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La autocensura es el pecado que arrastrará un escritor toda la vida

Escritores, Literatura Cubana, México

“La autocensura es el pecado que arrastrará un escritor toda la vida”
Entrevista al poeta, cuentista y novelista Félix Luis Viera, residente
en México
Juan Carlos Romero, Girona | 07/08/2014 11:11 am

Félix Luis Viera nació en Santa Clara, Cuba, el 19 de agosto de 1945.
Ha publicado los libros de poemas: Una melodía sin ton ni son bajo la
lluvia (Premio David de Poesía de la UNEAC[1] 1976, Ediciones Unión
Cuba); Prefiero los que cantan (1988, Ediciones Unión, Cuba); Cada día
muero 24 horas (Editorial Letras Cubanas, 1990); Y me han dolido los
cuchillos (Editorial Capiro, Cuba, 1991) y Poemas de amor y de olvido
(Editorial Capiro, Cuba, 1994).
Los libros de cuento: Las llamas en el cielo (Ediciones Unión, Cuba,
1983); En el nombre del hijo (Premio de la Crítica 1983, Editorial
Letras Cubanas, nueva edición 1988) y Precio del amor (Editorial Letras
Cubanas, 1990, finalista del Premio de la Crítica 1991).
Las novelas Con tu vestido blanco (Premio Nacional de novela UNEAC 1987,
Premio de la Crítica 1988, Ediciones Unión, Cuba), Serás comunista, pero
te quiero (Ediciones Unión, Cuba ,1995);Un ciervo herido (Editorial
Plaza Mayor, Puerto Rico, 2003, Editorial Eriginal Books, Miami, 2012) y
la novela corta Inglaterra Hernández (Ediciones Universidad Veracruzana,
1997).
Su libro de cuentos Las llamas en el Cielo es considerado un clásico en
su país. Sus creaciones han sido traducidas a varios idiomas y se han
publicado en antologías en Cuba y el extranjero. En su tierra natal
recibió diversos reconocimientos por su trabajo en favor de la cultura.
En Italia se le conoce por su novela Un ciervo herido, editada con el
título El trabajo os hará hombres (L’Ancora del Mediterráneo, 2008), que
aborda el tema de las UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la
Producción), en realidad campos de trabajo forzado que existieron en
Cuba, de 1965 a 1968, a donde fueron enviados supuestos desafectos a la
revolución castrista, como religiosos de diversas filiaciones,
desempleados, homosexuales y otros. Esta novela, con buena acogida de
público y crítica, ha circulado en varios países de habla hispana y en
Miami.
En 2010, Félix Luis Viera publicó en México El corazón del rey, novela
que incursiona en la década de 1960, cuando en Cuba se establecía la
llamada revolución socialista, y que expone el mundo marginal de esa
época. Ese mismo año dio a la luz el poemario La patria es una naranja
(Ediciones Iduna, Miami), publicado posteriormente en Italia por
ediciones Il Flogio y merecedor de uno de los Premios “Latina en
Versos”, otorgados en aquel país.
Desde 1995 reside en la ciudad de México, donde ha impartido cursos y
talleres literarios y ha colaborado con diversas publicaciones.
Es ciudadano mexicano por naturalización.
CUBAENCUENTRO entrevistó a Viera —quien es también colaborador habitual
de esta publicación— para conocer sus opiniones sobre, entre otras
cosas, el arte de la novela y de la vida.
¿En qué momento decidiste que querías escribir?
Félix Luis Viera (FLV): Desde niño fui muy propenso a, digamos, la
palabra, a su valor, a la semántica, al sentido figurado. En fin,
analizaba todo lo que veía escrito, quizás eso era el germen de lo que
vendría luego. Quizás… Permanecía mucho tiempo observando las
palabras, pensándolas, medio embobado. Me gustaba escribir las frases al
revés de como lo hacía la maestra, a ver qué pasaba.
Bueno, yo no creo que uno decida ser escritor. Banquero, dictador,
estafador o algo así, sí. Más bien, pienso, es la creación literaria, y
cualquier otro arte, el que decide tomarte, ahí viene, tú no lo decides,
ella te encuentra.
Desde muy joven, entonces, sentí —no decidí— que ese era el camino que
debía tomar. Desde muy joven, pero no pocos avatares me obligaron a un
proceso de autoformación lento, con el viento en contra, diríamos.
Lamentablemente.
Es decir, como sí afirman otros, no leí a Ezra Pound a los siete años de
edad, ni a Thomas Mann a los 10 ni me sabía El Quijote de memoria a los
11. Tampoco, desafortunadamente, recitaba de memoria a Lope de Vega a
los 14 ni cuestionaba a Emmanuel Kant a los 16.
¿Qué le aporta la escritura y la literatura, piensas que vale todo en la
literatura?
(FLV): Bueno, me aportan lo mismo, creo, que puede aportar a un albañil
levantar una pared. En el supuesto de que esa pared, para el albañil, le
resulte algo existencial.
No sé bien qué es “vale todo” en este caso. Creo que lo que vale en la
literatura es realizarla lo mejor posible. Y ser honesto. Ser honesto
porque en la ficción literaria se puede mentir, ya lo sabemos. Mentir en
directo o por omisión, diríamos. Si bien la mano del autor, aunque no se
note —no debe notarse— esté presente en la obra, guiada,
indiscutiblemente por su ideología, el punto de vista o lo que fuere del
creador. Pero en todo caso, una novela debe darle, de alguna manera,
también la voz al otro; al “personaje negativo”, al por qué lo es.
El escritor no es juez ni fiscal, ni es parte de la ley de los hombres.
De modo que todo lo que lleva a cabo un ser humano, así sea la más
grande vileza, tienen una razón, un origen, aun una argumentación. Así
que el escritor no está para condenar a nadie, sino para buscar y
exponer el porqué de determinada actuación.
Por ejemplo, la ley de los hombres tiene mucha razón al condenar a un
violador de mujeres. No hay dudas, es un delito condenable, según la ley
y lo justo (aunque la ley y lo justo casi nunca son lo mismo). Pero ese
delito tiene una razón de ser, un por qué; el escritor existe para
llegar a la entraña humana de la actuación de ese violador, no para
condenarlo.
Es de todos sabido que una época determinada es investigada sobre todo
por la creación narrativa, y poética, de cierto modo, que se
desarrollara en la misma. O sea, se aprende más de esa época por sus
novelas, sus cuentos, sus poesías, que por la historiografía
correspondiente. La historiografía va a lo general; la “ficción”
incursiona en lo esencial, lo cotidiano, el hombre con nombre y apellido
y su tragedia; la historiografía no está apta para zambullirse en la
amargura que provoca en una familia, digamos, el estado de cosas que la
historiografía describe a grandes rasgos.
De este modo, mentir en la “ficción” es un hecho grave, porque una
novela, pasado el tiempo, no se puede enmendar, un libro de historia, sí.
¿Qué es necesario para que una novela interese a los lectores?
(FLV): Tremenda pregunta, hay lectores y lectores, uno trata de
realizarla lo mejor posible, pero como sabes, los segmentos de lectores
pueden ser infinitos. De modo que una novela le interesa a un grupo de
lectores, pequeño, grande, y a otros, pequeños, grandes, no.
El éxito de una novela, un libro de cuentos, un poemario tiene mucho que
ver con los gustos y obsesiones de una época, independientemente de su
mayor o menor calidad. Y ya sabes, los gustos de una época están
condicionados muchas veces por infinitos factores, entre otros por la
influencia de las universidades, la religión, la política, y asimismo
por esas personas que por una causa u otra se han convertido en “la voz
de la sociedad”, “en la conciencia crítica”.
De modo que éxito y calidad no van de la mano (creo que esto ocurre en
todas la facetas de la vida); una gran novela puede tener menos éxito de
público que otra, también buena, pero no tanto. En esto, además, tiene
que ver el contenido, el asunto, el argumento; si bien solo con esto,
pero sin buena factura estética, su efecto desaparece pronto.
Creo que una novela entretiene, educa, forma, modela, informa; de eso no
hay dudas.
Pero así siguen surgiendo preguntas que nunca seremos capaces de
contestar: ¿Qué es entretener?, ¿se entretendrá una ama de casa, un
lector promedio, con la misma novela que un astrónomo, un científico
literario? ¿No hay quien se entretiene, sin ser matemático, haciendo
matemáticas? Figúrate, pedirle a un lector promedio-bajo que se
entretenga con el Ulises de Joyce o con Paradiso o con Yo, el supremo es
un crimen cualquiera, sadismo, tortura psicológica.
Pero sí doy por seguro que, si una novela no entretiene al lector, a ese
lector determinado, la echa un lado, hasta la odia. Aparte de las demás
virtudes antes dichas que pueda tener, y debe tener toda obra.
Pues ahí está la segunda parte de tu pregunta, es necesario que, sobre
todo, entretenga; pero claro, se infiere de lo que he dicho antes, con
que entretenga no basta.
¿Cuales son tus géneros favoritos en la lectura, sus autores y quiénes
te han influido más?
(FLV): Todos los géneros. Todos. Como he tenido la suerte o la desgracia
de escribir, mal o regular, los tres géneros, pues leo los tres (una
labor deliciosa y a la vez agobiante). Eso sí, creo que el novelista, el
cuentista, deben leer además poesía; en ella se encuentra el poder de la
síntesis, la limpieza de la frase, el ritmo, etc.
Quizá esto suene un poco pesado, pero en mí han influido todos los
autores que he leído, muchas veces me han influido más ciertos autores
modestos, que los llamados clásicos. Y muchas veces me ha parecido que
estos autores modestos… tienen más en la bola que los clásicos. Mira,
antes, hace siglos, los escritores eran menos, de ellos salieron los que
llamamos “clásicos antiguos”, que sin duda lo son y debemos leerlos.
Pero hoy sería una labor casi imposible “diagnosticar”, deslindar los
clásicos de las últimas décadas o del último siglo más o menos. De
manera que para los investigadores es mejor, ¿por pereza?, dejar todo
como está y seguir evocando por ejemplo, en el caso de la literatura
española, a los del Siglo de Oro y sus adyacentes. Pero me pregunto:
¿dentro de cuatrocientos años seguiremos remitiéndonos, solamente, a
aquellos? Hummm…
¿A qué te dedicas cuando no escribes?
(FLV): Pues chico, a leer, a pensar… en escribir. Fuera de esas
actividades inexorables como comer, dormir, etc., el tiempo restante,
cuando no estoy escribiendo, se lo dedico también… a escribir…
Antes, hace años, no; entonces me divertía de varias maneras, invertía
tiempo en esto… pero ya no queda cuerda para gastarla en estos
devaneos… Aún he llegado a pensar que comer es un malgaste de tiempo,
un mal necesario.
Solo me distraigo viendo las Grandes Ligas de béisbol, solo ese gusto me
doy. Y a veces me encabrono porque el partido dura demasiado, ya ves.
Respeto a los escritores que expresan algo así como “me divertí mucho
escribiendo esta novela”. Pero la verdad es que yo no me divierto
escribiendo ninguna, para mí eso no es una diversión, es más bien un
castigo divino; goce y angustia. Para divertirse hay otros quehaceres,
pienso.
Para mí, escribir es cargar una cruz con toda la dignidad posible.
Hace poco más de 20 años dejé de escribir cuentos: estaba seguro de que
la vida no me alcanzaría para continuar creando en los tres géneros; así
que me despedí del cuento con el libro Precio del amor, publicado en 1990.
Hace menos, llegué a la conclusión de que lo que me queda por acá no me
alcanzaría para continuar con la poesía y la novela; así que me despedí
de la poesía con La patria es una naranja, publicada en 2010 y con
algunas reediciones posteriores.
Pues ya ves entonces lo limitado que soy —como también lo son otros— en
comparación con esos grandes novelistas que han recibido los más altos
premios literarios. Chico, dictan una conferencia hoy en Copenhague,
mañana otra en Honduras, al día siguiente asisten a un foro en Canadá y
esa misma semana han publicado par de artículos de 2.500 palabras en
sendos diarios, amén de haber dado a conocer una alocución sobre
política internacional vía internet. Y así se pasan el año, el año
completo, y, resulta asombroso, que a fin de ese año vuelven a entregar
a la editorial, como hicieron el año anterior, una novela de 600
páginas. Algo verdaderamente encomiable. Aunque a veces no tan
encomiable porque la entrega en ocasiones no pasa de ser un ladrillo
insulso. Pero no hay dudas de que son superhombres. ¿O habría que dudar
de ellos por algún motivo?
En contra de lo antes dicho, alguien podría argüir que Balzac, Víctor
Hugo, Dostoievski, Dickens, Pérez Galdós, o Tolstoi, gozaban de una
parición novelística semejante. Pero tomemos en cuenta que estos se la
pasaban frente al escritorio, por lo general no hacían turismo literario.
¿Cuál es tu método de escritura, anotas lo que se te ocurre?
(FLV): Más bien se me ocurre una idea y empiezo a desarrollarla a ver
qué pasa. Luego empiezan a llegar los personajes, el argumento, las
tramas (no sé si te has fijado que en los últimos tiempos se publican
novelas sin tramas o apenas con trama; cosa rara, para mí una novela en
ningún caso debe ser un compendio de resúmenes argumentales; un catauro
de información argumental).
Luego, claro, voy tomando notas de lo que podría ser el desarrollo, y
otras más breves con frases que deberán ser los bocadillos de ciertos
personajes. También, cuando termino el borrador de un capítulo, anoto el
o los que deberían ser los siguientes.
¿Sí pudieses ser un libro, cuál serías?
(FLV): Bueno, uno solo no sé, pero si pudiera, sería muchos libros, sin
dejar de lado Pregúntale al polvo, La conjura de los necios o Al filo
del agua.
¿En qué proyecto te encuentras sumergido en estos momentos?
(FLV): En una novela que creo no será muy extensa, pero sí muy
complicada atendiendo al narrador-protagonista, muy difícil.
¿Se escribe por placer o también por dinero y reconocimiento?
(FLV): Se escribe por vocación, por amable desgracia. Y si el dinero
viene, mejor, claro.
¿Dominas los recursos de estilo, las figuras literarias o escribes con
estilo propio y sigues experimentando y aprendiendo?
(FLV): Chico, sigo aprendiendo, cada día aprendo, cada día experimento a
partir de lo que estoy haciendo; nadie, creo, experimenta en “seco”, el
experimento surge en el momento en que estamos haciendo algo y
quisiéramos hacerlo lo mejor por posible, de la manera mejor posible.
Yo diría que escribo con estilo propio, malo o bueno. Las “figuras
literarias”, “los recursos de estilo”, los va creando el escritor y
luego los investigadores y críticos los clasifican, les ponen nombre,
algo positivo, porque así nos entendemos.
Se habla de que los escritores deben cuidar y ofrecer obras depuradas
utilizando recursos narrativos ¿o encuentras bien que lo que se cuenta,
se limite a contar, como se cuenta en la sobremesa?
No, no no… eso de contar en la sobremesa es otra cosa, que,
elementalmente, no tiene nada que ver con el arte literario.
¿Regalas libros en alguna ocasión?
(FLV): A veces, a buenos amigos. Y en otras ocasiones a alguna persona
que quisiera leerlo pero no tiene dinero para comprarlo.
¿Crees que la literatura cubana está de moda y que el escritor, en tanto
figura pública tiene responsabilidad social?
(FLV): Bueno, dicen los editores que la literatura cubana ya va bajando
su moda. Claro, el escritor tiene mucha responsabilidad social. Algunos,
ya lo sabes, la utilizan para fortalecer a las dictaduras.
¿Cómo le ha cambiado el mundo de la tecnología y el e-book?
(FLV): A mí no me ha cambiado en nada. Muy pocos libros míos se han
vendido en este formato.
¿Sentías que habías nacido con vocación literaria, cuales son tus
verdaderos orígenes en ese sentido?
(FLV): Como te decía en una respuesta anterior, lo presentí casi desde
niño. Soy de los que piensan que para esta y otras disciplina, se nace;
independientemente de que haya que trabajarla mucho con el tiempo,
adquirir el oficio, estudiar, darle sin tregua, con esa pasión que
solamente una vocación indetenible te proporciona. Me horrorizo cuando
veo aquí y allá “escuelas para escritores”, como decir “escuelas para
físicos matemáticos”. El colmo de estas escuelas, muchacho, es que te
califican un poema, digamos con 7 puntos de 10 posibles, oye, como si
fuera un examen de geografía o algo así. Qué ignominia. Qué falacia.
Creo que para escribir creación literaria, como te decía, se nace, y
luego se aprende escribiendo mucho, leyendo más y consultando con
quienes más saben. Lo otro es un cuento de camino.
Mira, en el caso de las artes plásticas puedes asistir a una escuela
donde aprendes el movimiento, la perspectiva, el volumen, etc., lo que
ya está establecido. De ahí sales graduado de artes plásticas, lo cual
no quiere decir que seas un artista, eso se vería luego.
En el caso de la música, en un conservatorio, aprendes las notas, la
composición, etc., y sales graduado de “tocador” de piano o de guitarra,
por ejemplo. Lo cual no quiere decir que seas un artista.
¿Pero dime qué asignaturas están establecidas de una vez y para siempre
en el arte de escribir? Ninguna. Ninguna. Aquí sí que todo está por
hacer para quien comience a intentarlo.
“Mis orígenes” no son, en verdad, de los más propicios. Nací en un
barrio marginal, de gente muy pobre, como lo éramos yo y mis padres, que
no alcanzaron a cursar la primaria.
Así las cosas, en mi casa de niño —eso de casa es un eufemismo más bien—
no había libros ni tradición alguna de cultura humanística y sus adyacentes.
Sin embargo, desde entonces, siempre que me era posible me “pegaba” a
personas cultas, literatos, profesores de literatura, entre otros. Y leí
mucho de todo lo que me encontraba, desde cómics hasta poemarios,
novelas y ensayos que podía conseguir baratos, de segunda mano. A veces,
gastaba algún dinero de las meriendas escolares en un libro. Leí también
muchos cuentos, poemas, reseñas y críticas literarias sobre todo en
revistas como Bohemia y otras publicaciones, casi siempre atrasadas,
igual que en periódicos.
El preuniversitario lo abandoné a un mes de iniciado: tuve que ayudar a
mi padre, enfermo, en el pequeño comercio que él tenía.
Entonces matriculé una carrera nocturna, contable, en la cual estuve
cinco años noche por noche, de 8 a 11. Era algo aborrecible para mí,
pero resultaba una visa para poder trabajar posteriormente en algo que
diera “la comida”.
Ya debes inferir que no asistí a la universidad.
Visto lo anterior, cualquiera podría decir que soy “un escritor
autodidacto”. Afirmación tonta: si leemos las líneas de más arriba:
¿acaso no todos los escritores son “autodidactos”? ¿O es que cursaron
alguna escuela donde les enseñaron a escribir sus obras? Vaya…
¿Lamentas que tu vida literaria no se hubiera desarrollado en otro medio
más propicio?
(FLV): Sí, pero así vino la vida, qué le vamos a hacer…
¿Crees que la literatura cubana a veces tiene serios altibajos?
(FLV): Como todas, pienso. Se escriben muy buena obras, de todos los
géneros, por escritores que viven en la Isla y por quienes habitan fuera
de ella.
Pero mira, creo que algún día habrá que sustituir eso de “literatura
cubana” o “literatura australiana”, etc., o por lo menos matizarlo, de
manera que sería mejor decir “literatura de cubanos”, “de venezolanos”,
“de mexicanos”, etc. Por ejemplo: Los quinientos millones de la Begún
¿es literatura francesa o es una novela escrita por un francés?, lo
mismo te diría de Espiral, del cubano Agustín de Rojas o de La ciudad
muerta de Korad, del también cubano Oscar Hurtado.
¿Qué libros han cambiado tu vida?
(FLV): Todos los libros cambian en alguna medida nuestras vidas; unos
más, otros menos. Si bien, claro, unos te influyen más que otros.
¿Qué pintores cubanos te han influenciado más?
(FLV): Los paisajistas, pero sobre todo esos que combinan lo figurativo
con el abstraccionismo. Esas son las pinturas que más me gusta admirar.
El regreso, la nostalgia, el sufrimiento causado por el deseo incumplido
de regresar. ¿Tienes la obsesión del regreso a tenor de los nuevos cambios?
(FLV): No hay ningún cambio en la Isla. El único cambio que puede
ofrecer una dictadura, es que se acabe. Lo demás son juegos de muchachos
entre las dos partes.
¿Has tenido que esquivar la censura en tus escritos?
(FLV): ¿Esquivarla? Bueno, la censura te elimina si va contra ti, no se
puede esquivar. ¿Cómo crees que podría esquivar la censura que padecen
mis libros en Cuba? Por otra parte, la autocensura es el pecado que
arrastrará un escritor toda la vida, vivirá con esa ignominia, en silencio.
¿Conociste a otros escritores durante tu confinamiento, en 1966, en las
Unidades Militares de Ayuda a la Producción, las tristemente célebres Umap?
(FLV): Conocí al destacado teatrista Armando Suárez del Villar,
recientemente fallecido, un hombre bueno, estoico, dispuesto siempre a
enseñar a los demás. Él tenía 34 años de edad, yo 20. Me enseñó mucho a
mí y a otros. Allí en las Umap los había de más edad, hasta de 40 años o
algo más; los más jóvenes le decíamos a Armando el Viejo, los más viejos
le decían El Artista.
¿Hay algún género más eficaz para trascribir la realidad cubana?
(FLV): Todos los géneros pueden ser eficaces, aun los poemas de tribuna.
La narrativa, lamentablemente, ha tenido que sustituir, en la medida de
lo posible, el quehacer periodístico, que como sabes, en Cuba se dedica
a dar la impresión de un paraíso, no informa ni describe la terrible
realidad, sino que miente a sangre fría. Así, dentro de equis años,
quienes deseen investigar por el pasado comunista de la Isla, no
lograrán nada si visitan las hemerotecas. De manera que será la novela,
el cuento, la poesía contestatarias que hoy se publican sobre Cuba en
uno y otro sitio, las verdaderas fuentes de conocimiento.
¿Crees que la cultura cubana tiene déficit de monografías, memorias
históricas que den profundidad a esta cultura?; ¿cómo se puede suplir
este vacío?
(FLV): Oh, todo está muy manipulado, los investigadores que viven en
Cuba, algunos, quitan y ponen a su antojo, y a veces los que viven
afuera hacen lo mismo. Aparte de la mala voluntad que pueda existir,
debe tomarse en cuenta la falta de información de los dos “bandos”.
¿Sin memoria histórica no hay imaginación?
(FLV): Bueno, la imaginación puede ser, en algunos casos, un ente
independiente.
¿Qué significado tiene para ti la ciudad dónde has vivido la mayor parte
de tu vida?
(FLV): Santa Clara. Creo que, como para todo el mundo, mucho. Y dentro
de ella, El Condado, el barrio donde nací y me crié. Mucho de lo que he
publicado (no me gusta decir “mi obra”) en narrativa, y también parte de
la poesía, se desarrolla allí o le hace referencias. En la novela de mi
autoría (no me gusta decir “mi novela), El corazón del rey, Santa Clara
es protagonista.
¿Qué objetivo persiguen sus libros?
(FLV): Ya te decía antes, entretener, informar, aportar algo que pueda
servirle a quien lo lea. Al menos, eso intento.
¿Qué libro(s) tienes en la mesita de noche?
(FLV): Se van rotando, ahora tengo los CuentosCompletos de José Lorenzo
Fuentes, Canto a mí mismo, en la versión de León Felipe y Cuba: la
república de generales y doctores, de Robert A. Solera
¿Cuál es el libro que recuerdas de tu infancia?
(FLV):El conde de Montecristo, en una versión sintetizada.
¿Cuál es el libro que te hubiese gustado escribir?
(FLV): Los que he escrito.
¿Con qué autor te gustaría quedarte encerrado en un ascensor?
(FLV): En un ascensor… En un ascensor más me gustaría quedar encerrado
con escritoras, encerrado en un ascensor inmenso repleto de escritoras
que me fueran enseñando todo lo que saben y opinan acerca de la creación
literaria… y de lo demás… Sería fantástico.
[1] Unión de Escritores y Artistas de Cuba.

Source: “La autocensura es el pecado que arrastrará un escritor toda la
vida” – Artículos – Entrevistas – Cuba Encuentro –
http://www.cubaencuentro.com/entrevistas/articulos/la-autocensura-es-el-pecado-que-arrastrara-un-escritor-toda-la-vida-319633

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