Los campos de concentración de Castro
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Recuerdan la ofensiva revolucionaria de 1968?

Ofensiva Revolucionaria

¿Recuerdan la ofensiva revolucionaria de 1968?

El informe presentado por Fidel Castro contra los pequeños negocios

urbanos constituyó una burda manipulación de la opinión pública

Haroldo Dilla Alfonso, Santo Domingo | 09/07/2012 10:46 am

El 13 de marzo de 1968, Fidel Castro, en uno de sus kilométricos

discursos, anunció al pueblo cubano lo que llamó "la ofensiva

revolucionaria". En realidad no había nada de revolucionario en ella,

sino al contrario, fue una medida esencialmente contrarrevolucionaria

dirigida a eliminar al sector de la pequeña burguesía urbana. Y con ello

eliminar una de las pocas áreas de autonomía social que quedaba en el

país tras la brutal estatización de todo lo que se moviera. Después de

este paso solamente quedó fuera del sector estatal un área limitada de

pequeños campesinos cooperativizados de diferentes maneras, que poseían

el 30 % de la tierra y suplían algo así como el 70 % de los alimentos

agrícolas de la población cubana.

La ofensiva revolucionaria fue un paso más en el control sociopolítico

de la población y en la construcción de un régimen thermidoriano con

aspiraciones totalitarias que se consolidaría finalmente sobre la base

de los subsidios soviéticos. Fue también otro paso en la represión de

todo aquello que parecía extraño a una nueva moral más parecida al

ascetismo plebeyo de los movimientos campesinos medievales que a la

propuesta marxista. Y que se llevó consigo a todo lo que resultaba

diferente de la manera como los nuevos dirigentes percibían la dignidad:

homosexuales, críticos, artistas irreverentes, peludos, religiosos, y,

por supuesto, pequeños propietarios.

Y fue también un arrebato particularmente dañino del sentimiento

anti-urbano, en la misma medida en que consideraban a las ciudades como

viveros de manifestaciones amorales y al mundo rural como el espacio

idóneo para cultivar las nuevas virtudes revolucionarias. Si alguna

duda, lean este breve párrafo de un discurso tan homofóbico como

antiurbano que pronunciara FC en marzo de 1963:

"Muchos de esos vagos… han llevado su libertinaje a extremos de querer

ir a algunos sitios de concurrencia pública a organizar sus shows

feminoides… nuestra sociedad no puede darle cabida a esas

degeneraciones. La sociedad socialista no puede permitir ese tipo de

degeneraciones. Hay unas cuantas teorías, yo no soy científico, no soy

un técnico en esa materia, pero sí observé siempre una cosa: que el

campo no daba ese subproducto. Siempre observé eso, y siempre lo tengo

muy presente".

Y de aquí, obviamente, se derivaron prácticas como las movilizaciones

agrícolas que nos azotaron por décadas, las escuelas al campo y en el

campo que aterrorizaron a las familias hasta hace muy poco tiempo y las

fatídicas UMAP que destruyeron vidas y sueños de miles de cubanos. Todo

un intento de someter a una población caribeña a un status estoico y

monacal del que, lógicamente, la nueva clase política escapaba

reservándose íntimos espacios lúdicos dentro y fuera del país.

En estos días he revisado de nuevo el discurso que anunciaba la ofensiva

revolucionaria. No había vuelto a él desde el día que lo oí, cuando era

un adolescente, hundido en una muchedumbre que llenaba la calle San

Lázaro. Y leerlo me ha servido para reafirmar mi convicción del valor de

la democracia, del debate público y de la prensa independiente. Pues el

informe presentado por Fidel Castro (FC) contra los pequeños negocios

urbanos —en medio de una perorata de varias horas que incluía

observaciones sobre la sequía, la lucha contra el imperialismo y la

victoria de los 10 millones de toneladas de azúcar— constituyó una burda

manipulación de la opinión pública que solo puede hacerse desde un poder

incontestado.

El informe de FC se apoyó en un estudio aplicado sobre 6.452 negocios

privados —friteros incluidos— y a 955 bares que nunca queda claro si se

incluían en la cifra anterior o eran un racimo independiente. Fue

realizado por los militantes del Partido Comunista de cada municipio con

el apoyo de los frentes de vigilancia de los CDR, lo que obviamente

determinó que los resultados fueran construidos de acuerdo con las

conclusiones que se querían alcanzar para legitimar la operación. Y en

particular aquellas conclusiones que mejor alimentaban las pasiones

políticas de la coyuntura. De manera que en el estudio se brindan datos

francamente infantiles como precisar que el 66 % de los clientes de los

bares y el 72 % de sus propietarios eran "antisociales y amorales"

desviados de los propósitos revolucionarios. Afirmaciones difícilmente

comprobables, pero suficientes para identificar en los bebedores alegres

a enemigos zigzagueantes de la revolución.

Por otro lado, en su discurso FC distorsionó la estadística de manera

grotesca. Digamos, por ejemplo, que cuando solo un 28 % de los negocios

no tenía registro legal, esto se presentaba como "casi un tercio": o que

cuando tuvo que explicar que el 51 % de los negocios tenían buenas

condiciones higiénicas, el 40 % regulares y solo un 9 % malas;

presentaba el dato como que casi la mitad tenía condiciones higiénicas

"no buenas". Y así sucesivamente, lo que convierte la lectura en una

invitación a la risa si no fuera porque tras él se escondía una ola

expropiatoria contra trabajadores, contra el "pueblo" que el propio FC

definió en su alegato legal de 1953, y contra los pocos espacios

remanentes de autonomía social.

Y digo expresamente trabajadores, porque hay algo que ni los afanes de

los investigadores, ni la manipulación del orador pudieron ocultar: de

los 6.542 pequeños negocios analizados en La Habana, el 72 % estaban

registrados y pagaban puntualmente sus impuestos, el 88 % de los dueños

trabajaban en los negocios y se apoyaban en trabajo familiar, y solo el

31 % de ellos tenían otros empleados. El 73 % de las familias

propietarias no tenían otros ingresos, y la abrumadora mayoría tenía

ingresos brutos diarios de menos de cien pesos.

Curiosamente, solo el 6 % de los propietarios de negocios había

solicitado la salida del país.

En un país donde ya por entonces la única manera de expresar descontento

era con los pies.

http://www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/recuerdan-la-ofensiva-revolucionaria-de-1968-278323

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