Los campos de concentración de Castro
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Homofobia y castrismo

Homofobia y castrismo
JOSÉ PRATS SARIOL | La Habana | 16 Dic 2014 – 7:09 am.

La posposición en la Asamblea Nacional de una reforma que iguale los
derechos de las parejas del mismo sexo es parte de la misma homofobia de
siempre.

Sonia Garro acaba de estar dos años y medio en prisión, sin juicio, sin
actas, sin el más mínimo derecho… ¿Por qué con los homosexuales van a
regir en Cuba valores éticos, escalas de comprensión? ¿No será otro
fraude mediático?

El castrismo es y sigue siendo el mismo hasta en sus resquicios… La
obstinación cerrada que lo ayudó a conquistar el poder, adornada por la
falta de escrúpulos, une dos carencias: poca flexibilidad mental y nulo
sentido ético.

Hoy me entero de un dirigente de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) al
que le pusieron una “trampa” para descubrir su homosexualidad,
humillarlo, expulsarlo. El escritor Reynaldo González conoce muy bien
un caso similar, ocurrido hace medio siglo en Ciego de Ávila. ¿Han cambiado?

Como se sabe, ellos, los “hombres nuevos” —entiéndase, los antiguos
fanáticos del comunismo— solían relacionar su homofobia con la valentía
necesaria para arrebatarle el poder a la burguesía. Los escasos
homosexuales que militaban en sus filas ocultaban su preferencia sexual
o demostraban que su bravura y arrojo eran excepcionales. Para unos y
otros —la mayoría por ignorancia— la cultura grecolatina no desmentía
sus aberraciones.

Ni los hermanos Castro ni sus principales hombres —Camilo Cienfuegos,
Che Guevara, Ramiro Valdés…— pasaron de una condescendencia limosnera
hacia la comunidad gay, en todas sus formas y variantes: “Alfredo
Guevara, sí, pero imagínate”, pudieron haber dicho. Aunque con una
lesbiana, Pastorita Núñez —la honrada y popular guerrillera—, quizás
comentaran que peleaba “como un hombre”.

En cualquier caso —anécdotas sobran— la misma idea de tolerancia implica
un sentimiento de superioridad en quien la ejerce. Otras formas menos
evidentes de discriminación también exhiben la misma mirada desde
arriba, desde lo “normal”. Entre ellas las que hoy muestra el castrismo
tardío, su delegada para el tema —Mariela Castro Espín— y los
integrantes de su comparsa de remendones, homosexuales o no.

Homofóbico es el silencio y la posposición de la Asamblea Nacional del
Poder Popular cuando se inquiere sobre reformar la Constitución, de modo
que las parejas del mismo sexo puedan casarse, legalizar su status a los
efectos de bienes comunes, representaciones, herencias y demás asuntos a
reglamentar.

Invito a recordar y referir otras pruebas indignantes de 2014, no
“arqueológicas” y de la UMAP o de Reinaldo Arenas esgrimiendo su
expediente de maricón para montarse en una lancha y huir por Mariel en
1980. Crónicas de hoy mismo en la Corporación Gaviota o en la Escuela de
Psicología de la Universidad de La Habana, en la selectiva escuela
Capitán San Luis para oficiales del Ministerio del Interior…

También invito a referir casos de tapiñados, donde la salida del closet
no es solo un acto de valentía familiar, sino de potenciales
consecuencias laborales o estudiantiles, sin posibles reclamaciones
legales porque ninguna ley los defiende, porque además no viven en un
Estado de derecho.

Las ingenuidades se explican en personas de bajo coeficiente de
inteligencia o alto índice afectivo-volitivo, pero se supone que no en
académicos o analistas del tema. Las complicidades con la demagogia
permisiva de la dictadura merecen, desde luego, ser reveladas. Un show
en el cine América, un poema “Vestido de novia” o un desfile por La
Rampa están muy bien, pero no determinan ningún cambio legal, tampoco
esfuman —en ningún país, claro está— formas encubiertas de
discriminación.

El castrismo —como el estalinismo— es por naturaleza discriminador de lo
“diferente”, de lo que “difiere”. Por mucho que se maquille o disfrace,
no puede negarse a sí mismo. Además de consideraciones filosóficas o
políticas, se trata de uno de los rasgos del poder despótico sobre su
propia muta y ante la masa, como estudiara Elías Canetti.

Cualquier “minoría” le es hostil a su voluntad hegemónica, hasta en los
carnavales donde una carroza de travestis solo sirve para 30 segundos en
el noticiero, con la imagen de uno rellenándose un seno o una nalga.
Porque no serán buenos para negociar y cambiar; pero para burlas,
hipocresías e intrigas se mantienen en forma, listos a obtener nuevas
medallas.

Source: Homofobia y castrismo | Diario de Cuba –
http://www.diariodecuba.com/derechos-humanos/1418677939_11837.html

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