidos y atropelladas miles de personas, incluyendo
"desviados sexuales" en los años sesenta, bajo las sádicas orientaciones
de su padre, el actual presidente de Cuba y entonces Ministro de las
Fuerzas Armadas Revolucionarias, Comandante de la Revolución Raúl Castro.

Si eso fuera poco, Castro Espín pone en entredicho —ridiculiza— la
postura moralista del Líder Máximo ante la prostitución y la misión
supuestamente rescatadora y dignificante de su revolución. De los
muchos discursos del Comandante, resalta éste de septiembre 1977, por el
aniversario de los Comités de Defensa de la Revolución:

"Dentro de las zonas de tolerancia y en muchas otras partes, la sociedad
burguesa (hipócritamente) estimulaba la prostitución, con la
discriminación de la mujer, la falta de oportunidad de estudios, y de
empleos, y se hacía grandes negocios con la prostitución. Era uno de los
empleos que la burguesía reservaba a la mujer… el proceso revolucionario
se enfrentó a aquel problema y lo resolvió".

No: el problema no se resolvió. Mariela Castro desmiente al Líder Máximo
y confirma en Amsterdam lo que se sabe —lo que hemos denunciado— hace
más de dos décadas: la prostitución ha vuelto a la Isla, y en
proporciones industriales. Ahora, si seguimos el hilo de sus
comentarios, el trabajo sexual podría institucionalizarse en Cuba a
imagen y semejanza del modelo holandés. El jineterismo se afincará en el
firmamento laboral de las cubanas, y Mariela y su CENESEX se encargarán
de tramitar su legalización, regulación y éxito.

Hay que repetirlo ad nauseam: la prostitución —y su versión cubana, el
jineterismo— es una relación mercantil —la mujer se alquila (cobra), el
hombre arrienda (paga)— que se ejerce por necesidad económica. Lo han
dicho todos los teóricos marxistas, y la mayoría de las teóricas
feministas del mundo. Ninguna niña aspira a ser puta cuando sea grande.
Se opta por serlo cuando otras puertas están cerradas. En Cuba —así
dicen las estadísticas y la literatura—, las puertas de la educación y
el trabajo se abrieron de par en par para las mujeres. ¿Y entonces, cómo
es que Cuba aparece en la lista de "destino de turismo sexual" junto a
Tailandia, Sri Lanka, Kenia, Brasil y Filipinas?

El problema y su "solución"

El problema radica en que una maestra, una enfermera, o una bióloga
cubana lo que gana es el equivalente de 20 o 25 dólares mensuales a lo
sumo, luego de unas 140 horas de trabajo. Por el contrario, una jinetera
puede ganar eso en un par de felaciones —o un par de cuadros con alguna
socia— resueltos en tres horas de esfuerzo, y hasta 150 dólares por
dejarse babosear por algún vejete extranjero con fulas o euros durante
las 48 horas de un fin de semana en Varadero. El socialismo y su prédica
moral fracasaron. Cuba estaba encaminada a ser el primer país del
planeta en desterrar la prostitución de su vida nacional. Pero el
experimento colapsó, y se jodió "el hombre nuevo". En Cuba, siglo XXI,
la vida se resuelve mejor siendo puta, no pediatra.

(Estrategia número dos, para apoyar el turismo sexual a la Isla,
proporcionar válvulas de escape para la indignación de las desempleadas,
y de paso atraer divisas: 30 cucs por bajarse el bajichupa en el salón
de espera (precio de traguitos, aparte); 60 cucs por una mamadita
sencilla; 120 cucs por coito vaginal; 175 cucs por coito anal; 150 por
trabajadora sexual por un ménage à trois con dos mujeres; 200 si el
ménage incluye a un hombre; 500 Cucs si una orgía. Costos adicionales si
el cliente pide un perfil racial específico (las mulatas cuestan más),
si quiere mantequilla, crema chantilly, vulvas achampañadas,
sadomasoquismo, vestimentas de cuero, dar o recibir latigazos, y demás
antojos. Los condones, la toalla limpia, y un cafecito al final, van por
la casa.)

El timing es perfecto: ahora que el Estado cubano anunció que un millón
de obreros estatales irá despedido a la calle, 500.000 de ellos mujeres,
"la calle", para Mariela Castro, representa una posibilidad de empleo
femenino. Imaginemos: el 10% de los ingresos para las trabajadoras
sexuales, el 90% para cubrir los costos operativos de esta empresa del
Estado cubano —emulando a CUBALSE—, con jabita de champú, crema
humectante, cuchillitas de afeitar, un perfumito, pasta de diente, un
jabón de baño, un rollo de papel higiénico, y un paquete de íntimas.
"¡Fidel, no hay rollo: al turista con el bollo!". ¡Elena Gil, Haydée
Santamaría, Celia Sánchez, y la propia Vilma Espín, su madre, se
retuercen en la tumba!

Que no nos coja de sorpresa. A la vuelta de la esquina están las nuevas
licencias de trabajo sexual por cuenta propia. Mariela hará oficial lo
que anuncié —en defensa de las jineteras, no como propuesta laboral— en
una conferencia de ASCE en 1999, para gran escándalo de todos. [2] Se
borrará la prostitución del inciso de peligrosidad pre-delictiva donde
reza como conducta antisocial. Nunca debió considerarse una "conducta
impropia"; pero lo fue y aún lo es. Justo sería que el gobierno cubano
pagara una indemnización a cada jinetera que ha arrestado y perseguido
en los últimos 40 años, a cada muchacha que se ha buscado un extranjero
para emigrar, a cada una que ha contraído una enfermedad por contagio
sexual, jineteando. El gobierno cubano es responsable de sus desgracias,
y de la inocencia perdida e irrecuperable.

Que no nos coja de sorpresa. Se habilitarán varias Zonas Rojas —no será
ni Pajarito ni Colón—, en Tarará, en Siboney o cerca del Habana Libre.
En Playa Larga, cerca de la Ciénaga de Zapata; en Guardalavaca, al
noreste en Holguín; o Cayo Coco, en Camagüey. Se reivindicará a la gran
Marina, la matrona más famosa de Cuba, para gran alegría de los pocos
nonagenarios que quedan en el exilio y en la Isla que alguna vez
frecuentaron el sitio. Esta vez, el famoso álbum de fotos será digital y
a todo color en un sitio Internet: www.casamariela.com.

La sobrina contrarrevolucionaria del Compañero Fidel, luego de llevar a
los tribunales a su propio padre por las atrocidades cometidas en las
UMAP, y asegurarse de que lo condenen a cadena perpetua —o lo indulten y
jubilen en Birán—, implantará el bayú nacional: Casa Mariela, en la
Nueva Amsterdam. Si no fuera por lo macabro de la propuesta, tendríamos
que agradecerle a la joven Castro Espín la desaparición de los
dictadores hermanos.

[1] A los interesados, los refiero al libro Monika y la revolución,
publicado en España en 2005 y A Girl Like Che Guevara (SoHo Press, 2004)
de la autora cubanoamericana Teresa de la Caridad Doval.

[2] De Pajarito a buscoextranjero.com. Trabajo inédito presentado
originalmente en la Conferencia de la Asociación para el Estudio de la
Economía Cubana. Miami, 1999.

http://www.ddcuba.com/cuba/7974-de-casa-marina-casa-mariela

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