Los campos de concentración de Castro
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Ciudadanos, pero solo con derecho a consumir

Ciudadanos, pero solo con derecho a consumir
YUSIMÍ RODRÍGUEZ LÓPEZ | La Habana | 21 de Julio de 2016 – 09:48 CEST.

Los ciudadanos cubanos nos acostumbramos a que determinados derechos
transiten por un período de ilegalidad antes que el Gobierno considere
despenalizarlos. O más bien, antes de hallarse obligado a hacerlo. Así
sucedió con la compra-venta de casas, de automóviles y con la tenencia
de divisas. En 1994 conocí a un hombre a quien confiscaron unos dólares
y cumplió prisión, meses antes de legalizarse esta moneda, casi
imprescindible para sobrevivir en los años 90.

Si hablamos de actividades ilegalizadas en Cuba, no pueden quedar fuera
del saco las fiestas gays, junto al arte del transformismo y el travestismo.

Clandestinaje

De la misma forma que los ciudadanos no esperaban la anuencia del
Gobierno para comprar o vender casas, automóviles o portar divisas, los
homosexuales cubanos tampoco se permitieron la espera de un permiso para
reunirse, tener sus propios espacios y sus formas de entretenimiento.

Kiriam (Jesús Irmino), travesti famoso desde los años 90, ubica las
primeras grandes reuniones gays alrededor de 1988 u 1989 cuando “diez,
12, 15, o 20 amigos hacían reservaciones para los campismos populares”.

“Después empezaron a reunirse en casas particulares. Se corría la bola
de dónde iba a ser, y se reunían 40 o 50 personas, no más. Y por
supuesto, en combinación con los vecinos, que muchas veces decían que
era una ‘fiesta de perchero’, pues si había diez homosexuales reunidos
se pensaba lo peor, orgías y esas cosas. No se les veía como personas
que necesitaban divertirse, compartir”.

Maridalia (Manolo Proenza), otro de los transformistas más prestigiosos
y con casi 25 años de su vida dedicados a este arte, cuenta que “el
simple hecho de que un hombre tuviera polvos en la cara, bastaba para
que lo metieran preso”. Afirma que las fiestas gays no se permitían. “La
policía llegaba y decomisaba todo. Hacíamos las fiestas en patios de
casas que no tenían muchas cosas al lado… hasta que alguien daba el
chivatazo y venía la policía”.

A principios de la década del 90, cuando apenas empezaron a autorizarse
negocios privados, el peluquero y estilista del grupo Anacaona, Rogelio
Conde, abrió su paladar y empezó a hacer shows de media hora con tres
transformistas. Afirma haber sido el primero en hacer estos
espectáculos: “Me fue tan bien, que aumentó la clientela en la paladar y
de los espectáculos. Tuve que construir arriba de mi casa un salón, y en
vez de tres transformistas ya eran cinco o seis. El espectáculo empezó a
durar más de una hora”.

El Bar de las Estrellas, como era conocida la casa de Rogelio Conde
—Alfredo Zayas #18 e/ Iznaga y Santa Eulalia, Santo Suárez—, se hizo
famoso muy pronto y allí compartieron escenario con los transformistas
artistas como las Anacaona y Los Van Van.

Otras casas particulares también se harían famosas por las fiestas y los
shows, como las de Manila, la Güinera, la casa de Lupe en 1ra y 14, la
Finca en Monte Barreto y el Periquitón, en las cercanías del Instituto
Técnico Militar (ITM). Esta última fue célebre, entre otras cosas,
porque el famoso director de cine español Pedro Almodóvar fue detenido
allí durante una redada de la policía. Este episodio ocurrió en 1997,
pero en el filme Vestido de novia los hechos aparecen condensados.

Kiriam desmiente esta leyenda urbana que ha circulado por años en
nuestro país: “No se llevaron a Almodóvar, sino al diseñador Jean-Paul
Gautier. Detrás del carro de Almodóvar salí yo. Él andaba con el hijo
del cónsul de España, que era gay. Cuando salió el carro con las dos
banderitas fue que se tiró el operativo”.

Agrega Kiriam que desde 1995 los gays ya se reunían en el club Karachi.
Era permitido, o más bien “los administradores se hacían los locos; pero
lo del Periquitón era una fiesta y eso todavía era muy ilegal. Además
era la súperfiesta, había casi mil personas, guardias de seguridad, dos
barras, espectáculos de transformismo”.

Sin embargo, Maridalia cuenta que también actuó en fiestas para
trabajadores de fábricas y empresas —propiedad estatal, naturalmente—
donde se hacía alguna fiesta: “Íbamos a actuar y nos daban una jaba o
nos pagaban; en aquel tiempo se cobraba muy poco”.

Otra de las alternativas era sacar un permiso para hacer una fiesta por
el cumpleaños de alguien. Si llegaba la policía, la persona enseñaba el
carné y demostraba que se trataba de una fiesta de cumpleaños. Pero los
transformistas tenían que esconderse, era ilegal vestirse de mujer.

¿Alianza para el progreso?

A finales de 2004, cuando comenzaba a asistir a reuniones de mujeres
lesbianas y bisexuales en el Centro Nacional de Educación Sexual
(CENESEX) —mucho antes de pensar que seríamos un grupo ni que este se
llamaría Oremis—, uno de los principales reclamos nuestro era la
creación de lugares de encuentro para nosotras.

Durante la inauguración del festival “Poesía sin Fin”, a finales del año
2011, conocí a Navid Fernández Cabrera, organizador de fiestas gays en
La Habana. Navid quería hacer un bar-cafetería donde pudieran ir los
gays y las lesbianas “sobre los 30 años o más, a conversar, conocerse,
oír música y a conectarse a internet por la izquierda”.

Tras años de clandestinidad y resistencia, el transformismo comenzaría a
legalizarse. Muchos transformistas fueron evaluados como artistas y hoy
están inscritos en empresas artísticas, a las que acceden a través de
proyectos donde forman parte. El transformismo llegaría hasta teatros
como el Karl Marx y el Astral, y se extendería a los negocios privados.

Luis, dueño de Havana Fashion Bar, en la calle Kessel del reparto Víbora
Park, cuenta que la primera licencia para abrir un restaurante —después
de estar congeladas por años— la recibió justamente él en noviembre del
año 2010. Además, gestionó otra “para organizar espectáculos, fiestas
quinceañeras, y cumpleaños”.

Allí se realizaban actividades del CENESEX durante la Jornada contra la
Homofobia, charlas de prevención de salud y espectáculos de
transformismo. La relación entre Havana Fashion Bar y el CENESEX era
estrecha, y este supervisaba el bar casi mensualmente. La anfitriona en
estos espectáculos era Ángela Nefer (Juan Felipe), transformista y
también trabajador del Centro.

Cuenta Luis que tuvieron que cerrar “porque cuando empezó la furia de la
compraventa de casas, la gente empezó a comprar casas en lugares
céntricos y abrir negocios similares al nuestro. Decidimos vender el
local para comprar una casa en un sitio céntrico, cercano también al
turismo internacional”.

Pero no fue solo en establecimientos privados que empezaron a
visibilizarse los transformistas. También en centros estatales como los
cabaret Las Vegas, Amanecer, Café Amor (Karabalí), Café Cantante Mi
Habana, el Tikoa, y el centro recreativo Echevarría. Maridalia considera
que el transformismo ayudó a levantar estos centros nocturnos “que
estaban en el piso, pues tenían shows que la gente no iba a ver”. Así
empieza una suerte de “alianza para el progreso”.

Cuando en 2012 Navid fue entrevistado por DIARIO DE CUBA, afirmaba que
los porteros de locales estatales donde se realizaban fiestas gays,
decían a los heterosexuales que llegaban: “Esto es para maricones y
tortilleras”, y no les permitían acceder al lugar. Casi cuatro años
después, en los sitios estatales que pude visitar, aunque no he
escuchado nada por el estilo, sí he visto gestos despectivos en algunos
camareros.

Se podría suponer, de manera prejuiciosa, que todos los dueños de
establecimientos privados donde se realizan shows de transformismo y
fiestas gays, o donde acude este público, son homosexuales. Pero varios
de los dueños con quienes pude conversar son heterosexuales. Ante todo,
son personas que intentan sacar sus negocios adelante y para ello
necesitan un público dispuesto a gastar dinero. Y para eso no importa la
orientación sexual del público que asiste.

No puede etiquetarse a todos estos centros nocturnos como gays, o
destinados solo al público gay. El bar La Esencia —B e/ Línea y Calzada,
Vedado—, administrado por un exmilitar llamado Alejandro, dedica la
noche del lunes a la diversidad y el show es de transformistas, lo que
atrae a mucho público gay, pero también “en algunas ocasiones a un
público mayoritariamente heterosexual”, afirma.

Uno de los dueños del King Bar dice que “este no es un bar gay”, ni
dirigido al público gay, ni hay shows de transformismo. “Vienen muchos
gays; no son la mayoría, pero vienen y se les atiende como a cualquier
tipo de público. Es un sitio para todo el que quiera venir”. Sin
embargo, la percepción del público es otra. Cuando averiguaba sobre
centros nocturnos gays, el King Bar fue uno de los que me mencionaron
con la afirmación de que “ese es sobre todo para hombres”.

Por otra parte, existe el Bar Mixto —Jovellar e/ Oquendo y Marina,
Centro Habana— que se anuncia como bar gay mixto. En La Figura —ubicado
en 64 y 45, Playa y propiedad de Raúl Diago, el expasador estrella del
equipo masculino de voleibol— funciona el proyecto Reverse que es 100%
para mujeres, aunque no se excluye a los hombres ni se les cobra más
cara la entrada que es de dos CUC. Las mesas se reservan por teléfono y
cuestan cinco CUC.

En establecimientos estatales, como Las Vegas y Karabalí, existen
proyectos —Olimpo, Bravísimo, Divino— dedicados a realizar labor de
promoción de salud y prevención de ITS y VIH Sida, dentro de un
espectáculo que incluye transformistas, bailarines, modelos y artistas
invitados. El cover en estos cabarets y sitios de fiestas varía. En Las
Vegas, por ejemplo, el cover es de tres CUC. En el Karabalí es de un
CUC, pero las mesas con mejor vista al show cuestan otros cinco CUC.

Sin embargo, Rogelio Conde aclara que hoy día tampoco son legales los
shows de transformistas: “Aquí no se da ningún tipo de licencia para
eso; la gente lo hace. Puedes tener licencia para organizar
espectáculos, pero no es permiso para hacer shows de transformistas, ni
de otro tipo de manera privada. En los establecimientos estatales es
otra cosa”.

Cuando los transformistas actúan en algún sitio privado el contrato es
verbal con el dueño. En cambio, en los establecimientos estatales el
dinero es para el local, y a los artistas se supone que les paga la
empresa a la que pertenecen.

Las historias de Norbel

El único proyecto dirigido a mujeres lesbianas y bisexuales es Reverse,
recién aprobado legalmente por el CENESEX a principios de este año. Su
director general es Norbel, quien nos cuenta su experiencia al comenzar
a trabajar para el Centro.

“Como los gays son más del 80% de los infectados en el país y en el
mundo, nos dieron la tarea de hacer promoción de salud sexual en las
discotecas: repartir condones, lubricantes, plegables… Al principio
trabajamos en cualquier tipo de discoteca, pero sobre todo en lugares
previstos para este tipo de público como Las Vegas y el Amanecer. Pero
nada más se hacía para hombres gays y bisexuales, y yo pensé en hacerlo
para mujeres. El espectáculo es el mismo, lo que varía es el público”.

En Bar Gay Mixto la entrada es gratuita tanto para hombres como para
mujeres. Allí Norbel sufraga los gastos del espectáculo, paga a los
artistas de su bolsillo y no obtiene ganancia alguna: “Damos la
posibilidad de que las mujeres con poco poder adquisitivo vayan de
manera gratuita”.

Pero en La Figura el cover sí es para el proyecto dirigido por Norbel:
“Aquí el público es un poco más fino y con más poder adquisitivo. A
veces me da para sufragar los gastos, a veces, no; pero me ayuda a
compensar un poco las pérdidas. Mi negocio no son las fiestas, sino la
mensajería sms. Gano 20 CUC con la mensajería, gasto 15 en las fiestas,
y sigo ganando cinco. De lo contrario no podría mantener las fiestas, y
menos de manera gratuita”.

Si antes era necesario llamarse, correr la bola de dónde iba a ser la
fiesta, ahora todo es más rápido y eficiente. La primera vez que fui al
Mixto, di mi número de celular a las muchachas que trabajan con Norbel
en Reverse. Ellas están ahí justo para copiar los nuevos contactos. Todo
lo que usted necesita para estar actualizado sobre las fiestas gays es
un celular.

Los dueños de los establecimientos ganan con la venta de bebidas,
saladitos, etc. Y los lugares se llenan. “Es un público muy consumidor”,
afirma Norbel quien dice tener 100.000 números entre mujeres lesbianas y
bisexuales, y otros tantos de hombres gays o bisexuales. “Y eso solo en
La Habana; con esa mensajería todos los lugares se llenan, y como mi
negocio es la mensajería me cuesta a mí un poco menos”.

Reverse además invitó a Calle de atrás, un grupo de mujeres
transformistas de Santa Clara —no hay transformistas mujeres en La
Habana— para actuar en La Figura: “Les pagamos transporte, hospedaje,
alimentación y su trabajo”.

Norbel afirma ser el único en Cuba que ha querido y ha podido “sufragar
los gastos de una fiesta; no quiero generalizar pero casi todo el mundo
trata de ganar algo con las fiestas”.

“Estuve trabajando en Las Vegas con el proyecto de mujeres lesbianas o
bisexuales los domingos, pero me cambiaron para los miércoles porque no
les daba negocio. Las mujeres en general tienen menos poder adquisitivo
que los hombres, y ellas salen casi siempre los fines de semana. Los
miércoles entraban menos mujeres y como a ellos no les daba negocio, me
dijeron que me fuera. Es contradictorio, Las Vegas es un lugar estatal,
y si lo previeron para ese tipo de público, no deben perseguir una
ganancia económica. Lo que deben perseguir es que las mujeres lesbianas,
que son minoría, tengan un lugar para conocerse, compartir, socializar,
y que se aproveche el lugar para hacer promoción de salud, que es el
objetivo”.

Al escuchar a los transformistas, a Norbel y a otras personas con
quienes he conversado, hablar repetidamente de “promoción de salud,
prevención”, pienso en lo importante de esta labor. Pero me pregunto si
el público gay ha sido visto, en primera instancia, como susceptible de
contraer enfermedades de transmisión sexual, y solo después como público
con necesidades y derecho a reunirse, lo que lo ha etiquetado como
“público muy consumidor”. O si el trabajo de promoción de salud fue la
única vía, el pretexto, para que se insertaran dentro los
establecimientos estatales espectáculos dirigidos fundamentalmente a
este público.

Todo lo que usted necesita es…

Algunas fiestas gays, fuera de las zonas más céntricas, son El Colmado,
en Centro Habana, El Mirador de las Estrellas, en Santos Suárez, y la
Fiesta de Palacio, en la Víbora. Otro lugar donde se hace show de
travestis, aunque no es un sitio gay, es El Gallo Dorado, en Mantilla.

Pero aunque existen todas estas fiestas, el Malecón, desde la Fuente de
la Juventud hasta el Hola Ola, sigue siendo el sitio de reunión por
excelencia para homosexuales.

Aunque en las otras provincias del país hay más homofobia y prejuicios
que en La Habana, me han mencionado una fiesta gay “fabulosa” en
Matanzas. También durante años ha existido El Mejunje, en Santa Clara,
que no es precisamente un sitio de reunión gay, pero para los gays ha
funcionado así.

Ahora que actualmente existen tantos espacios y opciones para que
lesbianas, gays, bisexuales, transexuales e intersexuales se reúnan y
hagan vida social, todo lo que se necesita es… dinero. Mi amigo
Alexandro considera estos lugares más o menos asequibles: “Una vez al
mes puedes gastarte tres o cuatro CUC para pagar la entrada y uno o dos
refrescos”.

No obstante las buenas intenciones de Norbel —”damos la posibilidad de
que las mujeres con poco poder adquisitivo accedan de manera gratuita”—,
la realidad demuestra que existe un límite para aquellos que tienen
“poco poder adquisitivo”. El domingo 17 de enero asistimos al Bar Mixto
atraídos por la promoción que anunciaba en el show al transformista
Maridalia. Llegamos antes de medianoche, un horario en que el local
estaba bastante lleno.

Para ocupar alguna de las mesas tendríamos que haber llegado mucho antes
y además consumir una botella de ron. Nos quedamos de pie en espera del
show e intentábamos tomar algunas fotos. Se acercó un guardia de
seguridad muy serio, enfundado en traje negro, y nos hizo salir con una
seña que no admitía réplica. Pensamos que no podíamos tomar fotos, pero
ese no era el problema: “Esto es un lugar particular; para estar aquí
tienen que consumir”. Tras este suceso, Alexandro no planea regresar más
allí.

A Nelson Álvarez, coordinador del proyecto AfroMás le parecen bien estos
lugares, “pero si no tienes dinero, estás fuera; ¿quiénes tienen dinero
para ir a esos lugares, pagarse tragos?, y si miras a tu alrededor, te
darás cuenta de que casi todo el mundo es blanco, hay muy pocos negros,
¿por qué? porque no tienen dinero o porque creen que no encajan en esos
lugares”.

Aunque es cierto que la mayoría de la gente que vi en estos lugares era
blanca, el número de personas negras no era tan reducido como podría
deducirse de la afirmación de Nelson, sobre todo en el Bar Mixto. No
estaban de pie, consumiendo la reglamentaria bebida para que no les
recordaran que “este es un lugar particular”, sino sentados a las mesas,
consumiendo normalmente.

Otro activista gay analiza el fenómeno: “Se ha abierto el consumo y se
puede interpretar como derecho, pero es solo el derecho a consumir. Si
tienes dinero, participas. Se desideologiza la situación nacional y se
sustituye por la mercantilización. Se toman medidas elitistas. El
problema es que hay una idea de que los gays y las lesbianas tienen
dinero para gastar”.

Esta idea parece sustentada, no solo por el hecho de que estos lugares
se llenen y que este público demuestre ser “muy consumidor”. Este
público, además, es generoso en las propinas a los artistas del show:
transformistas, bailarines, modelos, cantantes. He visto personas
—hombres principalmente, aunque las mujeres también contribuyen, sobre
todo en La Figura— que se levantan de sus asientos hasta cuatro veces,
para colocarle una propina a un transformista. De hecho, esta propina, y
no el pago establecido, es el principal ingreso de los artistas.

Maridalia explica que algunos cubanos “llevan siete u ocho CUC para
pagar la entrada, tomarse un par de cervecitas y poder levantarse dos
veces a colocarle una propina a un transformista, un bailarín, un
modelo. Hay extranjeros que ponen diez, 20, 50 CUC… a mí me pusieron 100
CUC una vez”.

Un activista del CENESEX considera que lo que sucede en estos centros
nocturnos, aunque es muy bueno que existan, “invisibiliza a la mayoría
de los gays y las lesbianas que no tienen el acceso económico, o
geográfico también, porque viven en la periferia, lejos de estos
lugares. Tampoco se puede juzgar lo que ocurre en el país por lo que
ocurre en La Habana”.

Este activista me habla también del proyecto El Motivito, cuyo objetivo
es justamente crear una alternativa y una comunidad gay que, piensa,
“aún no existe en Cuba”. El Motivito hace fiestas en las que no hay que
pagar entrada y se consume lo que cada cual puede llevar “como esos
motivitos que hacía la gente antes”. Puede ser refrescos, rositas de
maíz, ron… cualquier cosa. Pero también se busca que la diversión tenga
un componente de análisis; se incluye una pequeña charla, se presentan
proyectos. “Y además la gente baila, conversa, se divierte”.

¿Somos felices aquí?

Paradójicamente, en Cuba la represión y violación de derechos de la
comunidad LGBTI y la lucha por su reivindicación y el respeto a sus
derechos, tienen el mismo apellido.

Si Fidel Castro, fue el autor intelectual de las UMAP (Unidades
Militares de Ayuda a la Producción) y de la institucionalización de la
homofobia en nuestro país, su sobrina Mariela Castro, directora del
CENESEX, es vista por la mayoría de los gays y las lesbianas como “la
persona que nos ha defendido […] la abanderada de la lucha de los gays”.

Incluso las personas heterosexuales educadas en los principios de la
“moral socialista”, con la convicción de que la homosexualidad era, en
el mejor de los casos, una enfermedad, la ven como “la defensora de las
tortilleras y los maricones […] la que les dio la libertad”.

Otras personas consideran que el trabajo de la directora del CENESEX
está dirigido a dar una imagen favorable del Gobierno a los ojos del
mundo, en materia de derechos de la comunidad LGBTI en Cuba. Nelson
Álvarez opina que a nivel internacional esta comunidad está cobrando
mucha fuerza y Cuba se había quedado muy atrás, y recibía críticas.
Aunque aplaude lo que ha hecho la Dra. Castro, afirma que esa labor
respondió en gran medida a las presiones internacionales y que falta
mucho por hacer.

En general, las personas afirman que el asedio policial ha desaparecido;
excepto para quienes se encuentran en zonas proclives a la prostitución,
que no figura como delito en nuestro código penal.

Pero…

¿Tenemos los mismos derechos que las personas heterosexuales, en nuestro
propio país?

Alexandro cuenta que cuando ha ido a la policía a presentar alguna
queja, lo han mirado con desprecio evidente y no han hecho caso de su
reclamo. “¿A quién se dirige uno cuando pasa algo así, quién te protege?
Queda muchísima homofobia”.

Es evidente que la comunidad gay cubana, o al menos una parte de ella,
ha adquirido derechos. ¿Importantes? Sin lugar a dudas. Durante años, la
comunidad gay buscaba sus propias formas de reunirse, socializar,
divertirse. Ahora, puede hacer todo eso de forma legal, en lugares
públicos. Todo lo que necesita es consumir. Y el consumo es importante
para que una economía avance.

Pero sobre todo, puede hacer que las personas se olviden de otros
derechos fundamentales; no solo aquellos que aún son negados a los
homosexuales cubanos —y que eventualmente podrían sernos reconocidos,
como el de contraer matrimonio y adoptar hijos—, sino aquellos que son
negados a todos los ciudadanos cubanos, sin importar la orientación sexual.

Source: Ciudadanos, pero solo con derecho a consumir | Diario de Cuba –
www.diariodecuba.com/cuba/1469087339_23989.html

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