Los campos de concentración de Castro
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Por qué a Raúl Castro sí?

¿Por qué a Raúl Castro sí?
ROBERTO ÁLVAREZ QUIÑONES | Los Ángeles | 16 Ago 2015 – 12:30 pm.

‘Obama debió poner ciertas condiciones que el dictador difícilmente
habría podido rechazar, dada la gravedad de la situación.’

¿Si el general Augusto Pinochet en vez de convocar un plebiscito y
preguntarle al pueblo chileno si quería seguir bajo su régimen, o no,
hubiese hecho algunos cambios políticos cosméticos pero preservando
intacta la dictadura militar habría sido abrazado y bendecido por la
comunidad internacional y hasta por el Papa?

¿De haber hecho lo mismo habrían recibido un espaldarazo político
mundial los Somoza, Trujillo, Duvalier, o los gorilas golpistas
argentinos, como lo son hoy los hermanos Castro al ritmo de la música
que toca el presidente estadounidense Barack Obama?

No, esos dictadores no habrían sido aupados. ¿Por qué sí lo es el
general Raúl Castro, porque dice que es de izquierda y habla en nombre
de los pobres? ¿Es que el tiempo lo borra todo y no importa el pasado de
una dictadura, sino solo el presente?

No hubo concesiones a dictadores

No hubo nunca concesiones unilaterales y guiños de ojos a Francisco
Franco, Joseph Stalin, Mao Tse Tung, Josip Broz Tito, Nicolas Ceausescu,
Muamar Gadafi, Ferdinando Marcos o Mobutu Sese Seko para contagiarlos de
democracia. Y si hubo negociaciones secretas, evidentemente no arrojaron
resultado alguno.

La tesis de que la política anterior de Washington hacia Cuba no dio
resultado y había que cambiarla no tiene muy buen asidero que digamos.
No hay antecedentes de que el beso de Judas haya funcionado nunca con
una dictadura marxista-leninista.

Lo que precipitó la caída del comunismo en Europa fue la presión militar
y armamentista que le puso Ronald Reagan a Moscú. Recordemos la
Iniciativa de Defensa Estratégica, llamada popularmente “Guerra de las
Galaxias”, y la instalación de cohetes nucleares Pershing II y Cruise
en cinco países europeos. La respuesta armamentista soviética agravó la
crisis financiera crónica que la Unión Soviética arrastraba desde las
fracasadas reformas económicas cosméticas de los años 80. La carrera
armamentista aceleró el deterioro del sistema económico comunista y
propició el advenimiento del reformista Gorbachov y su perestroika.

En general, los grandes déspotas jamás han concedido libertades y
derechos a sus ciudadanos en virtud de diálogos o concesiones de nadie.
De los 51 dictadores que desde 1900 han estado más de 20 años en el
poder (7 de América Latina, 18 de Asia y Medio Oriente, 11 de Europa y
15 de Africa), ni uno solo de ellos abandonó su cargo por haber sido
cortejado.

Pero los estrategas de la actual administración estadounidense estiman
que en el siglo XXI es ya obsoleto rechazar, presionar y hacerle
exigencias a un tirano, y mucho menos “intervenir en los asuntos
internos” de naciones con regímenes totalitarios para apoyar a quienes
luchan contra ellas. Lo adecuado ahora debe ser congraciarse con el
dictador para “suavizarlo” y presionarlo para que se porte mejor.

Y resulta que la Junta Militar castrista ni siquiera está dispuesta a
concederles a los cubanos la libertad económica que sí hay en China y en
Vietnam para hacer negocios.

La coautoría criminal del General

Lo peor de todo es que el general Castro es responsable directo, como
segundo al mando en Cuba durante 52 años —y desde 2011 como jefe
supremo, líder del Partido Comunista y la Junta Militar—, de haber
fusilado o causado la muerte de distintas formas a 7.101 ciudadanos
por motivos políticos (más del doble de los 3.197 crímenes documentados
de Pinochet), de haber encarcelado injustamente a decenas de miles de
personas, de torturar y propinarle palizas hoy por hoy a los opositores
políticos, de haber prácticamente expulsado del país a casi dos millones
de cubanos, y de haber convertido en escombros a una nación que en
1958 duplicaba el ingreso per cápita de España e igualaba al de Italia.

A quienes afirman que Raúl es diferente a su hermano porque es más
pragmático y puede hacer los cambios que el país necesita hay que
recordarles que en los pocos momentos históricos en que los caprichos de
Fidel en materia económica y social iban tan lejos que había
reticencia sorda y muda en la población para aceptarlos, siempre salía
Raúl amenazando a quienes se atrevían a dudar de la genialidad del
infalible Comandante en Jefe.

El general Castro fue autor de crímenes masivos por su propia cuenta.
Por ejemplo, la masacre de la Loma de San Juan, provincia de Oriente.
Allí el 12 de enero de 1959 Raúl ordenó el fusilamiento de 72
exmilitares de Batista, sin tomar en cuenta ninguna prueba testifical,
ni pericial, ni circunstancial, ni las atenuantes, ni las agravantes. El
periodista Antonio Llano Montes, testigo de lo ocurrido, narró años
después en Miami, a la radioemisora WAQI Radio Mambí, que Raúl
interrumpió al tribunal y dijo: “Si uno es culpable, los demás también
lo son. Los condenamos a todos a ser fusilados”.

Y sin probar que todos eran autores de asesinatos fueron llevados a un
campo de tiro, con un bulldozer se abrió una gran zanja y delante de
dicha zanja fueron ejecutados. Llano Montes destacó que al otro día fue
al campo de tiro: “Pude ver algo que me horrorizó, la mano de uno de los
fusilados que salía fuera de la tierra y se agarraba a una piedra; esto
indicaba que a muchos de los fusilados los habían enterrado vivos”.

Las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), campos de
concentración fascistas en los que fueron obligados a trabajar miles de
jóvenes cubanos en los años 60, fueron obra de Raúl Castro a partir de
una idea de su hermano.

Castro debió mover fichas

La normalización de relaciones sería lo ideal si a la hora de negociar
La Habana hubiese hecho algunas concesiones elementales. Las condiciones
eran óptimas para ello: la agudización de la crisis en Venezuela apunta
a que Cuba puede perder los cuantiosos subsidios que junto a las remesas
desde EEUU mantienen a flote la economía de la Isla. Y ni China, ni
Rusia, ni Brasil van hacerse cargo de mantener al proxeneta Estado
castrista.

Dada la improductividad del “modelo socialista cubano”, y eventualmente
sin los miles de millones de dólares obsequiados por Caracas, la
economía cubana podría encaminarse hacia un colapso. Los Castro saben
que semejante desastre, que amenazaría como nunca la estabilidad de la
dictadura, solo podría evitarse si se levantan el embargo de EEUU y
las restricciones de los viajes de estadounidenses a Cuba. No hay otra
vía posible.

Con tal coyuntura colocada sobre la mesa, Obama debió poner ciertas
condiciones que el dictador difícilmente habría podido rechazar, dada la
gravedad de la situación. Alguna ficha importante habría tenido que
mover el general Castro, además de haber negociado con seriedad y no
con la absurda soberbia que lo ha hecho, propia del líder de un gran
imperio y no de una nación que ya en ruinas suelta los pedazos.

Eso fue lo que no hizo el presidente estadounidense. Ahí radica la
diferencia entre creer que este proceso de deshielo —que lógicamente ha
ilusionado a tantos cubanos— va bien encaminado, o percibir que sin
concesiones de la dictadura, que incluyan la derogación de ciertas leyes
o regulaciones estalinistas, el acercamiento de Washington beneficiará
mucho a la elite militar dictatorial y demasiado poco al empobrecido y
sufrido pueblo de Cuba.

Source: ¿Por qué a Raúl Castro sí? | Diario de Cuba –
http://www.diariodecuba.com/cuba/1439595467_16347.html

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