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Del otro lado del espejo

Del otro lado del espejo
[07-04-2015 12:08:12]
Julio Aleaga

(www.miscelaneasdecuba.net).- El Doctor Oscar Loyola, profesor de
historia de la Universidad de La Habana, impartió a finales de la década
del ochenta la asignatura Pensamiento Cubano. Su pasión por la memoria
nacional, lejos de la almidonada “historia oficial”, dio una perspectiva
diferente a los alumnos, del desarrollo dialectico de la nación. Muerto
hace muy poco, Loyola regresa a muchos de sus alumnos a través de la
investigación “Del Otro Lado del Espejo. La sexualidad en la
construcción de la nación cubana”. Porque el autor, Abel Sierra Madero,
le dedica especialmente su obra y lo define como “enseñarme a pensar la
historia”.
Premio Casa de las Américas (Cuba) 2006, en Ensayo histórico social,
“Del otro lado…”, es obra trascendente en la visualización de una parte
poco conocida de la construcción nacional, el de su sexualidad. Para
ello se vale el autor de toda su experiencia, juventud y audacia al
abordar un tema, que si no tabú, si bastante espinoso para entender la
patriarcal sociedad cubana del siglo XXI, que recibe desde hace media
centuria, una visión sesgada de la historia, a contrapelo de las
tendencias postmodernas.

En casi trescientas páginas, y dos capítulos generales, Sierra Madero,
encierra la investigación cuya primera parte atrapa al lector por la
fluidez del verbo, y la capacidad de trasmitir sin onanismo una visión
sobre el tema, con la documentación existente. Destacan en esa primera
parte tres subtemas, Los parias de la nación, La transgresión del canon,
y Modernidad sexual a la americana. Los dos primeros ubicados en el
siglo XIX y el segundo en la primera mitad del XX.

En “La transgresión…”, un compendio de los reportes e investigación
sobre la homosexualidad en la época colonia, Sierra Madero, se afinca
tanto en los reportes de la época, como en las herramientas dejadas por
el sabio Fernando Ortiz para explicar cómo se concebía el fenómeno de la
homosexualidad, a nivel de los reportes médicos y los periódicos,
aportando argumentos a la desmitificación de la historia. Buscando como
buen investigador, que se esconde tras la cara oculta de la luna.

Continuador de esa tendencia es “La trasgresión…”, donde pone en lista
con la búsqueda en los diarios de ilustres independentistas, el
comportamiento sexual de los insurrectos. Sin embargo por falta de
documentación evidente, tiene que pasar de la investigación sobre lo
homosexual, parte importante de su libro al comportamiento heterosexual
e imbricarse de manera hipercrítica en la representación de la mujer en
los diarios de campaña de los mambises. Por lo que sin perder interés,
por su ágil prosa, si se nota el “bache” investigativo y un
redireccionamiento de la pesquisa, por falta de fondos bibliográficos, o
porque al encontrar archivos demasiado comprometedores, prefirió pasar
por alto algunas historias y solo se acerca a la historia homosexual de
un oscuro oficial independentista.

Es en Modernidad sexual a la americana, donde se nota la mayor fluidez
de la información sobre el tema homoerótico. Aquí Sierra Madero retoma
el cauce perdido en “La transgresión…” y se mete a lleno tanto en los
demonios de Don Fernando, como en la critica a las tendencias
homosexuales del filofacista, La Semana, que dirigía Sergio Carbó.

El septenario atacaba ferozmente las tendencias modernizadoras que
venían del “norte revuelto y brutal”, una de las cuales era la
tolerancia a lo homosexual, a partir de la liberalidad de la conducta en
Pepillitos y Garzonas.

Mención especial merece en ese capítulo Temporada de ángeles, y el
rescate del homoerotismo a través de importantes artistas como Ballagas
y Piñera, además del restablecimiento del valor estético de sus obras y
la defensa de su sexualidad como hito y precedente en la construcción,
de ya en esa época de una nación transnacional.

No deben pasa por alto los lectores de “Del otro lado del espejo”, el
enjundioso aporte sobre las diferentes acepciones y referencias a la
homosexualidad a través de los últimos dos siglos de la nación cubana.
Términos como sodomitas y pederastas desde el estado del derecho, hasta
petimetre, currutacos, pirracas, pepillos y garzones entre otros muchos
del habla popular hasta los más comunes y políticamente correctos del
hoy, como gay u homosexual.

El hueco en el espejo

Sin embargo el libro se desploma en la segunda parte, cuando cruza con
garrocha propia de olimpismo cincuenta años de la historia de la
sexualidad en la isla, y lo que denomina “Presente histórico” se
concentra en una promoción de bajo costo del Cenesex, concentrándose en
el tema del travestismo sobre el cual y sin lugar a dudas hace una
investigación parcializada.

Sierra Madero, y ahí traiciona el historiador a Oscar Loyola, huye del
tema de la homosexualidad y la revolución homofóbica que construyeron
los barbudos intolerante que bajaron de la sierra. Se olvida o no quiere
indagar en los conflictivos temas de las Unidades Militares de Apoyo a
la Producción (UMAP), y la intención de convertir a los homosexuales en
hombres a través del trabajo físico, las tendencias fidelistas y
guevaristas de la construcción de un hombre nuevo heterosexual y
espartano. Huye de la “parametración” de artistas e intelectuales, por
su preferencia sexual, del llamado “quinquenio gris” y del Congreso de
Educación y Cultura de 1971. Y lo traiciona, por un punto muy sencillo,
Loyola escondió su homosexualidad durante muchos años, casi hasta el
final de su vida, cuando ya era el reconocido y admirado profesor, para
no ser expulsado de la Facultad de Historia y Filosofía de la
Universidad de La Habana.

Sería interesante si el libro de Sierra hubiera abordado los problemas
de la promiscuidad sexual en los internados a los que fueron obligados a
ir todos los adolescentes cubanos, durante más de cuarenta años. Las
tendencias homofóbicas dentro del Servicio Militar Obligatorio (SMO), a
donde aún están obligados a ir todos los jóvenes varones, y el
comportamiento de la sexualidad durante larga presencia militar cubana
en África (Angola, Etiopia y otros), donde hombres jóvenes eran
obligados a estar durante más de dos años, lejos del alcance de la mujer
más cercana.

Sobre ese mismo tema se pudo indagar, ya que aborda sobre el uso de las
prostitutas por los mambises, en el famoso Regimiento de la Raja, sobre
el uso de las prostitutas por soldados cubanos en África, sobre todo en
Etiopia, más que en Angola. También si examinara sobre la intolerancia
hacia los hombres, pero no hacia las mujeres homosexuales dentro de los
cuerpos armados y en especial el Ministerio del Interior, por aquello de
que un hombre vestido de mujer es un travesti, mientras una mujer
vestida de hombre, es una mujer mal vestida.

También la omisión de un texto importante en la liberalización sexual de
la década del 70 en la isla como fue “El Hombre y la Mujer en la
intimidad”, del alemán Siegfried Schnabl. Pero sin lugar a dudas ese
sería otro libro. Y quizás entonces, el jurado, compuesto entre otros
por el muy oficialista historiador Eduardo Torres Cuevas, no lo hubiera
premiado.

Source: Del otro lado del espejo – Misceláneas de Cuba –
http://www.miscelaneasdecuba.net/web/Article/Index/5523ac8c3a682e0a180d0c8e#.VSPBkvmUc3Q

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