Los campos de concentración de Castro
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Las UMAP no se olvidan

Las UMAP no se olvidan
Testimonio sobre los trabajos forzados, castigos y prisión a los que fue
sometido el entrevistado en las Unidades Militares de Ayuda a la
Producción en Cuba (UMAP)
miércoles, octubre 15, 2014 | Ernesto García Díaz

LA HABANA, Cuba. -El pasado 10 de abril Cubanet publicó una crónica
titulada “Una docena de familias en peligro”. El trabajo trataba el
peligro de derrumbe de un edificio situado en la calle O´Reilly 258, en
La Habana Vieja. Esta situación continúa, pero mientras dábamos
seguimiento a este caso, tuvimos la oportunidad de conocer a Héctor
García Arocha, uno de los habitantes del inmueble, quien resultó ser uno
de los tantos cubanos que sufrió el estar concentrado, a mediados de los
años sesenta, en uno de para los campamentos de trabajo forzoso en las
Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), ubicados en la
provincia de Camagüey. Accedió a brindarnos su testimonio de cómo fue
llevado a la fuerza, el 18 de junio de 1966, con apenas 18 años de edad,
a uno de estos “campos de concentración”.

Cubanet: ¿Cómo usted llega a la UMAP?

Héctor García Arocha (HGA): La Policía de Santo Domingo, pueblo donde yo
nací y vivía, en las Villas, me detuvo bajo el pretexto de enviarme para
el Servicio Militar Obligatorio. Me montaron en un tren que iba desde
Santa Clara hasta Camagüey. De ahí fui llevado a un pueblecito llamado
la Gloria donde nos entregaron las “armas”: una guataca y una lima, para
trabajar en el campo. No había tal servicio militar.

Cubanet: ¿Hubo entrenamiento militar, educación patriótica?

HGA: Nada de entrenamiento, ni de educación. Los que se fugaban de noche
eran castigados, los amarraban en un palo, muchas veces desnudos, para
que se lo comieran los mosquitos. A los testigos de Jehová los
arrastraban por no saludar la bandera, ni cantar el himno nacional.

Cubanet: ¿Cumpliste alguna sanción durante esa etapa?

HGA: Yo me fugué de allí, estuve 9 días ausente del campamento y en
cuanto me atraparon fui sancionado a 1 año y medio de prisión. Fui
trasladado a un batallón de sancionados en Vertiente, Unidad 1943. Todos
los sancionados iban para Vertientes. En Camagüey, había 7 u 8
agrupaciones, cada agrupación tenía 5 batallones, con más de 500
hombres, distribuidos en 4 unidades.

Cubanet: ¿En qué se trabajaba allí?

HGA: En la caña y el cítrico, inicialmente, después en la construcción
de obras. En Vertiente, me ubicaron en una compañía llamada la Rivera,
trabajando en la caña. Allí, fui acusado por denunciar que las botas y
las ropas, destinadas a los presos, los capitanes Zapata, Quintín Pino
Machado y Guerra Matos, la cambiaban por comida y carne. Ellos no se
escondían para hacerlo, las botas amarillas que nos habían mandado de
España, las tenían todos los guajiros puestas y nosotros no teníamos
nada, andábamos descalzos, en chancletas.

Cubanet: ¿Cuál era la actitud de los guardias con ustedes?

HGA: Nos vigilaban mucho. Allí, murió mucha gente. Nos metieron con
presos de alta seguridad. Éramos adolescentes. Por ejemplo, murió Felix
La Garra, que fue a tomar agua y se cruzó con los guardias, le dieron
dos bayonetazos.

Cubanet: ¿Cuánto tiempo estuviste preso?

HGA: Salí ante los cuatro años, los Estados Unidos habían detectado con
sus aviones los campos de concentración de la UMAP, entonces se había
creado un problema internacional.

Cubanet: ¿Qué sensaciones han permanecido en ti de aquél tiempo?

HGA: Amargura, humillación. Pasamos hambre. Ellos nos engañaron. Sin
embargo, allí conocí a Pablito Milanés, al galán de la televisión
Albertico Inzua, a Pedro Betancourt, cuñado de Betancourt, el que se
robó el avión. También vi al actual cardenal Jaime Ortega Alamíno, quien
entonces había preso por simplemente estar estudiando para cura, lo
conocí, sus padres eran de Jagüey. También estuvo un hijo de Raúl Roa.

Cubanet: ¿Que oportunidades te brindo el gobierno cuando saliste, para
reinsertarte?

HGA: Ninguna. Yo nunca voté, no participaba en trabajos voluntarios,
nunca fui a la plaza, era mal mirado por los extremistas del régimen. A
cada rato me metían preso, me sacaban del trabajo y me aplicaban la Ley
de Peligrosidad. Estuve en el disturbio del 5 de agosto de 1994, el
Maleconazo, al lado del Hotel Deauville, donde aparecieron las brigadas
especiales, vestidas de constructores, nos pegaron con cabillas por todo
los lados.

Estuve un tiempo trabajando en Comunicaciones, en la cervecería de
Manaca, en los ferrocarriles, siempre mal mirado y con problemas. Me
quede ciego. No pude retirarme, ahora soy un caso social.

ernestogardiaz@gmail.com

Source: Las UMAP no se olvidan | Cubanet –
http://www.cubanet.org/actualidad/actualidad-destacados/las-umap-no-se-olvidan/

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