Los campos de concentración de Castro
We run various sites in defense of human rights and need support to pay for more powerful servers. Thank you.

El carcelero bugarrón de La Virginia

El carcelero bugarrón de La Virginia
Viernes, Julio 12, 2013 | Por José Hugo Fernández

LA HABANA, Cuba, julio, www.cubanet.org – Hace más de 40 años que Cuco
logró salir vivo de las UMAP, pero aún sigue asustado. En días atrás,
coincidimos en una cola para comprar papas, en el conocido agromercado
habanero de Tulipán. Nunca antes habíamos conversado, que yo recuerde,
aunque él dijo haberme conocido en los 80, mediante amigos comunes.
Tapándose la boca con una mano, a modo de mascarilla aséptica, mientras
miraba nerviosamente a su alrededor, y arrimaba –demasiado para mi
gusto- su voz a mi oreja, me contó el triste drama de Benjamín.

Cuco entabló amistad con Benjamín en aquellos campos de concentración
tan graciosamente llamados Unidades Militares de Ayuda a la Producción
(UMAP). Juntos fueron aprisionados, en noviembre de 1965, y conducidos a
un centro de confinamiento, en montes intrincados de lo que hoy es la
provincia Ciego de Ávila. Al igual que otros 30 mil inocentes, habían
sido condenados sin juicio previo ni garantías judiciales. A Cuco, por
ser fan de Los Platters, Chuck Berry, Elvis Presley, Little Richard, Roy
Orbison, Johnny Cash… es decir, la música del enemigo. Benjamín ni
siquiera llegó a saber nunca cuál era su “culpa”, aunque Cuco afirma que
lo cargaron por niño bitongo y por ser monaguillo en una iglesia.

En cualquier caso, esa no fue su única desgracia, ni la definitoria. En
La Virginia, el gulag donde internaron a Cuco y a Benjamín, campeaba por
sus entrepiernas un carcelero siniestro y abusador (Cuco lo recuerda
sólo por su apellido, Moya), el cual, para más inri, era un vulgar
bugarrón, persuadido de que debía aprovecharse de la condición de
homosexuales de muchos recluidos, a los que se consideraba con el
derecho de violar impune y salvajemente.

Entonces, el tal Moya se encaprichó con Benjamín, quien, según Cuco, era
un hermoso efebo con 20 años de edad, ingenuo y delicado, pero no era
homosexual.

El acoso se produjo de inmediato y sin paños tibios. Benjamín no
volvería a dormir una sola noche en paz. Tampoco dispondría de un solo
minuto de calma.

En las frías madrugadas de diciembre y enero, era bajado a tirones de su
litera (hasta tres o cuatro veces por jornada) para obligarlo a bañarse
con agua helada. Como su constitución física y su falta de fogueo no le
permitían cumplir las normas diarias de trabajo forzado, Moya disponía
que su cuota alimentaria fuese rebajada al mínimo. Finalmente, lo sacó
de las labores corrientes para que se dedicase a abrir trincheras tan
hondas como su propia estatura. Y después de abiertas, le ordenaba
cubrirlas otra vez con tierra. Si llegaba la noche y Benjamín no había
podido cumplir esa tarea, debía seguir cavando mientras los otros
descansaban. Cuco me cuenta que en más de una ocasión tuvo que
escurrirse de su litera y ayudarlo a cavar, para que pudiese dormir unas
horas.

También me cuenta que en más de una ocasión le aconsejó a Benjamín que
cediera, que cerrara los ojos y apretara lo otro, para ver si una vez
saciados sus deseos, Moya le daba algún respiro. El muchacho –cuenta
Cuco- permanecía en silencio, como si estuviera evaluando el consejo,
pero nunca cedió.

Hasta que una mañana amaneció colgado de una sábana en los baños
colectivos. Fin del drama. No ocurrió nada más, al menos con respecto a
Benjamín, descontando la amenaza que aquel mismo día Moya le dejó caer a
Cuco: “Si a mí me pasa algo –me cuenta Cuco que le dijo- no sales vivo
de La Virginia.

En 1968, Cuco lograría al fin salir vivo de aquel campo de
concentración. A Moya, por supuesto, no le había pasado nada. Tal vez
ahora mismo, anciano ya, se dedica a hacer la cola del periódico y a
sentarse a tomar el sol en algún parque, ajeno, o indiferente en todo
caso, ante el daño que ocasionó a sus víctimas y al luto que sembró a lo
largo de la Isla. Quizá ni siquiera sospecha que Cuco no ha dejado de
temblar durante más de 40 años, al evocar su amenaza.

Source: “El carcelero bugarrón de La Virginia | Cubanet” –
http://www.cubanet.org/articulos/el-carcelero-bugarron-de-la-virginia/

Tags:

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *