Los campos de concentración de Castro
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Miramar también le escribe a Obama

Miramar también le escribe a Obama
Los vecinos de uno de los barrios más elegantes de La Habana le han
hecho una petición al presidente de EEUU
sábado, marzo 19, 2016 | Jorge Ángel Pérez

LA HABANA, Cuba.- Acabo de leer una carta publicada en el sitio digital
Cubadebate y escrita por los vecinos de Miramar, dirigida al presidente
de los Estados Unidos de Norteamérica. Desconozco si también la echaron
en algún buzón de correos de la barriada para que hiciera el viaje a la
Casa Blanca antes de que Obama llegue a Cuba, o si la concibieron,
únicamente, con los deseos de que apareciera en ese sitio. El caso es
que yo la leí…, de la lectura de Obama no tengo noticias…

La misiva está fechada en La Habana el 8 de marzo y fue publicada el día
15 del mismo mes, una semana después de su redacción. La epístola no
tiene firmas, al menos no aparecen en el sitio. Los subscritores son los
vecinos que viven cerca de la parroquia de Santa Rita y del, como ellos
mismos advierten, parque Mahatma Ghandi, ambos en Miramar. El título
dice que es de los vecinos de Miramar, todos al parecer firmaron esa
carta en cuya redacción no quiero meterme porque perdería mucho tiempo
haciendo advertencias a los redactores, aunque recomiendo a quienes
editan que repasen un poquito los textos que reciben y publican. Mucho
más si van dirigidos al presidente de algún país.

Estos vecinos hacen visibles las molestias que les provoca el paso de
las Damas de Blanco cada domingo por aquellos términos. Refieren que
estas mujeres interrumpen el ocio dominguero a los vecinos. Se quejan de
la obscenidad de sus frases, de los disturbios y de las desagradables
escenas que provocan, también consideran su falta de ética, y le piden
al presidente Obama que, “en la medida de sus posibilidades, influya
para que esas mujeres dejen de molestarlos los domingos”. Confieso que
nunca estuve frente a una marcha de ellas pero conozco algunos detalles
por referencias, y también escuché comentarios que aseguran que la
policía, algunos vecinos, y otras personas, las reprimen.

No visito con frecuencia ese elegantísimo barrio habanero, pero sí miré
hace unos días a una mujer, toda vestida de blanco, que desde los
portales del “Tencen” de Monte manifestaba su desacuerdo, en voz muy
alta, con montones de cosas de la vida cubana. También miré a la
multitud que la rodeaba; algunos hacían silencio ¿cómplice?, mientras
otros la aplaudían. Lo que no conseguí fue ver a alguien que la
enfrentara, que le gritara improperios, pero sí a una señora que no se
cansaba de alabar la valentía de aquella mujer, y también a toda la
multitud expectante que se disolvió tras la llegada de un camión lleno
de policías uniformados y con bastones en mano que al parecer pretendían
hacer callar a la señora. No pasó nada. Alguno de los curiosos consiguió
persuadirla, y ella se marchó…

Desconozco si aquella mujer era una Dama de Blanco, ya sabemos que el
hábito no hace al monje, pero lo que miré lo vi. Es cierto que era
altísima su voz, casi rotunda, pero no escuché ninguna palabra obscena,
su discurso no era soez. La mujer hacía reclamos, muchos, que no creí
ofensivos. Reclamos como los suyos hicieron las mujeres cubanas en
cualquier época. Muchas fueron reprimidas, como creí que podría pasar
con aquella que miré en los portales del “Tencen” de la calle Monte.
Creo que las mujeres, vestidas con el color que prefieran, tienen todo
el derecho a manifestarse y también a ser atendidas. Si entendemos eso
seremos mucho mejores. De lo contrario…

Lo que me resulta más curioso de todo ese reclamo epistolar, es que los
firmantes, que por cierto nunca supe si eran dos o tres o veinticinco o
quince mil, pasan cada día de sus vidas en la barriada de Miramar. ¿Y
qué es Miramar? Sin dudas uno de los barrios más elegantes de la ciudad,
lleno de casas bellísimas y de impresionante arquitectura; con enormes
portales y salones, con muchos cuartos y cada uno con su baño, y como
colofón: patios enormes con piscinas. Todas en medio de un paisaje
edificante. Cualquiera que viva en Miramar tiene la posibilidad de
sentarse en las tardes, después del trabajo, y también los domingos, en
sus múltiples y espaciosas plazas sin que sean molestados por borrachos
o delincuentes, como sucede en otros parajes habaneros. Hasta tienen la
gracia de poder contemplar una amplísima y bella avenida, la Quinta, que
se construyó pensando en una que lleva el mismo nombre en Nueva York.
Las personas de Miramar tienen un quieto andar y soportan el verano con
telas vaporosas, con aires acondicionados…

En Miramar estaban muchas de las grandes fortunas habaneras antes de
1959, como antes estuvieron en el Cerro o en el Vedado. En Miramar
resultará muy difícil encontrar una casa apuntalada o un edificio
derruido. En aquel espacio será casi imposible que encontremos
pordioseros y mendicantes. Quien pase por allí notará que son pocos los
vecinos que desandan sus calles y también que muchos de sus habitantes
tienen autos y trabajos significativos. Miramar, como bien sabemos es
una “zona congelada”. Para residir allí habrá que arrodillarse mucho
frente a la imagen de Santa Rita de Casia, tener mucho dinero o estar
muy conectado con el poder.

Muchos, quizá la mayoría, de los dueños de casas en aquella zona se
marcharon de Cuba desde 1959, pero esas casas que quedaron vacías no
fueron pobladas por obreros. Por eso me resulta tan curiosa esa carta
que enviaron los vecinos de Miramar al presidente Obama. Es bueno hacer
notar que la misiva no salió del Barrio de Jesús María ni de Los
Pocitos. Sus firmantes no viven en Belén, ni en Cayo Hueso, ni en
Carraguao, ni en Ataré, ni en la Jata de Guanabacoa o en el Canal del
Cerro… En esta recua de barrios marginales habaneros su gente no tiene
mucho tiempo para hacer cartas a Obama, y sus mejores empeños se centran
en la supervivencia. En esos barrios la población se preocupa por
sobrevivir en medio del hacinamiento, y los olores que perciben no son
ni siquiera parecidos a los que usted puede descubrir, cuando inhala, en
Miramar. En aquellos pobres barrios no se dice lo mismo que en un
Miramar en el que evidentemente se habla, pero también se hace muchísimo
silencio.

Habría que pensar en todas las cosas que callaron esos vecinos de
Miramar. Me pregunto, aunque me llamen obseso, en qué lugar estaban
ellos en esos días de vacaciones que tuvo Antonio Castro en aquellas
lindas y carísimas playas de Turquía. Me pregunto qué habrán hecho esos
vecinos cuando la nación cubana se enteró de la creación de las UMAP.
¿Acaso escribieron a alguien para contar de la tiradera de huevos a la
“escoria” que se fue a vivir al país de Obama por el puerto del Mariel?
Ellos debieron encargarse muy bien de recibir a los gusanos que
volvieron convertidos en mariposas.

No tengo noticias de cartas escritas por los vecinos de Miramar donde
exijan el esclarecimiento de algunos asesinatos, y mucho menos de la
violencia que sufren cientos de mujeres cubanas. Nunca leí una línea de
esos vecinos que llamara la atención sobre las pésimas condiciones en
las que viven miles de habaneros, cubanos de cualquier parte. Los
vecinos de Miramar han estado muy ocupados cuando se derrumba un
edificio, cuando alguien muere atrapado entre los escombros. ¿Qué dirán
cuando la “empleada de servicio” cuenta de un derrumbe y de sus muertos?
“Si no lo dice el Granma eso debe ser un cuento”.

Me pregunto si ya se enteraron en Miramar, que los matanceros, los
villaclareños y todos los de más allá son ilegales en La Habana, que son
devueltos a sus sitios de origen sin que le den otra razón que no sea
“aquí no puedes estar” ni siquiera porque esta sea la capital de todos…
En Miramar no debe comentarse nada de eso, ellos no conocen a los
pordioseros ni a los mendigos…

Sin dudas esta carta prueba que hay una comunión de ideas y pensamientos
entre los vecinos de esa lujosa vecindad; y es de esa similitud, de esa
aproximación, que sale el pensamiento de los firmantes. Esa carta,
curiosamente, germinó en un elegante barrio habanero, desde donde
también se ejerce el poder, lo mismo el económico que el político, y
donde cualquier cosa que afee su paisaje será denunciada con encomio.
Supongo que no se enteraron de que esas cartas no se escriben en Jesús
María, en el Canal, en la Jata, en los Pocitos, en… Sería buenísimo que
quienes la redactaron lo entendieran claramente, porque la practicidad
de esas ideas, de esos convencimientos, quizá sea útil únicamente en
Miramar, y quizá un poquitín más al oeste. Ya Aristóteles nos advirtió
hace mucho tiempo en su Retórica que el conocimiento de un lugar, de ese
famoso topoi, nos facilita la comprensión del discurso. Sin dudas en
Miramar suceden cosas increíbles, como estas. Y no digo más.., ¿Para
qué? ¡Si hasta Aristóteles lo dijo mucho antes que yo…!

Source: Miramar también le escribe a Obama | Cubanet –
www.cubanet.org/destacados/miramar-tambien-le-escribe-a-obama/

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