Los campos de concentración de Castro
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Pablo Milanes al País “La apertura cubana es un maquillaje”

Pablo Milanes al País: “La apertura cubana es un maquillaje”
“Arrepentido no es precisamente la palabra. Estoy más bien, y creo que
los que piensan como yo también, defraudado por unos dirigentes que
prometieron un mañana mejor, con felicidad, con libertades y con una
prosperidad que nunca llegó en 50 años”
viernes, febrero 13, 2015 | CubaNet

En esta entrevista concedida a EL PAÍS, mitad por vía telefónica, mitad
de forma presencial, Pablo Milanés (Bayamo, 1943) habla por primera vez
en profundidad de los años que pasó en las UMAP, los campos de trabajo
tristemente célebres donde en los sesenta fueron recluidos homosexuales,
religiosos y todos aquellos que en Cuba no se adecuaban a los
“parámetros revolucionarios”.

Sobre el anuncio del restablecimiento de relaciones entre Cuba y EE UU,
el cantante y compositor dice que no ve verdadera disposición a “ceder”
en ninguna de las dos partes y considera “un maquillaje” las reformas
realizadas hasta ahora en su país. Sin embargo, sigue sintiéndose
revolucionario y pone como ejemplo a seguir al expresidente de Uruguay,
José Mujica.

Este viernes por la noche acompañó a Víctor Manuel en su concierto 50
años no es nada y la semana próxima comenzará una gira por España para
presentar Renacimiento, trabajo que llega siete años después de su
último álbum y en el que Milanés rescata ritmos tradicionales de Cuba
como el guaguancó, el son o el changüí, poco habituales en su
repertorio. El año pasado el cantautor se sometió en España a un
trasplante de riñón donado por su esposa, Nancy, y ahora parece
rejuvenecido. Acaba de terminar un disco con José María Vitier y trabaja
en dos nuevos proyectos, uno de ellos con su hija Haydee.

En el reciente Festival de Cine de La Habana se hizo un homenaje a
García Márquez. Allí usted cantó Días de Gloria (1999), una de las
canciones que más gustaban al escritor y que en su estrofa final
lamenta: Qué es lo que me queda/ de aquella mañana/ de esos dulces años/
si en ira y desengaño/ los días de gloria/ los dejamos i”. ¿Era un
desengaño compartido? ¿Por qué tanta gente arrepentida?

Respuesta Nunca hablé con Gabo de por qué le gustaba esa canción, pero
la escuchó, le gustó y la elogió muchísimo… debió comprenderla
perfectamente. Arrepentido no es precisamente la palabra. Estoy más
bien, y creo que los que piensan como yo también, defraudado por unos
dirigentes que prometieron un mañana mejor, con felicidad, con
libertades y con una prosperidad que nunca llegó en 50 años.

P. ¿Por qué Renacimiento?

R. Este trabajo se llamó así por dos motivos: porque es un renacer en mi
obra después de varios años sin publicar un disco, y porque la base
fundamental de casi todos los temas es la música renacentista y barroca,
esencial en mi obra. A partir de esos pilares exploro distintos géneros
cubanos menos conocidos e incluso algunos más olvidados como el changüí,
que es una variante específica del oriente cubano y con raíces más
profundas en Europa y África. En muchos de los temas se combinan dos
estilos musicales, transitando desde una primera parte clásica a un
género más contemporáneo o esencialmente cubano en la segunda parte de
la composición.

P. En las letras también hay cargas de profundidad. En Canto a La Habana
dice: “La Habana siempre es mi guía/ Limpia y bonita como fue ayer/
mustia y marchita como está hoy”.

R. La Habana es una de las ciudades más mágicas del mundo aun cuando se
está cayendo. Es una canción de alabanza, pero al mismo tiempo contiene
la tristeza por el hecho de cómo la han dejado caer en la “miseria y la
soledad”, como digo en la canción.

Todavía espero que el Gobierno cubano pida perdón por la UMAP

P. En Dulces recuerdos se recrea el día en que se legalizó el Partido
Comunista de España. “El recuerdo no marchita tu belleza de esa noche,/
pero el tiempo se ha encargado de matar otros anhelos/ y me lleva hasta
París 68, cuando juntos contemplábamos un cartel que nos decía: ‘Marx ha
muerto, Dios no existe…”. ¿Vale también para Cuba?

R. Aquel día estaba en Madrid y sentí la euforia de aquella cantidad de
gente que corría hacia la Cibeles a celebrarlo. Yo también lo celebré
hasta la madrugada. Por mucha universalidad que tengan mis canciones, es
raro que no incluya a Cuba, y naturalmente Cuba también está ahí y forma
parte del fracaso del socialismo real, del que hablo en ese tema.

P. Recientemente recibió un trasplante de riñón, que donó tu esposa
Nancy. ¿Cómo le ha cambiado la vida?

R. Me siento extraordinariamente bien, me hago exámenes mensuales desde
el trasplante y todos los parámetros están cerca de la perfección.
Naturalmente me ha cambiado la vida, y eso implica el sacrificio de un
cambio radical de costumbres.

P. Ese acto de amor de Nancy…

R. Efectivamente, fue un acto de amor inconmensurable. Cuando Nancy
decidió donarme su riñón lo expresó ante mis hijos, mis amigos y los que
me querían, con una convicción que no tuvo reproches de parte de nadie;
demostró a todos que ese acto de amor era intocable.

P. ¿Cómo valora el anuncio del restablecimiento de relaciones entre Cuba
y EE UU?

R. En primer lugar, me llenó de regocijo el regreso de los presos
cubanos, porque aquí siempre existió la convicción de que el juicio en
EE UU estuvo amañado. Luego viene el restablecimiento de las relaciones,
que para los cubanos del interior y del exterior, sin duda, es
conveniente por la unificación definitiva de muchas familias. Ahora,
tras 18 meses de conversaciones secretas, donde se supone que llegaron a
acuerdos, las declaraciones de los gobiernos de ambos países me dejan
desconcertado. Cuba no cederá un ápice en su posición y EE UU penetrará
en todos los ámbitos que pueda para el supuesto desarrollo de la nación
cubana. Siguen enrocados. ¿A qué acuerdos llegaron los dos si ahora se
contradicen? Esa es mi duda: que ninguno ceda y que otra vez el pueblo
cubano siga en su agonía sin salida, como está hace 50 años.

P.¿Las medidas aperturistas en Cuba han tenido efectos positivos, o sólo
han incrementado las desigualdades?

R. Ni una cosa ni la otra. Siempre he dicho que esas aparentes aperturas
han sido un simple maquillaje. Hay que ir al fondo, al pueblo de a pie
para ver que nada ha cambiado.

P. En recientes entrevistas se ha referido a su paso por los “campos
estalinistas” de la UMAP y a cómo este hecho interrumpió su carrera.
Hasta ahora nunca ha ahondado en lo que pasó. Puede contarlo hoy…

R. Nunca me han preguntado tan directamente sobre las UMAP (irónicamente
Unidades Militares de Ayuda a la Producción). La prensa cubana no se
atreve y la extranjera desconoce la nefasta trascendencia que tuvo
aquella medida represora de corte puramente estalinista. Allí estuvimos,
entre 1965 y finales de 1967, más de 40.000 personas en campos de
concentración aislados en la provincia de Camagüey, con trabajos
forzados desde las cinco de la madrugada hasta el anochecer sin ninguna
justificación ni explicaciones, y mucho menos el perdón que estoy
esperando que pida el Gobierno cubano. Yo tenía 23 años, me fugué de mi
campamento —me siguieron 280 compañeros presos más de mi territorio— y
fui a La Habana a denunciar la injusticia que estaban cometiendo.

El resultado fue que me enviaron preso durante dos meses a la fortaleza
de La Cabaña, y luego estuve en un campamento de castigo peor que las
UMAP, donde permanecí hasta que se disolvieron por lo escandaloso que
resultó ante la opinión internacional.

De allí, después de leerme Un día en la vida de Ivan Denisovich de
Aleksander Solzhenitsyn, que me envió un amigo, me di cuenta de que las
ideas de un revolucionario no se desvían por los errores que cometen los
dirigentes. De allí salí más revolucionario. La UMAP no fue un hecho
aislado. Antes de 1966, Cuba se alineó definitivamente a la política
soviética, incluyendo procedimientos estalinistas que perjudicaron a
intelectuales, artistas, músicos. Según la historia, en 1970 comenzó lo
que se llamó el quinquenio gris, y yo digo que realmente comenzó en 1965
y fueron varios quinquenios.

P. ¿Y por qué después de todo esto siguió considerándose revolucionario
y defendiendo la revolución?

R. El origen está en lo que significó Cuba en el año 59 para el mundo.
Yo tenía entonces 15 años, y cuando profundicé en la realidad social de
América Latina me convertí en un revolucionario. Esas ideas no solo
cuajaron en mí, sino en todos los países latinoamericanos. Los ideales
que profesábamos eran los más puros que se podían tener en aquella
época. Otra cosa hubiera sido traicionar mi pensamiento, así que, aunque
se cometieran errores, vi que había que defender la idea original… y
todavía la defiendo. Yo asumo el pasado, y tengo claro lo que pienso.

Apoyo la revolución ciudadana de Correa en Ecuador y la de Evo Morales.
Y para mí el ejemplo más grande de revolucionario en América es José
Mujica, encarcelado durante 14 años y después un hombre sin rencor,
capaz de crear un Estado libre, soberano, no dependiente y próspero.

PUBLICADO EN EL PAÍS

Source: Pablo Milanes al País: “La apertura cubana es un maquillaje” |
Cubanet –
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