Los campos de concentración de Castro
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Cuba, Mariela Castro y las aves perturbadoras

Cuba, Mariela Castro y las aves perturbadoras

Por Martín Guevara

Casi todos los que estaban en las inmediaciones hacían cola para tomarse

un helado en Coppelia. Enormes filas humanas. Las bocas de despacho

donde se veía poca gente de pie eran de venta en dólares y ahí solo se

atendía a extranjeros.

-Párense ahí -gritó uno de los policías mientras descendía raudo del

patrullero por el lado del acompañante.

Mientras el otro apagaba el motor y salía para cortarles el avance a los

dos muchachos, llegó un miliciano algo sofocado por el paso aligerado

señalando a los chicos.

-Sí esos mismos son, esos dos pájaros -mientras el miliciano decía esto

se iba formando un grupo de curiosos, los últimos de la cola, que dada

la distancia tan abrumadora que los separaba de la dependienta que

despachaba los helados, no se hacían demasiado problema en abandonar el

puesto.

¿Qué hacían detrás de esos arbustos, ustedes son gansos? -les inquirió

quien había bajado primero, más a modo de acusación que de pregunta ya

que ni siquiera les permitió responder-. Vamos, monten en el carro,

vamos a la Unidad.

Escenas cotidianas de Coppelia

Uno de los jóvenes obedeció presto la orden y sin chistar entró al

patrullero, el otro comenzó a pedir explicaciones en voz alta de por qué

los detenían. El policía le espetó que se lo llevaban por desviados y

sin mediar otra explicación le aplicó una sonora bofetada en el rostro,

le torció el brazo y lo empujó con la ayuda de la rodilla al lado de su

amigo.

Nadie de los que miraba dijo nada.

Cada tarde cuando caía el sol, se podía ver una escena similar en

Coppelia, algunos estaban dispuestos a purgar sus pecados esperando

horas por sus bolas de helados, otros como los ácratas, rockeros,

friquis y afeminados, que utilizaban la manzana de la heladería como

punto de reunión terminaban purgando en los calabozos.

Unos años antes, entre 1965 y 1968, siguiendo una política del Gobierno,

se enviaba a los homosexuales a campos de trabajo, bajo el precepto de

que el rigor los haría hombres, los callos y las vicisitudes del trabajo

los endurecerían y entrarían en cintura , en al menos uno de los pilares

fundamentales de cualquier hombre como es debido, en su vertiente de

guapo o revolucionario: ser viril; la otra era ser temerario, de esa se

podría dar fe más tarde, en Africa.

Muchos poetas

En mi edificio en el barrio de El Vedado, un vecino ex oficial del

MININT se jactaba de haber dirigido uno de esos destacamentos de

sarazas, según sus palabras animadas por el ron de las tardes sabatinas

y el habitual coro de obsecuentes aduladores, él los ponía al sereno

durante toda la noche, atados a un árbol morada de las pequeñas

hormigas rojas, para sacudirles el amaneramiento.

Había muchos poetas -decía- como Guillén y Lorca.

Este hombre hablaba nada menos que de los tristemente celebres campos de

la UMAP donde llevaron a más de 25000 jóvenes. La idea fue de las FAR,

organismo militar que dirigía entonces y hasta su investidura como

presidente de Cuba, el general Raúl Castro, quien expresó estas palabras

acerca de la utilidad de la UMAP: "Primer grupo de compañeros que han

ido a formar parte de las UMAP se incluyeron algunos jóvenes que no

habían tenido la mejor conducta ante la vida, jóvenes que por la mala

formación e influencia del medio habían tomado una senda equivocada ante

la sociedad y han sido incorporados con el fin de ayudarlos para que

puedan encontrar un camino acertado que les permita incorporarse a la

sociedad plenamente".

Entre esos jóvenes la mayoría eran desertores del ejército por una

limitación religiosa, o no aptos para las FAR por afeminados y

curiosamente hoy del linaje de aquellos mismos homófobos, emerge la

posición representante y defensora de los derechos del movimiento de

gays, lesbianas y transexuales cubanos, como colofón a una obra bufa

con el más macabro y maquiavélico de los humores posibles.

Sin hacer el más mínimo mea culpa, sin haber condenado ni enérgica ni

tibiamente la crueldad de las políticas segregacionistas de sus

antecesores, a la sazón, su propio padre, sin solicitar responsabilidad

alguna, Mariela Castro se eleva como la voz de los excluidos y

represaliados por su elección del objeto sexual.

El viaje de Mariela

Mariela planea presentarse esta semana en una conferencia en San

Francisco, ciudad de luchas por los derechos de la autogestión de la

identidad sexual, y no cabría reparar en el parentesco de la invitada

con los autores de tantas políticas represivas, si hubiese hecho un

esfuerzo por desligarse del círculo de poder de sus progenitores, pero

distante de eso, cuando tuvo recientemente la oportunidad de mostrarse

solidaria con la bloguera Yoani Sánchez, quien sí es un ejemplo de tesón

y perseverancia en la lucha por la libertad, y portadora de un valor

fuera de los usual, la desautorizó públicamente, tratándola con la misma

jerga despectiva y autoritaria con la que sus ascendientes en jerarquía

y sangre suelen insultar a quienes consideran inferiores o amenazantes.

Hoy que a la hija de Raúl se le extiende un visado para visitar la

ciudad de los desviados, de los drogadictos, de los hippies, en el país

de los gusanos y de los imperialistas, no sobraría la sugerencia de que

se manifestase contraria a toda forma de represión y de discriminación

de las personas, por sus creencias, ideas o inclinaciones.

O acaso la dinastía esté pensando en renovarse, y a lo de su reciente

acercamiento a la fe católica, deseen sumar la representatividad de la

contracultura contestataria. Las ventanas de palacio saben abrirse a

tiempo para dejar entrar las fragancias matinales.

Pero al ex oficial del MININT de mi edificio de El Vedado no hay manera

de reciclarlo, ni de devolverles los años y la dignidad a aquellos

muchachos sorprendidos en una caricia por un miliciano y dos policías,

entre las colas interminables de Coopelia para degustar la fresa y el

chocolate de la copa helada en la caída del sol.

* Sobrino del Che Guevara. Vivió como refugiado en Cuba por 15 años y

permaneció en La Habana hasta 1988. Actualmente reside en España y

escribe un libro testimonial sobre su experiencia cubana y el peso del

mito que rodea a su célebre tío guerrillero.

http://cafefuerte.com/opinion/opinion/puntos-de-vista/1861-mariela-castro-y-las-aves-perturbadoras

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