Los campos de concentración de Castro
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Perdón para el castrismo? Nunca

¿Perdón para el castrismo? Nunca
Dividieron nuestras familias. Anularon nuestros sueños en nombre de la
revolución, la patria y el socialismo
lunes, enero 11, 2016 | Luis Cino Álvarez

LA HABANA, Cuba.- Soy un resentido. Tengo que admitir que al menos en
eso, han estado en lo cierto los oficiales de la Seguridad del Estado
que me lo han reprochado en múltiples interrogatorios, más o menos
amenazantes, en los últimos casi 20 años.

Estoy lleno de resentimiento contra esa abominación calamitosa que
todavía algunos llaman “la revolución”. ¿Cómo no había de estarlo?
Tendría que ser masoquista o emular con la Madre Teresa de Calcuta para
amar a los ejecutores del sistema que me ha triturado la vida desde que
tengo uso de razón.

Tendría que ser muy hipócrita para decir que estoy dispuesto a
reconciliarme y a perdonar a los que nunca, ni por asomo, tan soberbios
como son, han pedido perdón.

No soy un tipo de odios ni revanchismos, pero los dobleces y la
hipocresía no van conmigo, así que déjenme con el resentimiento, que en
dosis razonables, como lo administro, no va a hacer más daño del que ya
ha hecho, sino todo lo contrario: me ayuda a tenerme en pie, a no darme
por vencido.

No puedo perdonar a los que se creyeron infalibles, con el monopolio de
la patria, dueños de las llaves del paraíso, con derecho a decretar la
felicidad colectiva obligatoria, al precio de convertirnos en piezas de
un engranaje, sin libertades ni esperanza, uncidos al carro de una
historia equivocada.

No puedo evitar el rencor contra los que hicieron que nuestros sueños y
aspiraciones individuales, grandes o sencillas, pero válidas y legítimas
como las que más, fueran indefinidamente aplazadas, anuladas en nombre
de la revolución, la patria y el socialismo, que según nos dijeron, eran
una sola y la misma cosa, a pesar de que nunca rimaron, sabíamos que no
podían rimar.

No puedo estar en paz con los que al son de consignas que
invariablemente daban la muerte como alternativa, dividieron nuestras
familias y pulverizaron nuestros valores, convirtiéndonos en esta chusma
misérrima, cínica y descreída, en perenne marcha por el desierto…

Mi amor al prójimo, para qué negarlo, no alcanza para prodigarlo a los
que me jodieron la existencia, los maestros que con los castigos
indicados por el camarada Makarenko pretendieron forjar el hombre
nuevo, los sargentos del servicio militar obligatorio, los
siquiatras-carceleros, los calaboceros de las unidades policiales, los
chivatos, los que redactaron exhaustivos informes contra mí, los que me
expulsaban de todas partes por problemas ideológicos, los oficiales de
la policía política que me “atienden”, es decir, me vigilan hasta cuando
duermo…

De nada han valido las muchas veces que han tratado de convencerme de
que todo lo malo que pasó no fue culpa de la revolución, no hombre, no,
que va, sino de extremistas, de esos que hablaba Lenin, que decía que
eran oportunistas y no sé cuántas mierdas más. ¡Como si esos no fueran
los tipos idóneos para un sistema como este!

Que no digan más que fueron errores, porque en ellos se nos ha ido la
vida y ya no hay arreglo…

No me resigno a haber sido uno más de los cobayos del laboratorio
castrista. Los daños han sido irreversibles y no se me ocurre que a
estas alturas haya modo alguno de indemnizarnos.

Entonces, solo nos queda la memoria de lo que fue y de lo que no pudo
ser, porque a trancas nos lo impidieron.

Tenía razón el poeta José Mario -uno que sufrió los rigores de las UMAP-
cuando decía que esas explicaciones de que “las cosas no fueron tan
malas como fueron, que se trató de errores de algunos extremistas”, son
peores que el olvido.

Que no cuenten conmigo para el baboseo. Soy de los que no olvida. No
puedo ni quiero. Por eso soy un resentido. Y a mucha honra.

luicino2012@gmail.com

Source: ¿Perdón para el castrismo? Nunca | Cubanet –
www.cubanet.org/destacados/no-hay-perdon-para-el-castrismo/

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