Los campos de concentración de Castro
We run various sites in defense of human rights and need support to pay for more powerful servers. Thank you.

Un estigma indeleble?

¿Un estigma indeleble?
José Alberto Álvarez Bravo
21 de febrero de 2015

La Habana, Cuba – www.PayoLibre.com – Mirlenis Mejías Pupo nació el 13
de agosto de 1982 en el antiguo central azucarero Preston, en la Bahía
de Nipe, Oriente. Para sus padres, Miguel Mejías Sosa y Felina María
Pupo Suárez, era como un regalo a Fidel Castro, a quien consideraban
merecedor de todo el respeto y veneración concebibles. Entre las
incontables promesas del líder máximo e indiscutido de la triunfante
revolución socialista, la creación de un “hombre nuevo”, despojado de
todas las taras y reminiscencias del pasado, había concitado la entrega
entusiasta y fervorosa de Miguel y Felina al “proceso revolucionario”.

Mirlenis fue educada para convertirse en ciudadana ejemplar, exponente
de la nueva “moralidad socialista”: pionera, cederista, federada,
militante de la Unión de Jóvenes Comunistas y por último, el escalón más
alto de la especie cubana: militante del Partido Comunista de Cuba.

Tenía dieciocho años cuando se enamoró de Yusdenis Lin Ojeda, nacido en
el mismo batey en 1974, quince años después de la llegada de Fidel
Castro y sus barbudos al poder en nuestra isla. Atrás habían quedado las
UMAP, fuerte correctivo de la etnia verde olivo frente a los rebrotes de
“conductas impropias”, incongruentes con el rígido esquema diseñado para
los komsomoles caribeños.

Yusdenis se trasladó con su novia a La Habana, capital de todos los
cubanos, saturada de consignas altisonantes sobre la inminencia de un
futuro luminoso, para envidia de los pobres terrícolas nacidos en ajenas
fronteras.

Las floridas promesas de amor y progreso no alcanzaron a encubrir los
verdaderos propósitos de Yusdenis, y Mirlenis se vio de pronto
ejerciendo el más antiguo de los oficios, escoltada por su cuñada Yusimi
Lin Ojeda. Mucho antes de lo previsto, las dos jóvenes incautas se
vieron entre rejas, condenadas a dos años de privación de libertad.

A Mirlenis le bastó la experiencia para no reincidir nunca más. Pese a
la total responsabilidad de Yusdenis en su tropiezo, continuó la
relación con él, de la que nació una niña en 2005.

Decidida a darle a su hija el mejor ejemplo de probidad y rectitud
moral, Mirlenis comenzó a labrarse un camino de entrega al trabajo
honrado, a la superación profesional y académica. Inició un curso de
Enfermería en 2005, que no tuvo oportunidad de terminar por dificultades
con el cuidado de la pequeña; luego matriculó en un curso de Superación
Integral para Jóvenes, donde concluyó su bachillerato; también cursó
estudios de Peluquería, Computación, Hotelería y Turismo y Auxiliar
Pedagógica, todos concluidos con buenas calificaciones. Pese a su
constancia y sacrificio, las autoridades locales de su pueblo –batey
Guatemala, municipio Mayarí, Holguín– le niegan el acceso a un trabajo
decente, bajo el pretexto de tener “manchas” en su hoja de vida.

A finales de enero de 2015 Mirlenis cifró todas sus esperanzas de
iniciar su vida laboral integrándose a un curso para agentes de
seguridad y protección en la Agencia Delta, pero faltándole dos días
para graduarse fue expulsada sin miramientos, por lo que se pregunta –me
pregunta, nos pregunta– si algún día podrán los caciques locales olvidar
aquella breve y pasajera etapa de su juventud, once años atrás; si aquel
mal paso dejará algún día de considerarse como un estigma indeleble.

cubaexige@gamil.com

Source: PayoLibre.com – Cuba – –
http://payolibre.com/articulos/articulos2.php?id=6206

Tags: , ,

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *