Los campos de concentración de Castro
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Hasta dónde llegará el servilismo ridículo?

¿Hasta dónde llegará el servilismo ridículo?

Miércoles, 03 de Octubre de 2012 05:26

Escrito por Saylí Navarro Álvarez

Cuba actualidad, El Perico, Matanzas, (PD) Al adentrarme en la lectura

del artículo "La ética, elemento clave de la cultura cubana", aparecido

en el periódico Juventud Rebelde bajo la rúbrica de Armando Hart Dávalos

el miércoles 29 de agosto, tuve que esforzarme para no romper con mi

máxima de llegar siempre hasta el último renglón de una lectura, una vez

que comienzo a pasarle la vista.

El malestar que me sobrevino esta vez alcanzó niveles nunca antes

experimentados, dada la ridícula adulación del autor a las figuras de

Fidel y Raúl Castro, casi como si fueran de naturaleza divina e

inmaculada. Llegué a tal punto porque mientras leía, afloraron a mi

mente los sucesos relacionados con Haydee Santamaría Cuadrado, quien

fuera su esposa y madre de sus hijos, y Enrique, hermano de Armando.

Haydee Santamaría Cuadrado fue asaltante del Cuartel Moncada, tesorera

del Movimiento 26 de julio en el exterior y presidenta de la Casa de las

Américas. Todo el pueblo cubano conoce que durante las torturas que

sufrió en los días posteriores al 26 de julio de 1953, incluso llegó a

ver, en las manos de un esbirro, los ojos arrancados a su hermano Abel.

A pesar de ello no dejó escapar ni una lágrima, ni una palabra. Al cabo

de los años –el 28 de julio de 1980-, esta valerosa mujer no aguantó más

y se suicidó.

¿Por qué lo hizo? Creo que nadie hasta nuestros días puede asegurar el

motivo. No me asombraría que dicho desenlace hubiera sido motivado por

el traicionero curso de la revolución a cuyo triunfo contribuyeron tanto

ella como su familia.

Enrique Hart Dávalos no vio el 1º de enero de 1959. Mientras manipulaba

unos explosivos junto a otros combatientes de la clandestinidad, en la

ciudad de Matanzas, uno de estos artefactos detonó y segó la vida del

valeroso cienfueguero.

Desde el comienzo de su escrito, Armando Hart trata de hacer un

reconocimiento a quienes se han adueñado de los destinos de la nación

cubana: Fidel y Raúl Castro Ruz. Primero califica de medular el discurso

de Raúl en la clausura del séptimo período ordinario de sesiones de la

VII Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, cuando llamó

a "continuar eliminando cualquier prejuicio que impida hermanar en la

virtud y en la defensa de nuestra revolución a todas y a todos los

cubanos, creyentes o no".

Y luego en el primer párrafo de la cuarta columna, se deslinda de toda

la ética que debe acompañar a alguien que se respete, cuando remacha:

"Nuestro partido ha contado a lo largo del proceso revolucionario, y aun

antes de la lucha revolucionaria, con la visión humanista de Fidel que

consideró siempre a los creyentes no como aliados tácticos sino como

aliados estratégicos".

Muy lamentable que un anciano como Armando Hart, que vio sufrir tanto a

una parte considerable de su familia, sea capaz a esta alturas de echar

por tierra el decoro de sus semejantes sanguíneos y escriba un ridículo

como el que sirve para este comentario.

De todos es conocido, y para Armando Hart no puede ser ajeno, que estas

palabras de Raúl Castro en la Asamblea del Poder Popular son meramente

coyunturales. Que él nunca comulgó con religión alguna y que, además,

formó parte siempre de ese dúo histórico que ideó y puso en práctica

-¿dónde se encontraban Armando Hart y Haydee y Aldo Santamaría en ese

momento?- las célebres Unidades Militares de Ayuda a la Producción

(UMAP), donde resultaron maltratados y humillados una cifra nada

despreciable de nuestros compatriotas, entre ellos artistas,

intelectuales, hombres de fe y simples cubanos de a pie.

Fue bien conocido por este pueblo -para que Armando Hart quiera ahora

exonerar con sus palabras a la dirección del país por los errores y

abusos cometidos- que el Cardenal Manuel Arteaga debió refugiarse en la

Embajada de Argentina en La Habana, para escapar de los desmanes

castristas, o la gran represión desatada contra la Iglesia católica

cubana durante el año 1961, que culminó con la expulsión de ciento

treinta y dos sacerdotes a bordo del vapor Covadonga.

Aquí nada ha cambiado, cuando no sea el discurso oficialista. Nuestros

templos e iglesias son el marco apropiado para que los informantes del

Departamento de la Seguridad del Estado desarrollen su tenebrosa labor

de espionaje y persecución, para tratar de socavar la dignidad de la

familia creyente.

¿Qué ocurrió con los feligreses representantes de la emergente sociedad

civil cuando pretendieron participar en las misas celebradas durante la

visita de Su Santidad, el Papa Benedicto XVI, en marzo pasado? Pues

todos fueron a parar a infrahumanos calabozos, por decisión de Raúl

Castro Ruz, mientras el mundo libre presenció los golpes propinados por

supuestos miembros de la Cruz Roja a Andrés Carrión Álvarez, delante del

mismísimo Benedicto XVI en la Misa de Santiago de Cuba.

Me atrevería a decir que hasta la propia Haydee Santamaría, desde donde

se encuentra, al conocer del contenido de ese escrito tiraría de la

orejas de Armando Hart Dávalos por tan ridículo servilismo.

Para Cuba actualidad: saylinavarroalvarez@yahoo.es

http://primaveradigital.org/primavera/politica/54-politica/5359-ihasta-donde-llegara-el-servilismo-ridiculo.html

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