Los campos de concentración de Castro
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Un ciervo herido (I)

Un ciervo herido (I)
Como se había anunciado, CUBAENCUENTRO inicia la publicación de una
selección de capítulos, en cinco partes, de esta novela testimonio sobre
las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (Umap)
Félix Luis Viera, México DF | 16/07/2015 1:36 pm

Lo pusieron de espaldas, bien pegado, contra los alambres de la cerca.
Pégate, arrecuéstate bien, cabrón, le dijo un sargento. Para que los
mosquitos lo sobaran bien, dijo dándole la espalda. Estaba el Umap en
calzoncillos nada más. Apenas se veía desde la barraca. Los mosquitos
tenían un aguijón capaz de traspasar la hamaca más una colcha puesta
entre ésta y el cuerpo. El Umap que un sargento había puesto contra la
cerca era homosexual. Un sargento lo había sorprendido en el baño dice
que masturbándose por detrás con un palo. Como si se estuviera dando con
una pinga, dijo un sargento gritando. Agarré a este maricón haciéndosela
por detrás con un palo, gritó un sargento llegando de los excusados. Al
Umap homosexual ahora lo estaban pinchando mosquitos como a un caballo.
Sólo con los calzoncillos verdeoscuros. Decía ay, coño, y desde acá el
un sargento le decía cállate, maricón, si deberían desangrarte. Cállate
maricón, que te amarro, decíale, para que no puedas ni defenderte y se
oían acá los manotazos que el Umap homosexual le tiraba a los mosquitos,
plaf, plaf, plaf, ay, coño, diciendo. Un sargento dijo qué carajo pasa,
qué carajo dicen si estamos en hora de silencio, lacras sociales; porque
parte de los Umap en las barracas decían pero míralo, chico, al pobre,
óyelo al pobre, Dios mío protégelo. Un sargento dijo ahí hasta el
amanecer, pajero por el culo, lacra social, lumpen maricón y a los de la
barraca cállense bola de antisociales que van a coger mosquitos todos no
me jodan. En la madrugada se pudo oír que el Umap homosexual se
desplomó, pacatlán, dos o tres veces y ay diciendo, me muero diciendo y
plaf, plaf, plaf, los manotazos contra los mosquitos, ay. Y a cada rato
desde la jefatura cállate maricón, el sargento de guardia gritando, que
no dejas dormir a la gente, cacho de rata del enemigo imperialista,
vuelve a pararte, sangre de yanqui, que el castigo no es acostado.
Cuando un sargento gritó el “¡de pie!” a las cinco y media de la mañana
todavía no se podía ver al Umap homosexual, sólo sentirlo ay, y si
acaso, adivinar el bulto, echado contra la cerca. Luego que los Umap
fuimos a los lavabo-lavaderos y los excusados y tomamos la leche acuosa
y el pan tan microscópico y formamos filas ya había sol como para ver
bien al castigado. Allí, tendido junto a la cerca, parecía una berenjena
con pelo. O un lagarto pasado por queroseno. O un bofe avinagrado.
Incorpórese a su lugar, le gritó un sargento apuntando a las filas.

Source: Un ciervo herido (I) – Artículos – Cuba – Cuba Encuentro –
http://www.cubaencuentro.com/cuba/articulos/un-ciervo-herido-i-323219

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