Los campos de concentración de Castro
We run various sites in defense of human rights and need support to pay for more powerful servers. Thank you.

Por qué no puedo tener una Mach 3?

¿Por qué no puedo tener una Mach 3?
Tengo un amigo que siente un desprecio enorme por las barbas
jueves, diciembre 17, 2015 | Jorge Ángel Pérez

LA HABANA, Cuba -Tengo un amigo que siente un desprecio enorme por las
barbas. Le parece aterradora la sombrita oscura que lo acompaña en la
luz de cada día y se empeña en hacerla desaparecer temprano. Cada
jornada lo mismo; antes del café, antes de poner el primer cigarrillo
entre sus dedos largos y de junturas tan notables, entra al baño y se
planta delante del espejo. Cada mañana dedica una mueca de desprecio a
esa imagen que le devuelve el azogue… Es prolijo en el enjabonado que
precede al desplazamiento de la maquinilla, el que lo libra de cada uno
de esos “cañoncitos” que salieron en la noche.

Jamás conocí a alguien tan meticuloso para conseguir el rasurado. Adora
cantar mientras se afeita. Desde hace un tiempecito escoge cada vez la
misma pieza: “Rise like a Phoenix”. Esa es la melodía que prefiere, la
entona una y otra vez, hasta que hace desaparecer cualquier vestigio. Es
rarísimo que distinga esa canción que ha hecho tan popular Conchita
Wurst, de quien no soporta su barba. “¡Es una paradoja que un rostro
bello se muestre poblado de tantos vellos!”. Así se explica.

Esta mañana ocurrió algo diferente; abandonó la melodía y chillo
altísimo. ¡Maldito país! Así gritó y yo toqué a la puerta, exigí que
abriera y él mostró su cara “tinta en sangre”. Porque me asusté, porque
quise ayudarlo, conseguí su furia. “Precision plus, precision plus, esta
porquería es la culpable… ¡País de mierda!”, así gritaba descompuesto y
mostrando la maquinilla, poniéndola delante de mis ojos en evidente desafío.

Su agitación, su descontento, me advirtieron de la importancia que para
su vida, para sus necesidades e intereses, tenía el afeitado con
cuchillas buenas. Era evidente la afección que le provocó la sangre. La
cuchilla, y la sangre, amenazaron su armonía, lo llevaron a injuriar a
su país, y al gobierno. “¿Dime por qué no puedo tener una Mach 3? ¿Por
qué no puedo comprarme una crema de afeitar?”.

Intentando desahogarse, habló de la estrechez de su bolsillo, de lo que
trabajaba cada día sin que pudiera pagar unas cuchillas que no le
provocaran daño, y hasta contó sus peripecias para hacerse de una, de
los ahorros que nunca eran suficientes… Esos filos parecían cambiar el
rumbo de su vida. Mi amigo culpó al país, al gobierno, por el pésimo
afeitado, por la sangre derramada. Hasta lloró.

Creí exagerada tanta angustia y pensé en los viejos que viven en la
calle pasando hambre, en los muertos en el mar que soñaron conseguir
otra geografía. Suponía excesivo comparar su sangradito con el
sufrimiento de quienes estuvieron recluidos en las UMAP y con la
angustia de los migrantes varados en la frontera que divide a Costa Rica
de Nicaragua.

Sus heriditas y la sangre significaban para él lo mismo que para los
franceses del siglo dieciocho la escapada de los reyes a Varennes o el
asunto del collar de Maria Antonieta. Hasta creí que aquellas heridas
tan menudas lo habrían llevado a La Bastilla, al Palacio de Invierno. Y
él lo confirmó. Ese instante que transcurrió entre la quietud y la
sangre, era esencial en su vida, en ese momento le nació la fe, la de
tener unas hojas de afeitar que no dañaran su piel, y creyó que podría
hacer cualquier cosa para conseguirlas. Eso era para él la totalidad de
lo real, como para otros podía ser un hijo preso o la eucaristía de la
vida. Que sangrara su cara porque no pudiera comprarse otras cuchillas,
era tan grave para mi amigo cómo fueron para otros las vacaciones del
hijo de Fidel en Turquía. Lo vi llorar, y también noté lo curioso de los
significados que tiene, en nuestro idioma, la palabra nimio, esa que
usan muchos para indicar que algo es insignificante o de poca
importancia, pero que en sus inicios simbolizó, y todavía lo hace, lo
excesivo, lo que más incumbe. Y eso, tengo la certeza, de que mi amigo
lo sabe muy bien, como también debe conocer, porque es lector de Goethe,
que la sangre es un fluido muy especial.

Source: ¿Por qué no puedo tener una Mach 3? | Cubanet –
www.cubanet.org/actualidad-destacados/por-que-no-puedo-tener-una-mach-3/

Tags:

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *