Los campos de concentración de Castro
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La humillación castrista a Estados Unidos

La humillación castrista a Estados Unidos
RAFAEL AZCUY GONZÁLEZ, Miami | 02/03/2017

Nunca un gobierno extranjero humilló tanto a los dirigentes
estadounidenses como el régimen de los hermanos Castro. ¡Qué paciencia
tan grande demostraron tener ante tanta subversión y chantaje,
incluyendo la expropiación o robo de propiedades a sus propios ciudadanos!

Tampoco los vecinos del Norte dieron una respuesta contundente ante el
desafío castrista que supuso cientos y miles de fusilamientos
perpetrados por Fidel y Raúl Castro y el Che, primero en la sierra y,
más adelante, con el triunfo de la Revolución de 1959. A partir de ese
mismo año comenzó un éxodo permanente de cubanos que ha llegado hasta
nuestros días, dejando un saldo terrible de víctimas en el mar y un
elevado costo a los contribuyentes del país vecino en ayudas de
emergencia y en el patrullaje y resguardo de las costas.

Con su teoría subversiva de exportar la revolución, de “crear dos,
tres… muchos Vietnam” por todo el mundo, muy pocos países escaparon de
la mira revolucionaria, ya fueran dictaduras militares o verdaderas
democracias. Cuba se convirtió en una base de adoctrinamiento comunista
y de entrenamiento militar con dinero cubano y soviético, donde
desfilaron todos los que brillaban y valían para la causa: el movimiento
guerrillero ocupó las montañas de muchas naciones, desestabilizando
diferentes regiones por todo el mundo, incluida la lejana África.

Fuentes estadounidenses de la época aseguraban que algunos de esos
movimientos podían llegar a tener éxito. En su libro Después de Fidel,
Brian Latell, ex alto funcionario de la CIA y gran experto en Cuba,
afirmó lo siguiente al respecto: “[…] Durante la mayor parte de los
años sesenta y de nuevo después en los ochenta, el temor de que llegaran
al poder grupos revolucionarios castristas fue una de las mayores
preocupaciones de los políticos estadounidenses”. El propio autor
también señala que, salvo la Unión Soviética, no había un tema de
inteligencia que preocupara tanto a Washington. Castro fue una obsesión
del Gobierno de Kennedy luego de fracasar Girón en 1961 y varios
intentos frustrados de liquidar a ambos hermanos por parte de la CIA.

Nikita Jruschov y Fidel Castro colocaron al mundo al borde de la guerra
nuclear, convirtiendo a la Isla en una enorme base soviética, en la que
casi llegan a instalarse ojivas nucleares, verdadera amenaza para
Estados Unidos. Documentos desclasificados de la CIA demuestran que
Castro planeaba toda una serie de actos terroristas en territorio
continental norteamericano en caso de que fuera atacada la Isla.
Finalmente, a pesar de las presiones de Fidel Castro sobre el líder
soviético para que efectuase un golpe nuclear preventivo contra EE UU,
se llegó a un acuerdo entre las dos potencias. Moscú retiró sus cohetes
a cambio de un compromiso de Washington de no invadir Cuba. El régimen
pudo así mantenerse en el poder desde entonces.

Los hermanos Castro se involucraron también en el negocio de las drogas
para financiar sus actividades y minar por dentro a la sociedad
estadounidense. Sorprendidos con las manos en la masa por las
autoridades estadounidenses, no dudaron en sacrificar a varios de sus
más cercanos colaboradores para no tener que asumir su propia
responsabilidad en el tráfico.

No escapó tampoco a la acción hostil y audaz de los Castro el trabajo de
inteligencia cubano en los propios Estados Unidos, posicionando agentes
encubiertos por todo el país. Apoyados por los soviéticos, instalaron
una base de espionaje de colosales dimensiones, dirigida hacia el Norte,
en Lourdes, cerca de la capital.

Los hermanos supieron revertir todas las crisis económicas y políticas
de su dictadura valiéndose de los éxodos masivos que les posibilitaron
enviar cientos de miles de descontentos al vecino del norte, sin tener
que pagar un solo centavo por los gastos que ocasionaban estas
desestabilizadoras oleadas al país vecino. En casos como el del éxodo
del Mariel les permitió además desembarazarse de la llamada escoria de
sus infrahumanas prisiones. Por entonces no hubo decisión de la
administración Carter de enmendar tamaño chantaje y las cárceles
norteamericanas y los contribuyentes cargaron con los reos de los
Castro. Solo George W. Bush supo parar en seco los intentos castristas
de seguir con sus éxodos, al advertirles en 2003 que nuevas huidas
masivas organizadas por éstos serían consideradas como actos de
confrontación hacia Estados Unidos.

La lista de crímenes de lesa humanidad es larga: los fusilamientos tras
juicios sumarísimos o sin éstos, los campos de concentración en el
Escambray, el hundimiento del remolcador 13 de marzo, la matanza del
Canímar, el derribo de avionetas de Hermanos al Rescate por aviones de
combate, los campos de trabajos forzados de la UMAP (Unidad Militar de
Ayuda a la Producción), los cientos de miles de presos políticos y la
Primavera Negra, los cientos de asesinados en las cárceles, la muerte
impune de Oswaldo Payá, la represión cobarde a los disidentes pacíficos
y a mujeres. Ninguno de esos crímenes ha tenido nunca la respuesta
contundente de la democracia más grande del mundo, que solo se ha
limitado a tomar medidas económicas sin tener en cuenta el grave daño
ocasionado a la estabilidad de la región y a los propios Estados Unidos,
así como al sufrido pueblo cubano.

Al ahora jubilado Barack Obama los hermanos no le correspondieron ni con
una sola medida democrática en sus ingenuos intentos de restablecer las
relaciones diplomáticas: solo quedó su brillante discurso en La Habana y
sufrir la tamaña grosería de no ser recibido en el aeropuerto.

Source: La humillación castrista a Estados Unidos –
www.14ymedio.com/blogs/cajon_de_sastre/Estados_Unidos-Cuba-humillacion-Despues_de_Fidel-Raul_Castro-Fidel_Castro-Che-Africa-crimnes-hermanos_al_rescaste_7_2173652614.html

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