Los campos de concentración de Castro
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Sobre lo que no es histórico

Sobre lo que no es histórico
YUSIMÍ RODRÍGUEZ LÓPEZ | La Habana | 24 Ago 2015 – 4:10 pm.

El intelectual castrista Martínez Heredia acusa a EEUU de pretender
dividir al pueblo cubano. ¿Es que acaso no nos dividió ya el castrismo?

En los últimos meses, nuestros medios oficiales han dedicado artículos y
espacios televisivos al reestablecimiento de relaciones diplomáticas
entre Cuba y Estados Unidos, y las negociaciones entre ambos países.
Entre los artículos publicados se encuentra “Días históricos, épocas
históricas”, del intelectual Fernando Martínez Heredia, tomado de
Cubadebate y reproducido en el Granma el sábado 22 de agosto.

Martínez Heredia afirma que el viernes 14 de agosto, fecha de la
reapertura de la embajada norteamericana en nuestro país, no fue un día
histórico. “Llamarlo así podría ser perdonable, si no estuvieran en
juego la soberanía nacional y la sociedad que hemos creado en el último
medio siglo”. Procede entonces a enumerar una serie de fechas de mucho
más peso en la historia de nuestro país: el 10 de octubre de 1868, el 24
de febrero de 1895, el primero de enero de 1959 y el 19 de abril de
1961. Es imposible quitarle la razón, cualquiera de estas fechas ha sido
más relevante para Cuba que el 14 de agosto de 2015.

El 10 de octubre marcó el inicio de la Guerra de Independencia contra el
colonialismo español; el 24 de febrero de 1895 se reinició la lucha tras
una tregua de 17 años. El primero de enero de 1959 el pueblo cubano
derrotó una dictadura sangrienta; el poder nacido entonces impulsó la
Campaña de Alfabetización, la Primera Ley de Reforma Agraria, que puso
la tierra en manos de quienes la trabajaban, y la Segunda, que puso la
mayor parte de la tierra en manos del Estado. Por estos días, en el
contexto del 55 aniversario de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC),
también se han expuesto los logros de la mujer cubana dentro de la
sociedad socialista. La misma sociedad que no solo excluyó, sino que
persiguió a religiosos, homosexuales y quienes no encajaran en los
nuevos patrones.

No se pueden ignorar los avances del pueblo cubano en materia de salud,
educación y justicia social (dentro de la sociedad socialista). Tampoco
las Unidades de Ayuda a la Producción (UMAP), eufemismo para designar
los campos de trabajo a que fueron llevados por la fuerza religiosos,
homosexuales, roqueros y todo el que quedaba fuera del modelo de Hombre
Nuevo. No se puede obviar que fue dentro de la sociedad socialista que
se eliminó hasta la más pequeña propiedad privada, lo que a la postre
resultó un soberano error; y que los derechos a las libertades de prensa
y expresión quedaron sometidos a los intereses del socialismo. En otras
palabras, eliminados.

Cuando se piensa en todo esto, no se puede sino dar la razón a Fernando
Martínez Heredia, el 14 de agosto de 2015 no podrá marcar la vida de los
cubanos como el primero de enero de 1959. Ni como la marcó la invasión
a Playa de Girón o Bahía de Cochinos, que costó muchas víctimas al
pueblo cubano.

Este último 14 de agosto no puede ni siquiera acercarse a la relevancia
de aquel 20 de mayo en que nació la República, que no respondía a los
ideales por los que tantos habían luchado en la manigua.

Al analizar el escenario que vivimos desde el 17 de diciembre de 2014, y
las cartas de triunfo con que cuentan Cuba y Estados Unidos en las
negociaciones, así como las intenciones del país del norte, Martínez
Heredia declara que este último alberga la intención de dividirnos, como
si el llamado gobierno revolucionario no hubiese dividido al pueblo
cubano mucho antes, como si no hubiese dividido incluso a las familias,
como si no hubiese promovido, y no continuase promoviendo, los actos de
repudio.

De acuerdo a Martínez Heredia, la principal carta de triunfo cubana
(frente la de Estados Unidos, que es la necesidad de Cuba de mejorar su
posición en las relaciones económicas internacionales) es “la inmensa
cultura socialista de liberación nacional y antiimperialista acumulada.
Ella ha sido decisiva para ganar las batallas y guiar la resistencia en
las últimas décadas, y ella rige la conciencia política y moral de la
mayoría, que de ningún modo va a entregar la soberanía nacional ni la
justicia social”. ¿Y quiénes constituyen esa minoría cuya conciencia
política y moral no es regida por la cultura socialista? ¿Acaso la
conciencia política y moral no regida por esa cultura es inferior, menos
apta para defender la soberanía nacional y la justicia social?

Una de las preocupaciones planteadas por Martínez Heredia en el texto es
si “el contenido de la época cubana que se está desplegando en los
últimos años será o no será posrevolucionario”. Y establece una
comparación entre las posrevoluciones y las revoluciones, en la que
estas últimas salen ganando. “En las posrevoluciones, se retrocede sin
remedio… se afinca una nueva dominación”. Sobre las revoluciones, en
cambio, afirma que “combinan iniciativas audaces y saltos hacia delante
con salidas laterales, paciencia y abnegación con heroísmos sin par… Son
el imperio de la voluntad consciente que se vuelven acción… Y cuando
logran tener el tamaño de un pueblo son invencibles”. Obvia decir, que
justo para alcanzar el tamaño de un pueblo, aplastan la individualidad,
como ha ocurrido aquí.

Otra preocupación implícita en este artículo y en otros publicados sobre
el tema, es que el pueblo cubano, aquejado de carencias y privaciones,
vea en los norteamericanos la respuesta a sus plegarias, la posibilidad
de acercarse a una prosperidad que cada vez parece más lejana. De hecho,
ya el discurso oficial ha dejado claro en repetidas ocasiones que no
volveremos a las condiciones de los años 80, posiblemente los más
prósperos de la llamada etapa revolucionaria. Afirma Martínez Heredia
que “pronto estaremos en medio de una gran pelea de símbolos. La
tranquila y desvergonzada exposición de carros ‘americanos’ durante el
acto del viernes pasado pretendió borrar toda la grandeza cubana y
reducir al país la nostalgia de los buenos tiempos, antes de que
imperaran la chusma y los castristas”.

Sin embargo, a la vez que expresa esa inquietud, afirma que es necesario
desbaratar confusiones y desinflar esperanzas pueriles. ¿A qué
confusiones y esperanzas se refiere? ¿A las del pueblo cubano en que una
normalización total de relaciones traiga al país la prosperidad no
alcanzada debido al “bloqueo”? ¿O se refiere a las de la sociedad civil
en que la presión de Estados Unidos ayude a los cubanos a recuperar
derechos humanos elementales de los que hemos sido privados?

Muchos consideran que no son los Estados Unidos quienes deben exigir
derechos humanos para los cubanos y coincido. Pero no es al gobierno
norteamericano a quien se debe decir esto, sino al nuestro, que en vez
de discutir esos derechos con los cubanos que los demandan, ha preferido
hacerlo con una potencia extranjera.

Martínez Heredia dice, casi al final de su artículo, que en la medida en
que la mayoría de la población participe en la política cada vez más
activamente, ella misma producirá iniciativas y generará fórmulas que
desbaraten la pretensión norteamericana. ¿Incluirá en esa población a
los disidentes, que también forman parte del pueblo de Cuba, y no son
tan minoritarios como se intenta aparentar?

Source: Sobre lo que no es histórico | Diario de Cuba –
http://www.diariodecuba.com/cuba/1440333406_16491.html

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