Los campos de concentración de Castro
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Prueba de vida con el “angelito”

Prueba de vida con el “angelito”
El niño Marlon Méndez es otro regalo para el viejo dictador
lunes, septiembre 1, 2014 | Ernesto Santana Zaldívar

LA HABANA, Cuba. – Como está ocurriendo de vez en cuando, nuevas fotos
intentan convencer de que Fidel Castro está vivo y de que su mente
colea. Ahora le ha tocado el turno al niño Marlon Méndez (ocho años),
como vimos en la noche del lunes 25 en el noticiero de televisión.

Esta ceremonia con niño es otro regalo por el cumpleaños 88 del
dictador. Se suma al Honoris Causa (“por razón o causa de honor”, según
el diccionario) de una universidad argentina, al arreglo de la finquita
de Birán, a la exposición “Fidel es Fidel” —inaugurada simultáneamente
en La Habana y en Berlín—, en la cual Roberto Chile documenta su
adoración por el “Dios” verde olivo.

Ya había sonado el feliz cumpleaños cantado por Buena Fe y habían
llegado a La Habana las congratulaciones de decenas de jefes de gobierno
y satrapías afines, amigos todos de lo que muy seriamente siguen
llamando revolución cubana y admiradores del triunfo de la represión
histórica en nuestro país.

Son pequeñas compensaciones, pues la verdad es que ya muy pocos lo
recuerdan en el mundo. Los jóvenes revoltosos y los artistas
estupefactos usan imágenes del Che, no de Fidel Castro, y, dentro de
Cuba, tatuarse su imagen fue un truco del rapero Baby Lores que a nadie
se le ha ocurrido imitar.

Muchos lo ven hoy solo como una especie de zombie estalinista que se
arrastra, a la manera de una vieja vedette, entre recuerdos de grandes
actuaciones, entre disfraces que ya no puede usar, añorando las
lentejuelas del escenario cuando interpretaba al Mesías de los Pobres o
al Salvador del Mundo.

Los que lo obedecían, admiraban o temían, lo llamaban El Caballo, el
Uno, el Jefe, el Hombre. La gente común, sobre todo los que lo tuvieron
que sufrir, lo llamaban El Fifo, Armando Guerra, Esteban (Este bandido
de Fidel), Zoila (Soy la revolución, soy la patria), El Patillas, El
Melón (verde por fuera y rojo por dentro), Quien-tú-sabes e incluso,
muchas veces, lo nombraban usando un leve gesto (el toque de dos dedos
en un hombro o una seña de barba con el índice y el pulgar).

Todo eso ha quedado atrás. Como las miles de promesas que no se tatuó en
la piel, según la canción de Ricardo Arjona, que le recuerda: “Caudillo,
de la revolución a la avaricia hay solo un par de pasos en la brecha. Su
oratoria se hizo experta en la mentira y el debate”.
La mentira y la confusión, sin duda alguna, son el gran legado de un
tirano que llegó incluso a la pretensión de hacer creer que él
encarnaba, al mismo tiempo, el poder y la oposición.

Algunos se extrañaron cuando, tras la detención de Augusto Pinochet, en
Londres, en 1998, acusado de crímenes de lesa humanidad, Fidel Castro
expresara su desaprobación y su alarma, apelando a una soberanía
nacional que le parecía más importante que este —para él muy peligroso—
precedente de tratar a un ex dictador como un simple delincuente
internacional.

Haciendo un resumen de los horrores ocurridos durante el gobierno de
Fidel Castro, Carlos Franqui —en su libro Cuba, la revolución: ¿mito o
realidad?— habla de un millón de presos condenados a un total de 3
millones de años de encierro, de más de 2 millones de exiliados y
emigrados y de decenas de miles de fusilados y desaparecidos huyendo de
Cuba.

Recuerda además las miles de familias deportadas de la Sierra del
Escambray y de otras zonas guerrilleras, de los cien mil detenidos
cuando el desembarco de Playa Girón y de las más de cien mil personas
enviadas a los campos alambrados de Camagüey (UMAP, Unidades Militares
de Ayuda a la Producción).

Hace un par de años, todavía quedaban algunos intentos de ficticias
celebraciones populares por el cumpleaños de “nuestro querido Fidel”. En
estas fotos se ve una de esas “fiestas”, organizada por la Empresa
Gastronómica en la cafetería de 12 y 21, en El Vedado. Aparte de la
falta de alegría y del menor ambiente de agasajo, lo único evidente es
que la gente acude, como muestran las bolsas, a coger algo de comida al
final del obligado discurso de algún jefe barrigón.

Es posible que, cuando crezca y sea un hombre como su padre, el hoy niño
Marlon Méndez ni siquiera recuerde qué hizo con las fotos junto a aquel
ancianito con ojos de demente.

Source: Prueba de vida con el “angelito” | Cubanet –
http://www.cubanet.org/destacados/prueba-de-vida-con-el-angelito/

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