Los campos de concentración de Castro
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La Iglesia: ¿Pragmática u oportunista?

La Iglesia: ¿Pragmática u oportunista?

Miércoles, Junio 6, 2012 | Por Alejandro Tur Valladares

LA HABANA, Cuba, junio, www.cubanet.org -El recelo que muestran ante la

Iglesia Católica hoy los opositores al régimen cubano coincide, en más

de un rasgo y por más de un motivo, con el que sentían hacia esa

institución los cubanos independentistas y los amantes de la libertad,

en 1902, cuando se fundó la República. El bajo perfil del catolicismo en

los albores republicanos estuvo condicionado por el vínculo que había

sostenido el clero con los colonialistas españoles, derrotados en la

guerra hispano-cubana-norteamericana, en 1898.

Sin embargo, las huestes de Roma supieron recuperar lo perdido en un

tiempo relativamente breve. Construyeron decenas de templos, fundaron

nuevas órdenes y escuelas de enseñanza religiosa, e incluso una

universidad católica. El catolicismo salió de los templos y se diseminó

por las calles, de la mano de jóvenes entusiastas agrupados en

asociaciones con un alto protagonismo social.

Un censo efectuado en el año 1956 arrojó que 95% de los cubanos se

consideraba religioso y que la inmensa mayoría se identificaba como

católico. Quedó marcado así un punto de retorno para la prominencia del

catolicismo en nuestra Isla.

Pero con la llegada de 1959 iniciaría un nuevo declive de la popularidad

de la Iglesia, caracterizado por su enfrentamiento con el Estado. La

promoción de la ideología comunista y el acercamiento a la Unión

Soviética -donde el ateísmo había sido implantado a sangre y fuego-

suscitaron la desconfianza de la Iglesia. El resto es una historia conocida.

La tendencia ateísta y totalitaria del castrismo se hizo evidente tan

pronto como comenzó a expropiar escuelas religiosas y a encarcelar, a

fusilar o, en el mejor de los casos, a expulsar del país a creyentes y

hasta a sacerdotes.

Un año después de tomado el poder por Fidel Castro, apenas quedaban aquí

la mitad de los sacerdotes que había en la fecha de su llegada. Y en

1970 el gobierno dispuso el fin de la celebración de la Navidad,

arguyendo que ésta coincidía con el periodo de la zafra azucarera. Poco

antes se constituyeron las UMAP, campos de trabajo forzado en los que

internaban a muchos religiosos y, a manera de castigo, les obligaban a

desempeñar labores agrícolas en condiciones crueles y humillantes.

También es esa la época en que el sistema educacional cubano adopta como

enseñanza obligatoria lo que dieron en llamar "Ateísmo científico", una

suerte de asignatura que descalificaba, denigraba y ridiculizaba la fe

religiosa. El catolicismo, no obstante, lograría sobrevivir en las

catacumbas del ostracismo. Hasta que, en 1985, una nueva realidad

latinoamericana le hizo llegar un soplo de oxigeno.

Fray Beto, conocido teólogo de la doctrina de la Liberación, viene de

visita a Cuba y logra una extensa entrevista de 23 horas con Fidel

Castro, publicada ese mismo año, bajo el título: Fidel y la religión.

Durante la entrevista, Castro se muestra conciliador con la religión, en

un acto de franco oportunismo político.

Evidentemente, el régimen pretendía aprovecharse de los fuertes vínculos

entre la Teología de la liberación y el movimiento subversivo

latinoamericano, promovido en buena medida desde Cuba. Fue también en

fecha cercana cuando Fidel Castro se dejó ver con una Biblia en un

evento público, junto al pastor bautista y entonces candidato a la

presidencia de los Estados Unidos, Jesse Jackson.

Luego, vino la caída del campo socialista europeo, con la consecuente

crisis económica para la Isla, a inicios de los años 90: una auténtica

debacle, generadora de un vacío material, moral y espiritual que la

Iglesia Católica –al igual que otras congregaciones religiosas-

intentaría aprovechar para sus fines.

Los templos volvieron a llenarse después de haber pasado décadas

totalmente desiertos. Y con ello, la Iglesia comienza a recuperar una

influencia social que muchos pensaban había perdido para siempre. Por su

lado, el gobierno, tremendamente debilitado, tomaba nota.

En 1991, se aprobó una resolución para permitir y propiciar que personas

religiosas pudieran afiliarse al partido comunista de Cuba. En 1992, se

elimina de la Constitución toda referencia al ateísmo. Durante este

tiempo se permite el ingreso al país de numerosos misioneros de América

y España. A tenor de la grieta abierta, la Iglesia Católica funda varias

revistas, entre las que destacan, por el tratamiento crítico que dan a

la realidad social, Palabra Nueva y Vitral.

En 1998, las autoridades acuerdan por fin la visita al país del Papa

Juan Pablo II, quien durante su estancia se pronuncia sobre temas

sensibles para la sociedad cubana y hace un llamado al pueblo en general

y a los católicos en particular para que se comprometan a impulsar los

cambios necesarios.

Luego de la visita del Papa nada nuevo ocurrió, como no fuese un nuevo

período de desaliento, y para 1998 se enracen nuevamente las relaciones

Iglesia-Estado.

La promoción de Jaime Ortega como Cardenal de la Iglesia de Cuba, el 26

de noviembre de 1994, fue vista con esperanza por muchos. Al nuevo

cardenal le acompañaba la leyenda de sus años de condena en la UMAP y

muchos pensaron que adoptaría una postura firme frente al gobierno, como

hizo la Iglesia en la Polonia comunista.

Sin embargo, muy pronto las posiciones timoratas y conciliadoras de

Ortega mataron las ilusiones de los soñadores. Antes que confrontar, o

denunciar al menos los excesos del poder, Ortega optó por jugar una

partida en la que el régimen es quien dispone las piezas y regula cada

movimiento.

Muchos creen que el cardenal solo se ha limitado a cumplir las órdenes

que recibe del Vaticano, empeñado en recuperar la antigua posición de la

iglesia cubana. Algunos recuerdan que en cierta ocasión se defendió

apelando a las estadísticas, al decir que aunque en la actualidad 72% de

los cubanos está bautizado, sólo 1% es católico practicante; lo cual

debe interpretarse como que la Iglesia cuenta con poco poder real,

insuficiente en todo caso para darle la batalla a los comunistas.

La reciente visita del Papa Benedicto XVI fue recibida con desgano. La

propia jerarquía católica se encargó de aclarar que su presencia tendría

un carácter exclusivamente evangelizador, y que sus homilías serían

apolíticas. El régimen, por su parte, utilizó la presencia de Benedicto

para intentar limpiar su imagen ante la comunidad mundial. Excepto la

proclamación del feriado para conmemorar el Viernes Santo, ninguno de

los pedidos de la Iglesia fue satisfecho.

En tanto, continúa evidenciandose el alineamiento de la jerarquía

católica cubana con el régimen. Hace poco, alcanzó un clímax de acidez,

cuando, en una importante revista católica, un editorialista arremetió

contra la oposición pacífica (muchos de cuyos miembros son católicos

practicantes), utilizando por momentos el mismo lenguaje utilizado por

los medios de comunicación oficiales.

Si consideramos que en política las percepciones suelen ser tan o más

importantes que la realidad, habría que concluir que el cardenal Jaime

Ortega y la Iglesia Católica están perdiendo el juego en Cuba. Hoy, al

igual que en los inicios de la República, gran parte de nuestro pueblo

piensa que esa institución no tiene autoridad moral, y que el Cardenal

la dirige, ni siquiera como el político pragmático que tal pretende ser,

sino como un verdadero oportunista sin liderazgo.

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