Los campos de concentración de Castro
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Yo solo sé que tengo miedo

“Yo solo sé que tengo miedo”
Dijo el poeta ante el joven Fidel Castro. Hoy, los artistas en la Isla
siguen teniendo miedo
viernes, abril 11, 2014 | Tania Díaz Castro

LA HABANA, Cuba –Durante los casi tres primeros años del régimen de
Fidel Castro, a éste no le interesaban los intelectuales cubanos. No
perdonaba su pasividad durante los años de insurrección revolucionaria.
No habían puesto bombas en las calles, ni se enfrentaron armados a la
policía del dictador anterior. Ni siquiera los que vivían en el
extranjero hicieron algo por el triunfo revolucionario. Nunca los
perdonó. Tanto él como otros líderes políticos, no los consideran
revolucionarios, ni antes, ni después de la Revolución.

El Ché Guevara lo había dejado escrito para siempre en su pequeño manual
marxista El socialismo y el hombre en Cuba: ¨La culpabilidad de muchos
de nuestros intelectuales y artistas reside en su pecado original: no
son auténticamente revolucionarios. Podemos intentar injertar el olmo
para que dé peras, pero simultáneamente hay que sembrar perales¨.

Pero las peras que mencionaba el Ché, nada tenían que ver con los seres
humanos, porque un intelectual, escritor o artista, se caracteriza por
su sensibilidad, su orgullo, su sinceridad. Por lo general, son
solitarios y orgullosos.

Pero también son y esa es su desgracia, un hueso fácil de roer, sobre
todo por un dictador con buenas espuelas.

Durante esos casi tres primeros años de la Revolución, los más convulsos
del castrismo -aumentaba el número de fusilados y en las pocas cárceles
se atiborraban más de diez mil presos políticos-, seguramente los
escritores, no dejaban de observar como Fidel Castro resquebrajaba la
libertad de prensa, cuando a partir del 27 de diciembre de 1959, dio la
orden de introducir las primeras ¨coletillas¨ al pie de los artículos
adversos a su gobierno, supuestamente redactadas por los obreros gráficos.

Era evidente que Fidel Castro, quien controlaba todo en el país, no
quería acudir a ellos para cubrir cargos de dirección en entidades
culturales fundadas por el régimen, como el Instituto de Arte e
Industria Cinematográfica, Casa de las Américas, la Agencia de Noticias
Prensa Latina, y numerosos periódicos, revistas, estaciones de radio y
televisión que se nacionalizaban.

Como ministro de Educación prefirió a Armando Hart. Para la Casa de las
Américas, una mujer muy lejos de ser una intelectual, Haydee Santamaría.
Para el Instituto Cubano de Radio y Televisión, Papito Serguera y para
el Consejo Nacional de Cultura, Vicentina Antuña y a Edith García
Buchaca, dos mujeres desconocidas en el ámbito cultural.

El primer acercamiento que tuvo Fidel Castro con los escritores, el 16
de junio de 1961, en la Biblioteca Nacional de La Habana, no pudo ser
peor. Fue allí donde exclamó la famosa frase ¨Dentro de la Revolución,
todo; contra la Revolución, nada¨, y donde quedó claro que quienes se
dedicaran al Arte, debían someterse a los designios de la Revolución,
algo que aún se mantiene vigente.

El máximo líder salió más que complacido de aquella reunión a puertas
cerradas, al ver la expresión de sorpresa y temor de muchos de los allí
presentes y sobre todo, por las palabras de Virgilio Piñera, uno de los
intelectuales más importantes del siglo XX, cuando dijo: ¨Yo solo sé que
tengo miedo, mucho miedo. Eso precisamente era lo que más necesitaba
escuchar el nuevo caudillo cubano de la masa intelectual: Miedo, para
poder gobernar a su antojo.

Dos meses después se celebra el Primer Congreso de Escritores y Artistas
de Cuba y se funda la UNEAC. Los intelectuales habían caído en el hamo.

Si algo se comentaba en esa sede palaciega, propietaria de un cubano
emigrante, es que el Comandante era alérgico a todo aquel que tuviera
criterio propio y que por esa razón jamás la visitaría, como ocurrió.

Hoy todavía se recuerda que en un discurso público del 13 de marzo de
1966, arremetió contra los homosexuales de la UNEAC, amenazándolos con
enviarlos a trabajar la agricultura en los campos de concentración de la
provincia de Camagüey. El ¨Iluminado¨, como hoy el presidente de la
UNEAC Miguel Barnet, llama al dictador cubano, cumplió su palabra.
Numerosos escritores y artistas plásticos se vieron castigados a
realizar trabajos forzados en las inolvidables Unidades Militares de
Ayuda a la Producción –UMAP-.

Estas unidades al estilo nazi, fueron creadas en 1964 y cerradas cuatro
años después ante la persistencia de las denuncias internacionales. Si
alguien conocía y conoce aún los pensamientos más ocultos de los
intelectuales, además de su intimidad sexual, es El Iluminado, gracias a
su ejército de espías, miembros de la policía política que trabaja en
las sombras de la casona de 17 y H, en el Vedado habanero, donde radica
la UNEAC.

En 1977, no se puede olvidar el golpe más cruel y abominable que dirigió
El Iluminado contra los escritores de la UNEAC, cuando su ejército de
policías políticos sustrajo de las gavetas de la sede los expedientes de
más de cien miembros, –entre ellos estaba el expediente mío como
fundadora-, para que fueran separados definitivamente y sin explicación
alguna de la Sección de Literatura de esa institución.

Source: “Yo solo sé que tengo miedo” | Cubanet –
http://www.cubanet.org/destacados/yo-solo-se-que-tengo-miedo/

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